Por Carlos de Bustamante

(La caza del venado. Tabla de Frans Snyders en el Museo del Prado, pintura.aut.org. 58 x 112)(*)
En el banco exterior de la cabaña de Ignacio, hubo reunión extraordinaria: durante toda una semana se reunió el Gran Consejo en las raposeras, para debatir asuntos de la mayor importancia. Presidió, como de costumbre, Zorro El Viejo. Por más culto, aprendido de los humanos, actuó como secretario Raposo. De forma más solemne de la que correspondía a su edad, leyó pausadamente el orden del día: “Con la venia… En las raposeras de Peñalba y presidido por su Señoría Raposo El Viejo, se reúne en el día de hoy el Gran Consejo, para tratar de los siguiente asuntos.
Punto 1º.- Por discrepancias con el humano Carolus, nuestro amigo, es preciso que el Gran Consejo, presidido por su Señoría, dictamine si es lícito o no para humanos o animales la caza para obtener pieles para adorno o abrigo, con el pretexto o realidad de arte y belleza-
Punto 2º.- Aunque para nada necesitamos de los humanos para vivir en paz, incluso vivimos mejor lejos de ellos, conviene que el Gran Consejo dé su parecer si es o no progreso el escándalo de esos bichos monstruosos con que los propios humanos han expulsado a sus semejantes del campo y, con ellos, la alegría de la que incluso nosotros hemos disfrutado.
Punto 3º .- Por una sola vez y sin que sirva de precedente, se admiten ruegos y preguntas”.
Fueron tantas y tan dispares las controversias sobre ambos temas, que el Gran Consejo estuvo toda la semana deliberando. Llegado el sábado y por unanimidad … de Raposo El Viejo, de su propia voz le llegaron a Carolus las conclusiones.
-El Consejo y yo-dijo, solemne, El Viejo- hemos acordado dictaminar, que no hay culpa alguna en los humanos que, por necesidad, matan animales para utilizar sus pieles como abrigo necesario. Sin embargo-aunque con numerosas abstenciones-no apruebo, ni aprobamos el capricho de lucir prendas confeccionadas con nuestras pieles o la de otros animales. Otra cosa es-continuó- que si cumplen la misión de abrigar, luzcan las mejores galas, propias de las pieles de nuestros compañeros, sean vulpes o no.
El murmullo de los raposines, lo interpretó Zorro El Viejo como ligero desacuerdo.
-¡Ejeem…! , carraspeó. También dictaminó el Consejo sobre la caza y muerte de animales con el pretexto de arte o belleza deportiva. Fue, en realidad, el asunto que, por lo complicado, suscitó mayor debate. Fue preciso requerir el voto de calidad del Presidente del Consejo, dijo al tiempo de rascarse fuerte tras las orejas con una de las patas traseras. Reconocí la sinrazón de lo que son solo eso: pretextos. Pero hube de recordar lo que oí un día a don Ramón durante una Misa en la que me colé en la Iglesia sin ser visto.
-“El que esté libre de pecado-dijo alto y fuerte- que tire la primera piedra de condena”. La expectación era máxima en el auditorio del que hacía las veces la cabaña de Ignacio. Ante la mirada interrogante de todos los presentes, volvió a carraspear y con voz clara prosiguió:
-¿Acaso no cazamos nosotros piezas sin que nos lo pida el hambre satisfecha antes?
-¿No acorralamos perdices o conejos con maniobras que además de eficaces sean muy bellas…? ¿A qué ton entonces reprobar lo que nosotros también hacemos?
-¿Y cuando queremos entrar en un gallinero, (todos me miraron), que no sea el de Carolas -añadió enseguida-, no distrae uno a los perros mientras entran otros…?
-No, no condenamos a los humanos que cacen por afición y arte, siempre que tengan luego verdadero cariño a los animales. Como creo que me puse incluso colorado, un montón de pares de ojos se volvieron hacia mí con signos de aprobación y sonrisa en las bocas de dientes afilados. Carolus cazador, quedó absuelto por el Gran Consejo de mis amigos raposos.
Y con Carolus, quedaron absueltos otros muchos cazadores, toreros, artistas… humanos. Pese a todo, amantes de los animales sin dejar de ser el rey de todos ellos.
Quedaba el 2º punto de la orden del día, cuando Escarcha propuso “dar un tiento” por el páramo donde, aseguró, abundaban las polladas de perdices volanderas, pero aún fácil presa. No hizo falta el permiso de Zorro El Viejo, pues, sin dejar de dar lametones al hocico, tomo el primero el camino de la cárcava que arranca del mismo cerro del páramo. Será pues, y como siempre si Dios es servido, cuando sepamos “del viejo el consejo” de lo que es o no progreso.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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