Por Carlos de Bustamante

(Llega el tren. Acuarela de Luis Sala Luna en Amigos Acuarelistas de Facebook) (*)
A un servidor de ustedes, aún no se le había quitado la impresión por la tragedia sucedida en España el fatídico “once eme”. Tragedia anónima. Digo, referido a los responsables de la “trama”. Lo que de ella sabemos seguro, es que para nada tuvo culpa la velocidad, ni el fallo humano. Sobre autores o coautores –responsables quiero decir-, no descubro ningún Mediterráneo si afirmo que siguen las mismas dudas.
Sin parientes, amigos, ni conocidos siquiera en la reciente tragedia ferroviaria, todos hemos sufrido el zarpazo por los compatriotas fallecidos en tan trágicas circunstancias. A pesar de no haber visto el horror en imágines que los medios tuvieron a bien no mostrar, también en esta nueva tragedia el solo ver vagones volcados, amasijo de hierros retorcidos y la repetida panorámica de cómo el tren tomaba la curva, ha sido nuevamente dantesco. No les digo la impresión por quien esta misma mañana me comentaba haber perdido hermana y cuñado, que días antes manifestaron el deseo de que, cuando les llegase la hora, Dios se los llevase juntos. Deseo fatídicamente cumplido.
Aunque no haya leído comentario alguno comparativo de tales tragedias, y sólo después de haber rezado por el eterno descanso de los fallecidos (no es formulismo), me tomo este atrevimiento.
No; no hay más que una similitud: el dolor inmenso de los más allegados y el estupor doloroso de los españoles todos en fecha tan señalada como lo del Patrón de Galicia y España. Única diferencia ésta, en cuanto trágico, con el que fuera por la fecha anodino 11-M.
De puntillas para no ofender, ni añadir siquiera más dolor al dolor, cometo la imprudencia de significar diferencias.
De todos es conocido cómo con rapidez inaudita, desaparecieron pruebas del horroroso atentado. Y de cómo todos supimos del lavado de restos que podían dar alguna pista del explosivo empleado en aquel brutal siniestro. Coincidencias luego en otros posibles ocultamientos o colaboracionismo sospechoso, hicieron que, de forma inánime, me atrevo a sugerir, que hubiera intereses concretos tras la horrorosa tragedia.
Excepto en el dolor que, insisto, es sin medida en ambos casos, y aunque también hubo explosión, no veo parecido alguno con el 11-M, pasado y no olvidado.
¿Llevados completos los vagones siniestrados en imponentes plataformas para destrucción luego…? No. No fue ése el método.
¿Mochilas…? Ni una. ¿Elecciones…? A varios años vista. ¿Oposición…? Consternada como el gobierno. ¿Vocerío de asesinos…? ¡Que no! Solidaridad: total; como entonces. Oración en cuantos minutos de silencio de decreten; y las conclusiones, allá cada uno con las suyas.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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