Nuevas costumbres

Por Javier Pardo de Santayana

(En el café. Acuarela de Álvaro Castagnet en Facebook)(*)

Confieso que éste es el clásico artículo veraniego de chiringuito y cocacola. Pero no se dejen engañar por el tema, a medias por cierto entre el corazón y el deporte, porque, como la mayor parte de cuanto escribo en estas páginas virtuales, tiene su pequeño fondo de observación de las costumbres, lo que no es cosa baladí ahora en que éstas tanto están cambiando.

A decir verdad, la observación del cambio no es algo totalmente inocente, por cuanto tiende a acarrear como mínimo una cierta dosis de perplejidad a quienes, como yo, han hecho ya un buen acúmulo de años. Mas el fenómeno del deterioro físico suele ir acompañado por un aumento de sabiduría, o sea de experiencia, que adecuadamente digerida nos permite exprimir el jugo de la vida sin mayor esfuerzo.

Y eso es, en gran medida, lo que pretendo cuando escribo aquí, en este blog de mis pecados. A veces el jugo consiste en la emoción del arte o de algunos gestos que nos hacen sentir el corazón del hombre; en otras ocasiones, de manifestaciones de la estupidez cuando no de la mala baba o de la maldad, de las variopintas contradicciones propias de este nuestro retablo de las maravillas, de los vacuos alardes de los políticos, de las ridiculeces de la moda, de las incongruencias de nuestros comportamientos o de cualquier otra manifestación viva de la condición humana. Así que al final queda una especie de caleidoscopio de observaciones, unas veces mínimas y otras más enjundiosas, pero siempre interesantes por lo que tienen de espejuelos que esmaltan el devenir diario y rompen el tedioso transcurso de la vida.

En este caso el protagonista es un muchacho joven. No se trata de un deportista típico, sino de todo lo contrario. Su estatura es escasa para lo que casi se exige para un figura como él. Su tez, llamativamente pálida, parece de hombre de poca salud, y su pelo ya ha empezado a apolillarse. Pero su fama traspasó fronteras cuando metió un gol que valió un campeonato del mundo, y su capacidad de penetración de las defensas enemigas se muestra legendaria. La noticia es que se casa, y, naturalmente, la prensa del corazón recoge el acontecimiento con énfasis mediático. Uno imagina al muchacho un poco sobrepasado por el revuelo de su enlace.

Mas todo esto no es sino un prólogo antes de comentar lo verdaderamente noticiable; algo que los cronistas nos dicen así como de paso y sin añadir comentario alguno. Por lo visto, a la hora de haber dado el dulce sí, nuestro hombre «tuiteó» sus impresiones al distinguido público. Nada de especialmente interesante, ninguna frase lapidaria, simplemente «un día increíble, recién casados». Pero no me digan que no es asombroso. Porque llama la atención que en ese momento el novio no tuviera mejor cosa que hacer que dar a la tecla en el sentido literal de la palabra. Y uno se pregunta: ¿Abandonaría por ventura el desposado a su flamante novia y a sus innumerables invitados para sentarse frente al ordenador o centrarse en su «blackberry»? ¿Consideran normal que alguien haga algo así sin despertar sospechas de desapego hacia su futura compañera y los sublimes momentos compartidos?

Claro que el caso queda plenamente justificado teniendo en cuenta que, como viene siendo ya habitual, el orden de los factores fue ya invertido previamente, de forma que el retoño precedió a los esponsales, matizando así el entusiasmo del encuentro. Y pienso en lo que los tiempos han cambiado, porque no ha tanto que ya habría aparecido al clásico gracioso sacando punta a que el futbolista se entretuvo en enviar mensajitos en plenos desposorios, y ,»como era previsible», se casó de penalti.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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