Diario de un NO nacionalista

Artur Mas o como internacionalizar el ridículo

un nacionalismo victimista, de grandes adhesiones públicas al Régimen, de manifestaciones populares y de cadenas (humanas) que secuestran la democracia, estas y no otras son las credenciales con las que Artur Mas se otorga la potestad de dirigirse a los líderes europeos.

Artur Mas anda empeñado en aparecer en los libros de historia, pero en contra de lo que él cree, no será recordado como ese Líder que condujo a Ítaca al “pueblo” catalán, muy probablemente formará parte de alguna nota a pie de página de algún artículo que tratará los últimos coletazos del populismo nacionalista que azotó a Europa en los comienzos del siglo XXI.

Porque el “Proceso” nacionalista catalán (digo expresamente nacionalista catalán para no caer en la trampa lingüística de hacer pasar por la totalidad de los catalanes lo que solo reivindica una parte de ellos) es esencialmente populismo disfrazado de reivindicación democrática, dicho populismo tiene un fuerte arraigo entre parte de la ciudadanía catalana porque su esquema responde a algo muy básico en la estructura mental del ser humano.

Básicamente, han construido un relato nosotros-ellos, para nosotros todo, para ellos nada, una demonizada alteridad necesaria (pero no suficiente) para justificar un discurso egoísta impropio de la realidad democrática, un nacionalismo victimista, de grandes adhesiones públicas al Régimen, de manifestaciones populares y de cadenas (humanas) que secuestran la democracia, estas y no otras son las credenciales con las que Artur Mas se otorga la potestad de dirigirse a los líderes europeos.

“… Artur Mas hace un flaco favor a los catalanes y al resto de españoles con su empeño de internacionalizar un conflicto que solo existe en la mente de algunos…”

Imagino la cara de estupefacción de Angela Merkel cuando lea la misiva del presidente del Generalitat (los alemanes están más que vacunados ante nacionalismos de base cultural y/o racial), una carta que aduce “mayorías sociales” que quieren ejercer su “derecho a decidir” (obviando que la Generalitat ya actúa como si hubiese ganado el sí en un hipotético referéndum), argumentos sustentados en encuestas de opinión y en la cadena humana que unió a más de un millón y medio de personas el pasado 11 de septiembre

Es decir, el máximo representante de los ciudadanos de Cataluña se erige ante Europa como el adalid de la democracia aclamativa y mediática, argumenta los derechos en base a los actos de masas y la opinión pública (la editorial de hoy de La Vanguardia reclama la democracia de la democracia de la ley y la opinión pública…¿o la publicada?), cree que puede engañar a los dirigentes europeos –tal y como hace con los catalanes – parapetándose en sus propias patrañas populistas, con mayorías artificial y mediáticamente construidas o con cocinados y contradictorios estudios de opinión al servicio de la Causa.

Artur Mas hace un flaco favor a los catalanes y al resto de españoles con su empeño de internacionalizar un conflicto que solo existe en la mente de algunos, está destruyendo a pasos agigantados la buena imagen de una Cataluña (más bien una Barcelona) cosmopolita, moderna y abierta al mundo, los europeos estarán sorprendidos ante un discurso tan extemporáneo y retrógrado como el que esgrime la carta del President.

“… la crisis económica ha sido el mejor caldo de cultivo con el que hacer crecer el soberanismo y la recuperación económica es la mejor vacuna política con la que combatir el virus independentista…”

No solo eso, no solo estamos perdiendo algo tan etéreo y de consecuencias a medio/largo plazo como es el “poder blando”, están jugando con una incipiente y frágil recuperación económica, cualquier atisbo de inestabilidad política e inseguridad jurídica (¿qué mayor inseguridad que jugarse la pertenencia a la Unión Europea?) frenará el desarrollo económico de Cataluña y del resto de España.

Pero ¿es casual esta “ofensiva internacionalizadora”?, ¿acaso no han calculado los riesgos económicos que ello supone?, esta aceleración del “Proceso” responde a una realidad: la crisis económica ha sido el mejor caldo de cultivo con el que hacer crecer el soberanismo y la recuperación económica es la mejor vacuna política con la que combatir el virus independentista, hay que reconocer que los ingenieros sociales y la densa red mediática tejida por el nacionalismo ha sabido vehicular el descontento social y la desafección política de cientos de miles de ciudadanos desencantados.

Si contemplamos este endiablado y democráticamente emponzoñado desafío nacionalista desde un punto de vista conflicto negocial, como un juego estratégico, vemos cómo el factor tiempo juega en contra de los postulados independentistas, por ello, cualquier tipo de ralentización en la mejora económica supone más tiempo para alcanzar el objetivo y, por el contrario, cualquier atisbo de progreso económico aleja la posibilidad de un escenario rupturista.

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