El siglo dorado de la pintura portuguesa

Por José María Arévalo

( Adoración de los Magos. Obra de Gregório Lopes y Jorge Leal, en la actual exposición del Museo Nacional de San Gregorio, Valladolid)(*)

Me ha sorprendido la explicación, en la muestra “Primitivos. El siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550”, de cómo se perdieron muchas de las pinturas de los primitivos portugueses con la llegada de la moda de los retablos con elementos escultóricos, que llevaron al desmontaje de los anteriores con escenas pintadas. Como no hay mal que por bien no venga, los lienzos de algunos de aquellos retablos desmontados, la mejor pintura del siglo de oro portugués, una centuria adelantado al español, se han conservado separados, y así podemos ahora disfrutar de esta maravillosa colección, hasta el 2 de octubre, en el Palacio de Villena, traída del Museo de Arte Antiga de Lisboa, donde se expuso a finales del año pasado.

Al igual que en estas tierras castellanas los Reyes Católicos, los monarcas portugueses se habían traído a algunos de los mejores maestros flamencos, que formaron a los que se han llamado pintores primitivos tanto españoles como portugueses, algunos de ellos de nombre desconocido y que se han denominado con el apelativo de “maestro de” y la villa donde trabajaron o que conserva sus obras. De algunos otros sabemos más, como de Fernando Gallego, del que disfrutamos el “Cielo de Salamanca” en las Escuelas Menores de su Universidad, y que por estas tierras nuestras dejó muy importante escuela; y sabemos también cómo a Juan de Flandes le sigue el Maestro de Astorga, y a éste el Maestro de Zamora. Y al Maestro de San Ildefonso el Maestro de Ávila, etc., etc. Siempre me maravilló el realismo de los rostros de la Virgen y de las demás mujeres que pintaban nuestros primitivos castellanos, rostros tan de esta tierra. Y me ha encantado verlo también en los primitivos portugueses. Es una de las notas en que se distancian de los maestros flamencos, con que podemos identificar el estilo propio que les caracteriza. Comentaba con mis hijos, con los que he visitado esta magnífica exposición, que estos detalles históricos son los que realmente nos ilustran, más que la identificación del santo martirizado u otra de las mil curiosidades a las que suelen dedicarse las guías. Los textos de la exposición son, en este sentido, verdaderamente acertados.

Especialmente interesante nos pareció la evolución que nos exponen de los primitivos portugueses con la llegada de la influencia renacentista, especialmente en los motivos, y el considerable abigarramiento que muestran las obras de la última de las salas. Me recordaba, y así se lo comenté a mis hijos, la completísima exposición de la obra de Pedro Berruguete que nos ofreció hace unos años Paredes de Nava, su tierra, en la que a la simplicidad de sus pinturas italianas, le sigue un cada vez más complejo y detallado dibujo y ornamento, en parte motivado por la necesidad de incluir mucho oro, señal de distinción, en las representaciones que le encargaban, hasta el punto de que se valoraba en el contrato la cantidad que debía aportarse. También las teorías de Arnold Hauser, que ya hemos comentado en varios artículos, sobre la evolución del arte, en sucesivos ciclos, desde la simplicidad y esquematicidad hacia la mayor –barroca diríamos- complicación, para concluir el ciclo en un proceso de conceptualización o abstracción.

Esta exposición del brillante ciclo creativo portugués, es, desde luego, única. Son tablas que apenas abandonan su sede por razones de conservación. “Estamos –se ha dicho-, casi con toda seguridad, ante una de las exposiciones portuguesas más sobresalientes de los últimos 20 años».

En el magnífico marco del Palacio de Villena, extensión de nuestro Museo Nacional de Escultura, 48 lienzos de los primitivos portugueses nos esperan. Empieza la primera sala por Fray Carlos y el Maestro de Lourinha, artistas flamencos asentados en el reinado de Manuel I. Con la ‘internacionalización’ de Portugal había llegado la luz de los maestros flamencos, fruto de la relación comercial con Amberes y Brujas. Con el cambio de siglo y de rey (Manuel I desde 1495) la llamada corriente luso-flamenca abre la quietud anterior al gusto por el paisaje y la entrada del color y la naturaleza.

Nuno Gonçalves es el exponente e iniciador del brillante ciclo creativo luso. Es algo así como un ‘Velázquez’ prematuro, un pintor de cámara en la corte del rey Alfonso V. «Son obras monumentales, pero de gran contención para resaltar la dignidad de lo humano», explican Caetano y Seagra, los comisarios portugueses de la exposición.

Nuno Gonçalves tendría continuidad con pintores de la primera mitad del siglo XVI, representados con obras diversas, como Graô Vasco, Francisco Henriques, Jorge Alfonso (pintor real y actor esencial en los cambios de óptica e impronta artística de la época en Portugal, hasta el punto de que la llamada Escuela lusa del XVI es todo lo que gira a su alrededor), o Cristovao de Figueredo.

Cierran la exposición, en la séptima y última sala, la serie de óleos referentes a la obra de Gregório Lopes, dominador del lenguaje renacentista con pinturas cargadas de referencias clásicas en la ornamentación y la arquitectura.

El Museo de San Gregorio ha programado, en torno a esta exposición, una serie de actividades complementarias, música, teatro y conferencias, entre otras, a lo largo de los meses de este verano, a las que creo vale la pena estar atentos.

Feliz iniciativa esta de darnos a conocer el siglo de oro portugués.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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