Por Carlos de Bustamante

(Pueblo castellano. Acuarela de Javier Minguez)(*)
Atardecer luminoso. Los últimos rayos de sol se abrían paso entre la frondosidad de los pinares en la Dehesa de Traspinedo. “Raya” en la linde con los terrenos de labrantío en la de Dehesa. Luces y sombras al mirar a contraluz. Desde la penumbra que forman los chopos alineados junto al canal y sentado “un servidor” en el pretil del puente se recorta a lo lejos la figura hierática del “guañino” Eugenio Carreño. Castellano de altura y fortaleza poco común en estos pagos, avanza a paso lento al tiempo que la guadaña roncha una y otra vez la alfalfa que ha llegado a la madurez. El movimiento de brazos y giro del tronco es rítmico, exacto, preciso. El verdor en los tallos vigorosos se acuesta a un lado de la alfalfa en pie perfectamente alineada.
Es lenta la siega, pero con la ayuda de los guañinos venidos de Tudela, el progreso en la siega es metódico, inexorable. Quedaban pocas “eras” por segar en el cacho de la Encina. Llegué junto a Eugenio.
-¡Buenas tardes nos dé Dios!, se anticipó a mi saludo.
-Digo ó- prosiguió mientras sacaba de la colodra la piedra de afilar- que si el amo no avisa a los guañinos de Tudela se nos “marrota” el alfalfar que “veleahí” ya se estaba “enllenando” de flores. Elegantes-añadió-pero “isquerosas pal ganau”. Asentí.
Cuando terminó de afilar la guadaña con la piedra y la guardó, cuidadoso, otra vez en la colodra, tomó nuevamente la palabra; un respiro de los pocos que se tomaba en la tremenda labor.
-Digo ó,insistió, que si don José habrá pensado que con este cacho más el del Olmo, que ya nació divinamente, “quisió” si encontrará guañinos pa tanta siega… y lo que “vié dispués”…
“Dispués” (2-3 días) “vinon” la cuadrilla de mujeres. Comenzando por lo segado primero, comenzaron a enrollar la alfalfa de cada hilada. Cuando estimaban cantidad suficiente para pinchar con las “garias”, lo dejaban así sobre la tierra. Pronto todo el cacho de la Encina quedó salpicado de pequeños rollos de alfalfa tierna, olorosa; pero no del todo seca. Enseguida-todo eran prisas- “vinon” los carros. Dejaron los regadores el corte en las tornas más largas y vinieron (perdón,”vinon”) todos a cargar los carros. Primero uno; luego otro y otro y otro…
En el caserío, a cada “carruchau” que llegaba le esperaban los obreros (3-4), que, por un ventanuco del almacén por encima de la cuadra, colocaban el forraje necesario para el ganado de pasto en la sequía del verano o en lo más crudo del muy largo “ivierno”. Se conservaba tierno, oloroso, sin perder una sola hoja.
Despejado el cacho de los rollos de alfalfa segada, los regadores inundaban con gran cantidad de agua las eras en el rastrojo. Rapidez en todas las labores, para adelantar el brote siguiente que, con “la calor” en los coletazos de la primavera, venía “a escape”.
Regadores en el Sotillo; regadores en el cacho de la Encina; regadores en el cacho del Olmo; regadores en el último riego del “cerial” en la Matilla, en el Redondal… Regadores en las remolachas en el Ruso; en las achicorias del cacho del Peral; en los “máices” en el cacho Carraprao; en los garbanzos Delante de las Casas; en los “mirasoles” en los dos cachos de los Morales: Grande y Pequeño. Regadores, regadores, regadores… Más el cuadrero, el hortelano, los vaqueros,los pastores… Las cuadrillas de mujeres para escardar; para entresacar remolachas y achicorias; para echar con las medias el arseniato para matar los “sapos” de las patatas; para enrollar la alfalfa que, sin cesar, segaban los guañinos… Muleros para “acarriar”; obreros para sacar basuras de los apriscos; más obreros para, en su momento, “hacer el verano”…(los agosteros que en su día mentaremos).
Don José pasaba un calvario cuando el sábado pagaba los jornales bien ganados con el sudor de todo el personal que trabajaba en la Dehesa. Era preciso tomar determinaciones importantes. O se unía al progreso, o imposible pagar lo que, honradamente, ganaban todos para vivir con arreglo a la modernidad de los tiempos. Dadas las instrucciones al cachicán, “el amo” desapareció por unos días.
Cuando vino, no lo hizo solo. En el cobertizo de los arados, descargaron una herramienta “de los demonios”… Ante el grupo de castellanos absortos en fisgar la máquina, don José aclaró: Segadora frontal de alfalfa para el tractor. De un segundo camión descargaron más “demonios de maquinaria”. Y don José: Empacadora de alfalfa.
Aún preguntaba Vidal “Peduco” si del testaferro tirarían los “pares”, cuando un tercer camión descargó un flamante tractor “Fergussón”.
Y Vidal Peduco:
-Pues digo ó, que “no luhay como la mano del obrero”.
Al señor Santiago el “Sábanas”, siguió de cachicán el señor Julián; y a éste Vidal “Peduco”. Motivos tuvo para repetir la sentencia que “tiró” por las máquinas para la alfalfa. Durante los muchos años que ejerció “divinamente” de cachicán, vio lo que ni en sueños pudo imaginar. Daremos tiempo al tiempo y, si Dios es servido, se asombrarán con él por otros inventos “de los demonios” que don José hubo de adquirir en la Dehesa de Peñalba. La que con los años y el progreso, cada vez era más “Verde”.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm9.staticflickr.com/8155/7415679150_7f67871557_z.jpg