Revolución en el arte y 7. Vanguardia sí, pero nuestra

Por José María Arévalo

(Cuadrilla de toreros. Óleo de Eduardo García Benito, en la reciente exposición de la Sala Municipal del Museo de la Pasión, Valladolid. 45×37)(*)

Recogemos ya el final del discurso de García Benito en su recepción pública como académico de número, en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, de Valladolid, que tituló “La revolución en el arte, el arte en la revolución”, y que se ha publicado en el catálogo de la exposición “Eduardo García Benito en las colecciones privadas de Valladolid” que ha podido verse estos días en la Sala Municipal del Museo de la Pasión.

Creo tienen enorme interés, como todo el discurso, estas últimas observaciones que hace García Benito sobre la pintura española en aquel momento, teniendo en cuenta que el discurso lo pronuncia el 14 de Junio de 1962. No ha cambiado mucho el panorama desde entonces, así que la alarma que incluye sigue vigente.

“Debería terminar aquí, pero ahora me doy cuenta que no he hablado aún de la pintura española actual. No he hablado de ella porque en realidad ésta no existe. Fuera de algunos pintores como Solana, desaparecido, y Vázquez Díaz, que no podemos considerar como de la nueva generación, los pintores españoles que cuentan hoy, hacen lo que se hace en París.

Además en España no hay mercado, no hay comprador. El arte está considerado como algo inútil, aunque indispensable para el prestigio nacional. Que los artistas se las arreglen como puedan. Y claro, se van al extranjero. No solamente en España, sino en ninguna parte existe ahora un arte nacional. Todos los pintores, sea donde sea, excepto en Méjico y Rusia, copian o se inspiran de la Escuela de París. París es la Meca. Las revistas y publicaciones ilustradas son los únicos maestros. Se hace lo que publican esas revistas. París es el único mercado, y lo que se vende allí hoy (gracias al museo Gugenheim) es arte abstracto. El arte abstracto es “heimatlos”, sin nacionalidad.

En esas condiciones el arte nacional ha desaparecido. El arte y la política han ido siempre juntos. Durante toda la Edad Media y hasta el Renacimiento, la pintura fue exclusivamente religiosa. El protestantismo, retorno a la ley de Moisés, acabó con la pintura religiosa. Franz Hals y Vermeer no pintan ya crucifIxiones. En Francia, David, a través de sus romanos, pinta la Revolución. Después vienen los períodos reaccionarios, napoleónicos y de la Restauración, Gerard, lngres, Manet, Monet, Renoir, son auténticos pintores burgueses, representantes de esa burguesía rica, que en Francia había remplazado a la aristocracia decadente y arruinada. La disolución de la sociedad influye en el arte. El horror de las dos guerras totales y la revolución que ha seguido a éstas, acabará por destruir el equilibrio de nuestra civilización.

Ya nadie cree en nada. Vivimos en pleno existencialismo. El arte es plasticidad de la filosofía. Vivimos en plena época revolucionaria. En una revolución que toma todas las formas y todos los matices y que no acaba nunca. Estábamos quizá viviendo en moldes caducos de los que era indispensable salir. Demasiadas convenciones y prejuicios tenían que desaparecer. Pero hay un límite a la destrucción. En medio de esta revolución social en que vivimos, en la que todo lo anterior, clases, jerarquías, organismos seculares, doctrinas políticas, religión, arte, filosofía, tiende a desaparecer, es indispensable que alguien trate de salvar del desastre ciertos valores esenciales.

Hoy, en arte, tiene más prestigio innovar que conservar. Yo creo que las dos cosas son indispensables. Lo que no se transforma, muere. Pero no hay que confundir innovación y destrucción. La primera conduce al progreso, la segunda al caos. Es ese caos el que nosotros desearíamos evitar. La revolución va demasiado deprisa. Es necesaria una pausa. El tiempo necesario de volver a lo humano.

El arte debe ser comunicable y representativo. En todas las manifestaciones del espíritu lo que más interesa al hombre es él mismo. Cuando lo humano desaparece del arte, éste ya no es arte. Para luchar contra ese estado de cosas, que está destruyendo la verdadera expresión artística, la verdadera independencia nacional del arte, no vemos otro medio que la organización de la profesión de artista dentro del cuadro de la nación. Si queremos resistir a la revolución internacional, hay que hacer nosotros mismos nuestra propia revolución. Hay que integrar al artista en la sociedad de manera que el arte vuelva a su fin de estabilizador social. Vanguardia sí, pero nuestra. La anarquía, el individualismo, no es progreso. El arte ha llegado ya a la negación de sí mismo. A la nada. El arte debe volver a ser lo que era. El más alto ornamento de una civilización. Muchas gracias. He terminado.”

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm4.static.flickr.com/3204/5848707563_ba27355567_z.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído