En el corazón de Andalucía, donde el paisaje se ondula en colinas salpicadas de plata y verde, hay una finca que no solo produce aceite, sino que custodia un legado. Finca La Torre, con 14 años de trayectoria y un palmarés abrumador de premios, ha decidido que su misión va más allá de la elaboración. Se han erigido en Guardianes de la Excelencia, un lema que es mucho más que un eslogan y que ahora estampa en su nueva imagen. Es una declaración de principios frente al mundo.
Y este año, la naturaleza les ha recompensado con la materia prima perfecta para cumplir con su guardia.
Víctor Pérez, el ingeniero agrónomo alma mater de este proyecto, con una sonrisa que delata la expectación de la campaña: “Los olivos lucen este año más generosos que nunca”, comenta, mientras observamos la intensa actividad en el campo. “Encarnamos la campaña con las expectativas más altas de los últimos años”.
La razón de este optimismo tiene cifras concretas: estiman recolectar 600 toneladas de aceitunas de excelente calidad, que se traducirán en unas 80 toneladas de AOVE. Pero los números solo cuentan una parte de la historia. La otra la escribe el clima. La primavera inusualmente lluviosa en la provincia de Málaga ha sido un regalo.
“El hecho de contar con agua suficiente da lugar a que la planta vaya cumpliendo cada etapa de su ciclo vital con mucha más calma”, explica Víctor. “Este año los olivos no han tenido el estrés hídrico de otras campañas. Cuantos más frutos tiene el árbol, más tarda en madurar y más sosegado es este último paso”.
Este ritmo pausado ha dado como resultado un fruto sano, de tamaño óptimo y con una ausencia total de enfermedades. Una ventaja crucial frente a otras zonas productoras de España que no tuvieron la misma suerte. La recolección, que comenzó en octubre y se prolongará hasta mediados de noviembre, se inició más tarde de lo habitual, precisamente por esta maduración tardía y beneficiosa.
La esencia de cuatro variedades en una cosecha récord
Caminar por los olivares de Finca La Torre es asistir a una lección de diversidad. De las 600 toneladas que se esperan, 350 corresponden a la reina de la casa: la hojiblanca. Muchas de estas aceitunas proceden de olivos centenarios, testigos mudos de la historia de la finca. Le siguen en volumen 200 toneladas de arbequina, una variedad que aporta un perfil frutado y dulce. Completan la cosecha 35 toneladas de cornicabra y 15 de picudo, esta última conocida por sus intensísimos aromas.
Cada una de estas variedades es tratada con un mimo exquisito, casi de orfebre, para extraerle todo su potencial. El proceso es clave y aquí no se deja nada al azar. Comienza con una recolección temprana y sigue con una extracción en frío inmediata.
El secreto, comenta Víctor, está en la sincronización. “Recogemos exactamente la cantidad que nuestra almazara puede molturar en el día. Así el fruto no espera, no se estresa, y mantenemos intactas todas sus propiedades”.
El resultado no es solo un aceite de calidad insuperable, sino un AOVE que es pura salud, cargado de antioxidantes como la vitamina E y los polifenoles.

Guardianes de un legado: más que una nueva imagen
La excelencia no es algo que se consiga por accidente. Es una decisión consciente, día a día. Por eso, Finca La Torre ha decidido dar un paso al frente en su comunicación con un nuevo claim: ‘Guardianes de la Excelencia’ (o ‘Guardians of Excellence’ para el mercado internacional). No es un simple cambio de logo o de colores. Es una evolución que refleja su filosofía de vida.
Con esta renovación, la finca vuelve a la esencia. “Queremos poner en primer plano lo esencial”, reflexiona Víctor. “Custodiar la excelencia y garantizar que cada gota de nuestro aceite evoque la grandeza del olivar andaluz”. Esta idea se materializa también en el rediseño de sus icónicas botellas.
Ahora lucen una imagen más limpia y sobria, donde el auténtico protagonista es el líquido dorado en su interior. Una botella que no grita, sino que susurra la pureza y la calidad de lo que contiene.
Se reivindican, en definitiva, como custodios de la pureza, la sostenibilidad y la excelencia. Defienden el AOVE como un patrimonio cultural y gastronómico de Andalucía que merece ser protegido y proyectado al mundo.
Donde la historia y la innovación se dan la mano
La conexión de Finca La Torre con el “oro líquido” es milenaria. No es una metáfora. En las inmediaciones de la finca se encontraron restos de la época romana, cuando estos primeros agricultores replantaron la zona de olivos e instalaron el primer molino de piedra. Hacia el año 1260, se construyó la torre vigía que da nombre a la finca y que aún hoy vigila, imponente, desde una de sus colinas.
Esta herencia se fusiona con un enfoque moderno y profundamente respetuoso. Víctor Pérez llegó en 2011 con una obsesión: elaborar el mejor aceite de oliva virgen extra del mundo y, algo aún más difícil, mantener el mismo perfil organoléptico en todas sus botellas, campaña tras campaña. Un desafío técnico mayúsculo.
Para lograrlo, apostó por un modelo de producción ecológico y biodinámico. Esto significa que no se usan productos químicos y se interviene lo mínimo posible, respetando los ritmos naturales de la tierra y las energías que la recorren. Es una agricultura que escucha al olivar. “Es una filosofía de trabajo por pasión y convicción”, asegura. Es esta dedicación la que le ha valido a la firma un impresionante palmarés, incluyendo seis premios Alimentos de España, el último de ellos con la cosecha que ahora mismo está en plena recolección.

Mirando al futuro, con la raíz bien agarrada a la tierra
Mientras termina la jornada de recolección, el ambiente en Finca La Torre es de trabajo concentrado y satisfacción tranquila. Quedan unos 50 días por delante de trabajo intenso, hasta aproximadamente la segunda semana de noviembre. Cada día cuenta, cada aceituna importa.
Al final, lo que se embotellará no es solo el zumo de una aceituna excepcional. Es el resultado de una primavera lluviosa, de un suelo cuidado con métodos biodinámicos, de una recolección temprana y precisa, y de una filosofía inquebrantable. Es el fruto de unos guardianes que velan por que el legado del olivar andaluz, con toda su cultura y su sabor, llegue intacto a nuestras mesas.
Hablar con Víctor Pérez y verle trabajar es entender que en Finca La Torre el AOVE no es un producto, es una pasión que se riega con conocimiento, paciencia y un profundo respeto por la tierra. Y esta cosecha récord es, simplemente, la prueba de que ese camino, aunque exigente, es el correcto.

