Los lunes, revista de prensa y red

“La verdad del amor humano”, de Juan de Dios Larrú, y “A ver si lo he entendido, señor presidente” de Pérez Reverte

(Viñeta de Montoro en La Razón del pasado día 17)(*)

LA VERDAD DEL AMOR HUMANO

Artículo de Juan de Dios Larrú publicado en La Gaceta el pasado día 15

Hace pocos días, la Conferencia Episcopal española ha presentado el documento titulado La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar, en el que se abordan temas de una enorme trascendencia para nuestra vida social cotidiana. El documento se estructura en dos partes fundamentales. La primera propone los principios fundamentales sobre la persona humana sexuada, el amor conyugal y la familia. Son tres capítulos en los que se explica la original visión de la fe cristiana sobre el amor humano. Esta concepción hunde sus raíces en la caridad divina, origen y fundamento dinámico del amor humano que tiene, por ello, siempre un carácter responsorial.

Dios ha creado y salvado al hombre en Cristo. Él es la plenitud sobreabundante de la Revelación del amor divino. Como Hijo amado del Padre y Esposo de la Iglesia es el Maestro del amor. Donándonos su Espíritu nos revela la profundidad del amor del Padre, y nos invita personalmente a cada uno a acoger el don de la comunión con Él. A partir de este trasfondo teológico, el documento afronta la pregunta ¿qué significa amar a otra persona? En la cuestión del amor humano hay demasiado en juego como para banalizarlo o conformarse con un romanticismo.

La pregunta por la verdad del amor es delicada. Para responderla bien se requiere tiempo y la ayuda de los demás. Es una pregunta práctica, y por ello necesita de la educación al amor. Amar comporta aprender a vivir la vocación al amor inscrita en el lenguaje del cuerpo. Y el cuerpo está marcado por la diferencia sexual. La gramática del amor se puede reconocer en los significados del cuerpo personal. Se abre así un camino en el que el cuerpo nos enseña el valor del tiempo, de la lenta maduración en el amor. Esta vía del amor, pese a la oscuridad del pecado, nos introduce en el misterio de una llamada a la comunión con Dios y con el prójimo. El amor conyugal plenamente humano, total, fiel, exclusivo y fecundo es posible como un camino a recorrer en compañía de Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia. El sacramento del matrimonio es la vía que la Iglesia ofrece. Es un itinerario para que la primera atracción amorosa del hombre y la mujer se transforme progresivamente en caridad conyugal, amor verdadero y duradero, eterno.

La segunda parte del documento no es menos interesante, provocadora y actual. A la luz del anuncio de la verdad del amor humano, los obispos denuncian dos corrientes que diluyen esta verdad hasta distorsionarla gravemente. Ambas tienen en común un profundo dualismo antropológico. Se trata del espiritualismo puritano y la ideología de género. Son como dos caras de una misma falsa moneda sobre el amor humano. Ya Benedicto XVI afirmó en su primera encíclica Deus caritas est: “Ni la carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma”. Los obispos se detienen en la ideología de género. Explican sus antecedentes, su descripción y su difusión e impacto en la cultura pansexualista actual. Denuncian con fuerza que el dogma pseudocientífico de la neutralidad sexual del ser humano conduce hacia la deconstrucción del cuerpo y a la disolución de sus significados más básicos (filial, fraterno, esponsal, paterno y materno). Todo ello desemboca en una profunda deshumanización que es preciso afrontar, pues el matrimonio y la familia sufren una desvalorización sin precedentes.

Los obispos españoles proponen superar esta crisis espiritual y cultural con el testimonio de un amor humano verdadero. Estos testigos son los matrimonios y familias que viven ardientemente su vocación al amor. Junto a estos testigos del amor, son urgentes y apremiantes verdaderas políticas familiares, acompañadas de una legislación que no discrimine ambas instituciones, sino que las proteja y potencie. Se trata de devolverles su protagonismo en la urdimbre de las relaciones sociales. El matrimonio y la familia son el capital social fundamental, pues constituyen los elementos esenciales del bien común. Este bien común no se confunde con el bienestar, con la suma de los bienes particulares ni con el interés general, sino que es el más “divino” de todos los bienes. Ambas instituciones son inseparables y tienen como misión ser sujetos de una nueva cultura del amor. Ella será capaz de superar las ideologías, pues donde no se cultiva una verdadera cultura crecen los sucedáneos ideológicos.

Una verdad sin amor deja al hombre en la oscuridad de una abstracción lejana a la vida concreta; por otro lado, un amor sin verdad, líquido, frágil, es incapaz de construir una historia duradera en el tiempo, y flota náufrago y sin dirección en el mar de la desesperación. El amor es el acto más personal y personificador. Por este motivo, pensar y ofrecer a todos la propuesta de la Iglesia sobre la verdad del amor humano no es un ejercicio de erudición hueca. Es más bien una necesidad vital para la sociedad que precisa de una real esperanza.

A VER SI LO HE ENTENDIDO, SEÑOR PRESIDENTE

De Arturo Pérez Reverte, en Twitter, el pasado día 14

La Cultura, la Educación, la Sanidad, las clases altas, medias y bajas, expoliadas. Y el disparate administrativo-político-autonómico, ni tocarlo.

A ver si lo he entendido, señor presidente… Hasta por morirme debo pagar un 21 %…
A ver si lo entiendo. Insisto. Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas.
O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran.

Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente. ¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? ¿Para qué sirven 350 diputados y 54 eurodiputados? ¿Nos apañaríamos peor de lo que estamos con la mitad? ¿Me lo dice en serio? ¿Para qué sirven 74.000 alcaldes y concejales, cada cual con su paquete adosado de asesores de ambos sexos y sexas?

Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores… ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?

¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come?

Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad… Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.

En vista de eso,¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?

A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.

Treinta años engordándolos con nuestras imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía… Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.

Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor pesidente, mirándonos a los ojos, “voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición” “Me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario”. “Voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible”. “Aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla”. “Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo”.

Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el Pesoe lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible.

Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente. Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados,lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres.

Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles. Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior.

Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.

Lo escribía el poeta Cavafis en “Esperando a los bárbaros”. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan.

Recristo. Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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