Labores de Ayer. Primavera para el recuerdo

Por Carlos de Bustamante

(Canal de Castilla cerca de La Victoria. Acuarela de J. M. Arévalo. 26×38) (*)

“Sólo el buen Dios es testigo…”. El labrador que sembró buen trigo, a veces se debate en la casi desesperanza. Le sucede cuando ve en primavera el sembrado de cereal, cubierto del bello y maléfico contraste de millares de amapolas rojas como la grana y otros tantos de “amarillas” (gévenas-colza) donde sólo sembró trigo Candeal. Con el herbicida selectivo, se vio obligado a no ser puramente ecológico. Se lo he dicho el algún artículo anterior. Con los demás cultivos, sucedió “tres cuartos de lo mismo”. Especialmente “ese” año…:“vinon” forasteros de Santander con una propuesta tentadora: establecer Nestlé una fábrica en la propia Dehesa para vender a España y también exportar achicoria soluble. Conocidas las propiedades desde antiguo, tras una propaganda fácil, el éxito era seguro.

Don José estimó cuarenta hectáreas extensión suficiente para abastecer la fábrica. Las sembró en los terrenos más arenosos donde se da superior esta raíz y mal otros cultivos. Con semilla “pildorada” y la nueva máquina sembradora de precisión adquirida para ellas, nacieron… como los pelos de la cabeza. También las yerbas. Atolondrado don José. Cuando se enteró de que no había herbicida selectivo para las achicorias, las cuarenta hectáreas eran un inmenso pastizal … para el ganado. “Matahombres y matamujeres” si hubiera tantos en el pueblo y “en derredores” para escardar “tantísmo” perdido.

Recurrió a un “périto” amigo representante de herbicidas. En pequeños campos de ensayo dentro de la gran extensión nacida de achicorias y hierbas que las asfixiaban, echaron de todos y cada uno de los herbicidas existentes en el mercado. No les exagero si les digo que don José -el amo- empleó tantos productos diferentes como diferentes eran cada una de las no menos de cincuenta parcelitas de ensayo. Todos los días inspeccionaba los efectos de cada herbicida en ellas; y cada día se llevaba similar decepción: de modo similar bien perecían yerbas y achicorias, o el efecto en ambas era nulo. Y los de Nestlé insistían. A don José se le nublaba la vista cuando miraba la totalidad de las hectáreas, con las diminutas plantas de achicoria nacidas; pero como un prado, toda la extensión sembrada estaba cubierta de cuantas variedades de puñeteras yerbas hay en la flora castellana del valle del Duero. Y les aseguro que son infinitas.

-¡La madre que las parió!, decía una y otra vez el cachicán Santiago “el Sábanas”, perdida la vista en aquel “prado”.

El amo callaba. Pensaba sólo en cómo cumplir la palabra dada y, visto el fracaso de los campos de ensayo, le atormentaba de dónde sacar cuartos y personal para la cuadrilla más numerosa que se viera nunca por estos pagos. En la frescura de la casilla del motor, amo y cachicán hablaron con el pesimismo en los rostros que se las prometieron muy felices. La “Casilla del vapor”, porque con anterioridad usó carbón para mover el artilugio descomunal fundido en los talleres Miguel de Prado en Valladolid, fue testigo de las palabras que “tiraron” ambos.

-Digo “ó” don José que pa quitar tanto forraje de las p… achicorias, mejor sería que las “cariaran” las “uvejas”, dijo el Sábanas al dictado de su experiencia.

-¿Y la sembradora de precisión, que me costó un riñón la tiramos al estercolero?;¿y el compromiso con los de Santander…?, respondió el amo compungido.

Con expresión que al Sábanas no le pasó inadvertida, el amo se dirigió con grandes zancadas al caserío. Entró en la panera y rebuscó con ansiedad entre los sacos vacíos allí apilados. Encontró lo que buscaba: la etiqueta cosida en un saco de semilla de alfalfa en la que “rezaba”: Totana (Murcia).

Y don José desapareció del caserío.

-¡Si cuando lo decía “ó”…! exclamaba una y otra vez el Sábanas ahora solitario.

-Que el amo “sabrá mu bien de letras”, pero “quisió” si con los “cachejos del yerbicida” y el contrato “con los del chocolate, velay que trastorne”…; que no “luhay”-termina- como el “candial” y las patatas de “reñón de “to la vida”…

Regresó don José.

-¡Vamos…!, le dijo a escape al cachicán. Llevaba un paquete de “yerbicida» en el que rezaba: “Kerb-50, selectivo para alfalfa y otros cultivos de raíz.

Con un fumigador individual a la espalda y la envuelta del producto dentro, el propio amo esparció el herbicida en una parcela doble por lo menos que las de ensayo. Sentados en la linde del cacho, ambos soñaban con ver las pequeñas plantas de achicoria en solitario y el forraje en derredor tumbado y seco en pleitesía a los aún débiles cotiledones.

Anochecía…

-Digo don José –dijo el Sábanas- que mejor volver mañana ¿no? Y pesimista, añadió: “anque quisió”. Que no va a ser el yerbicida éste… como “demontres” se llame como “la purga Benito”. Pesimista uno, soñador el otro, caminaron a paso lento hacia casa, no sin volver la vista atrás repetidas veces.

Al amanecer, el señor Santiago “el Sábanas” se santiguaba en medio de la nueva parcela de ensayo. Llegó el amo:

-¿¡Queeé…?!, preguntó extrañado del fervor repentino del cachicán.

-¿Hemos tenido suerte?, insistió don José con ansiedad.

-Hemos tenido… ¡¡la Divina Providencia!!, nuevamente se santiguó el cachicán.

El forraje todo languidecía; y las achicorias en ciernes lucían el verdor de la fortaleza a la distancia marcada por la sembradora. Recortadas las figuras por el sol recién nacido, amo y cachicán se fundieron en un apretado abrazo en el cacho de la Matilla. Al ocaso del mismo sol asombrado, el hijo del señor Demetrio –Pepe-, terminó de fumigar con su tractor la totalidad del cacho con el bombo de brazos largos y boquillas que vomitaron chorros finísimos del milagro del Kerb-50.

La noticia corrió como la pólvora por Traspinedo y pueblos aledaños donde la achicoria era uno de los principales productos de cultivo. Como no hizo sino comenzar la aventura, en otra Estación y si Dios es servido, espero continuar el relato hasta su desenlace.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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