Por Carlos de Bustamante

(Caserío en el Camino Viejo de Simancas. Acuarela de J. M. Arévalo. 36×44) (*)
Apareció una pareja enganchada; luego otra, y muchas más. Don José, el amo, acudió a la capital. Le confirmaron que era una plaga muy extendida por toda España y países de donde era originario el “sapo”. Así se lo comunicó a Santiago “el Sábanas” y demás castellanos, reunidos hasta la hora de ir al corte en el cuarto de los obreros.
-Escarabajo de la patata-dijo-, de la familia de los coleópteros, denominado por los científicos: leptinotarsa decemlineata…
-¡Aaaah… ¡, exclamaron todos al unísono, sin entender absolutamente nada. Procede -continuó, no obstante-, de las Montañas Rocosas o de Colorado y México. “Vinon” a España (ahora le entendían todos) en los costales de harina (sacos) comprados en Alemania. En la actualidad- terminó- una verdadera plaga (peste dijo) extendida por “quisió” los países.
-¡¡Aaaaaaaah…! !, exclamaron todos con expresión aún más fuerte que la vez anterior.
Y ahora Santiaguillo “Cagaris” en solitario:
-Pos digo ó, que ya se los podían haber metido por…
-¡Eaaa, Cagariiis…; un respeto! Que no creo ó que luhayan hecho los de Germany a posta, le cortó el exabrupto Nicolás “el Croner”. Nadie se rió, no, que bien sabían todos que la peste era un trabajo añadido a los muchos que les daba un producto tan necesario como costoso de producir. En silencio, cada cual marchó luego a su corte rumiando más de uno entre dientes: ¡Mmm…ditos sapos…! Y otros: ¡Sapos “isquerosos”… !
-Hasta que el amo nos diga cómo acabar con la peste en el cacho, les dijo el Sábanas a los regadores, aplastar contra el azadón todos los sapos que veáis enganchados y los “buevos” debajo de las hojas que “puson” otros “dispúes” de… No terminó la expresión que entendieron todos divinamente.
Era una locura. A la hora del almuerzo en la frescura bajo la sombra de un avellano junto al canal, cayeron los tres regadores derrengados. Los sapos se multiplicaban con más “dieferencia” que cuantos podían aplastar los regadores.
-¡Que no pué ser y que no pué ser…! Que “asín” los sapos se devoran el patatal, dijo Cagaris al que le escurría el sudor por todo el cuerpo, menudo, “de gurriato”, de tanto machacar sobre el azadón sapos adultos,larvas y “buevos”.
-¡A ver… ¡, Asintieron el Croner y el tío Pichón. Vino don José y vista la plaga sobre el hermoso patatal del Sotillo, marchó a la capital.
Por la tarde, vino una DKW cargada con sacos de papel fuerte que olían a demonios por el insecticida en polvo muy fino que llevaban dentro. Don José encargó al cachicán que se diera un bando en el pueblo, para que de “mañanada” bajaran a Peñalba una cuadrilla numerosa de mujeres. Por lo insólito del bando dado por el alguacil previo toque de trompetilla para llamar la atención transcribo literalmente lo que “el Penicilino” pregonó una y casi cien veces por calles, plazas, y hasta en el último rincón de Traspinedo:
-“¡Mañana, Dios mediante, pueden bajar de mañanada a Peñalba cuantas mujeres quieran. Cobrarán un jornal extra de cincuenta pesetas con la condición de que lleven “una media”. “Anque” mejor-añadió tras un pequeño lapsus- dos!”.
El desconcierto en el pueblo duró poco. “Deseguida” se corrieron las voces del alguacil con la aclaración de que las medias debían de ser de las más viejas usadas los días de fiesta.
Un ejército de mozas y casadas se presentó antes del alba en el caserío con las medias (viejas) en la mano. Bajaron al Sotillo donde recibieron instrucciones del mismísimo amo. De los sacos de papel fuerte una buena porción de insecticida pasó con sumo cuidado a las medias. Luego, abiertas todas en mano- una por cada surco- sacudían con movimiento enérgico las medias “cargadas” y de ellas caía el polvo a las matas. odavía con el rocío de la mañana, el insecticida en polvo quedaba pegado a las hojas. Surgió el accidente.
Antes del almuerzo y cuando llevaban desinsectado medio cacho, la Felipa cayó al suelo; si no desmayada, sí muy mareada por la aspiración del insecticida. No mareados, sino muertos, cayeron a los pocos minutos cuantos sapos y larvas se alimentaron de las hojas envenenadas. Cuando recomenzaron el trabajo. Todas iban con la boca tapada con pañuelos. Caso único en su género, las mujeres trabajaron así mucho y bien, pero silenciosas…
La primera batalla contra los sapos de las patatas fue un éxito en toda regla. Pero la guerra no estaba ganada. “¡Quihacer…!”. Los “buevos” bajo las hojas siguieron intactos y los sapos adultos, tanto se dedicaban “a lo suyo”, que “nian” comían. La coloración-cinco rayas oscuras- sobre sus élitros (alas para volar los muy bandidos) campaba llamativa por sus respetos en todo el patatal. Sueltos (los menos) o “enganchados” por parejas los más (“lo suyo”…). El fondo amarillento bajo los élitros (hasta Cagaris manejaba el nuevo idioma superior) impregnó una y mil veces los azadones de los regadores de tanto aplastar sapos sobre él.
Al poco tiempo, más DKW,s. Mas sacos de insecticida; y más mujeres, ¡con medias en la mano!, de mañanada. Y, claro, más jornales. Mucha producción tendría que dar el patatal a medio verano (recuerden, patatas “trempanas”), para compensar tanto gasto anticipado del producto caro y venenoso y los cuantiosos jornales. Don José tuvo que tomar la determinación que en éste y otros cultivos marcaban de forma inexorable los nuevos tiempos.
Nuevo “bombo” de brazos enormes con boquillas para esparcir el veneno líquido. Y ¡nuevo tractor!
Como también “salió” el herbicida para los patatales, unas veces el bombo esparcía el veneno líquido contra los sapos. Y otras el veneno líquido también y selectivo contra las malas hierbas en el patatal del Sotillo. Tratamiento imprescindible, pero en absoluto ecológico. A poco de finalizar la primavera, puede que le interese conocer o recordar al lector otras labores de Ayer. Las que, si Dios es servido, irán a continuación de ésta. También, aunque de pasada, las novedades que las sustituyeron.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm8.staticflickr.com/7252/7485865722_c59f142cb9_c.jpg