Por Javier Pardo de Santayana

( Cayuco. Acuarela de José Luis Fiol Albero, fiolvalero.com, en la XI Exposición Internecional de Acuarela, Segovia. 70×50) (*)
En esta estancia en Mozambique he pretendido hacer lo mismo que en las anteriores en Ghana y la República Sudafricana: un relato de mis impresiones y un caleidoscopio de imágenes que en su conjunto transmita a mis improbables lectores una vivencia personal. Se trataría de pergeñar una especie de retrato impresionista de mi contacto con el país.
Quien haya leído mis artículos sabrá que no ha de esperar un peñazo al uso; un estudio analítico de la historia o de la situación política, que para eso ya hay sesudos escribidores amantes de las hemerotecas. No teman, pues, encontrarse con aquello de “Breve Introducción al Estudio de…” que dicen que haría un alemán, o un ladrillo de los que acostumbraban producir las “nomenklaturas” comunistas sobre los Planes Quinquenales. Ni siquiera un libelo al estilo de los que recogen los politiqueos diarios de nuestros rotativos. No lo hago ni lo he hecho siquiera en España, donde escapar de la política es poco menos que imposible. Aquí se trata de hacer lo que siempre procuro hacer: poner a lo que veo un poco de sal y de pimienta, y también de azúcar si se tercia. Describir los colores de la vida y añadir una gota de lirismo. Contactos con la política, los menos, que eso contamina, y los pocos sólo a guisa de ejemplos del
comportamiento humano. Espero que el improbable lector me lo agradezca.
Por otra parte estoy aquí como prisionero del deber: haciendo de padre y un poco de madre. Llevando a los nietos al colegio, que sólo el ir y volver es como hacerse el París-Dakar, sobre todo ahora que – oh prodigio de la era contemporánea – el Paris-Dakar ya no va de Paris a Dakar. Y hay días que hago tres viajes de ida y vuelta sólo para eso. Mas no me quejo, porque la experiencia vale, como mínimo, por una sesión avanzada de Pilates. Lo cual sólo tiene valor de ejemplo, por cuanto ahí está la compra diaria, y buscar entretenimiento, que en eso no paro de inventarme historias y hacer dibujos a petición y no sé cuántas cosas más…Y ayudar a la mayor – 7 años – en sus trabajos, que es como un curso acelerado de idiomas, porque los tiene en francés, en inglés y en portugués. Y aquí me paro para no contradecirme.
Pero claro, que yo me tome así la cosa no quiere decir que no me preocupe de informarme. No a la guisa de un Menéndez Pelayo o cosa parecida, sino como ciudadano consciente, que a eso no me gana nadie. Y fíjese usted, pese a estar centrado en las mínimas tareas caseras, ya he tenido ocasión de hablar con un embajador, un misionero español, un dirigente de la mayor empresa del país, varios expatriados, un funcionario de la Unión Europea encargado de un programa de cooperación, y varios educadores amén de con las “empregadas” y los guardas y operarios de distintas habilidades y profesiones, a quienes escucho atentamente y con los que me relaciono con naturalidad por hablar con soltura el portugués desde niño como casi “alfacinha” que soy. Y he observado a los empleados, los médicos y los enfermeros del hospital, profesionales y atentos, y a la gente en espera de atención, y he visto a parejas, matrimonios y grupos de amigos colapsando la entrada a mi casa en la noche de la fiesta “dos Heróis mozambicanos”, y al hombre solitario que me dio por convertir en nuevo mito, y a los muchachos y muchachas de las escuelas que, perfectamente uniformados, se acercan diariamente a deambular por el “Marés”, y he escuchado la homilía de un sacerdote comparando a los padres de la patria con los antiguos profetas y diciendo que la generación siguiente fue de depredadores pero hay una nueva generación que promete; una generación solidaria que conoció los desastres del 2000.
Y, naturalmente, he leído cuantos libros sobre Mozambique he encontrado en esta casa, que no son pocos. Y así, con esto y con lo que sabía de antes he adquirido una opinión sobre lo que aquí pasó: la coincidencia es general en cuanto a que, además de acertar con el mantenimiento del portugués como única lengua oficial, los “padres de la patria” mejoraron la situación de la mujer y de la educación, pero que el radicalismo de sus medidas de corte marxista en lo económico contribuyeron a dejar al país al borde de la quiebra. Algunos dicen “casi sumido en un caos total”. Mas para qué dar más explicaciones si ellos mismos abandonaron el marxismo por propia voluntad… Gente lista, sin duda.
Se preguntará usted: ¿Y de dónde le viene a éste tanto interés sobre un país desconocido para la mayoría de los españoles? Y le diré que lo mismo que me motivó para escribir sobre Ghana – y descubrir maravillas como la simbología adinkra o el misterioso sentido de la banqueta, y sobre la República Sudáfricana con la emotiva evocación de ese coloso del patriotismo auténtico que es Nelson Mandela. Y le diré que mi interés tiene, fundamentalmente, dos razones. La primera, mi curiosidad; mi gusto extremo por la geografía física y humana. Una curiosidad por todo que encuentra como aliada la experiencia de la edad, porque con el tiempo uno descubre que todo es una misma cosa, de forma que cada nueva percepción o información, cada nuevo sentimiento incluso, añade nueva sustancia y nuevo sabor al mismo guiso. Todo acaba por caer en la misma olla.
Y aún hay otra importante razón para mi interés por estas tierras africanas, y es que mis dos hijos, por motivos absolutamente distintos pero todos relacionados directa o indirectamente con la situación actual de España, viven su día a día en el “África subsahariana” desde hace seis y cuatro años respectivamente. Y aseguro que con lo que alguno de ellos ha vivido bien podría escribirse una novela.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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