Los lunes, revista de prensa y red

“El Papa en la JMJ: fe, audacia y evangelización”, de Pedro Dutour, y “La vida saca su entrada de cine”, de Cinemanet

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 5 de Julio) (*)

EL PAPA EN LA JMJ: FE, AUDACIA Y EVANGE- LIZACIÓN

Artículo de Pedro Dutour publicado en Aceprensa el pasado día 29 de Julio

Río de Janeiro. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en esta ciudad finalizó ayer con la noticia de que Cracovia (Polonia) será la ciudad encargada de acoger la próxima JMJ en 2016. El evento en tierras brasileñas terminó en un clima de fiesta y con las palabras del Papa Francisco que resonaron con fuerza en un público que lo escuchó concentrado y alegre. El viernes y el fin de semana, el Sumo Pontífice, como sucedió en sus diversas alocuciones de los días anteriores, volvió a hacer énfasis en la importancia de la fe y en la necesidad de salir a evangelizar con renovadas fuerzas y, sobre todo, sin miedo.

También aconteció que el público aumentó a medida que se acercaba el domingo, lo que dejó la ciudad al borde del colapso ante una multitud proveniente de todo el mundo y de todo el enorme Brasil. Con la playa de Copacabana como punto central de la JMJ, ante la suspensión de la vigilia y Misa de Envío en el Campus Fidei por la lluvia que había caído, los peregrinos disfrutaron de cada trayecto de cuatro kilómetros que Francisco realizaba en el papamóvil desde el Forte de Copacabana –ubicado entre Copacabana e Ipanema– y el inicio de la playa, bien cerca del Pão de Açúcar. Los fieles también lo disfrutaron ver pasar por otras calles de Río como cuando se trasladó hacia la catedral de São Sebastião el jueves o hacia el Teatro Municipal el sábado.

En el camino, el Papa saludó y bendijo a niños y bebés, recibió cientos de banderas lanzadas por el público, cartas, imágenes de la Virgen, vio intentos de personas de superar la seguridad que querían darle la mano, y en dos ocasiones tomó mate que le ofrecieron desde detrás de las vallas.

El viernes, día del Via Crucis, descendió en dos ocasiones del papamóvil, la primera vez para bendecir una imagen de San Francisco de Asís, y la segunda para estrechar la mano a paralíticos. Ese día el público estimado era de un millón y medio de personas; ya para el domingo, día final de la JMJ, ascendió a 3,2 millones según la Prefectura de Río de Janeiro. Entre ellos, había 1.500 obispos y 12.000 sacerdotes. El sol carioca, que al fin apareció, contribuyó a una mayor afluencia de fieles.

“La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte”. El Evangelio es para todos.

En la Misa final, el Papa inició su homilía en portugués, para luego pasar al español y retornar más tarde al portugués, lo que fue una constante del Sumo Pontífice en estos días. En tres ideas sintetizó su mensaje que vino a dejar a los jóvenes del mundo: “Vayan, sin miedo, para servir”. Francisco dijo que la JMJ resultó ocasión para “experimentar la belleza de encontrar a Jesús y sentir la alegría de la fe”, lo que debe animar a los jóvenes a “transmitir esta experiencia a los demás”. “La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte. El mandato de compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el Evangelio, es un mandato que no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza del amor”, expresó.

En esa línea insistió en la necesidad de llevar a todos el mensaje de Cristo, no solo a los más cercanos y a los que consideramos más buenos. “El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es solo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor”.

Apuntando a los jóvenes congregados, los apeló a involucrarse con alegría y en la necesidad que existe en la Iglesia, y del propio Papa, en ellos, a los que pidió generosidad con Cristo y en “no tener miedo” para dar testimonio del Evangelio. “La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les caracteriza. El Papa los necesita”.

La evangelización es “llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo”. “Queridos jóvenes, Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes”, finalizó.

“Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento”. “Sudar la camiseta”

La suspensión de las actividades en el Campus Fidei obligó a reprogramar la agenda, que se trasladó enteramente a Copacabana. Para el sábado, se estableció una línea de peregrinación de 9,5 kilómetros, entre la Estación Central y la playa top de la ciudad, y al inicio de la noche se realizó una breve ceremonia con el Papa, precedida por shows de música y canto, donde los obispos se animaron a practicar el flashmob de la JMJ, y por los testimonios de cuatro jóvenes que pasaron por situaciones difíciles en su vida.

En el discurso, ante tres millones de personas que ya acampaban en Copacabana, el Papa utilizó la suspensión de la vigilia en Campus Fidei para remarcar su pensamiento. “¿No estaría el Señor queriéndonos decir que el verdadero campo de la fe, el verdadero campus fidei, no es un lugar geográfico sino que somos nosotros?”. Francisco habló del campo como lugar de siembra, como lugar de entrenamiento y como obra en construcción. “Queridos jóvenes, cuando aceptamos la palabra de Dios, entonces nos convertimos en el Campus Fidei. Por favor, dejen que Cristo y su palabra entren en su vida, que germine y crezca”.

La alocución, muy directa, sencilla y profunda a la vez, clara y bien cercana a los jóvenes, resultó especialmente disfrutable para los rioplatenses por el lenguaje y expresiones utilizadas por el Papa. “Siempre puede haber espinas y piedras en la vida, pero les pido hacer un cachito de buena tierra en los corazones. Van a ver cómo germina”. Los jóvenes no pueden ser “cristianos de medio tiempo, cristianos de fachada. Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento”.

Más tarde utilizó el fútbol (en Brasil se disputará la Copa del Mundo el año próximo) para recordar a los peregrinos la importancia de entrenarse y “afrontar sin miedo las situaciones de la vida”. “¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz”. “Estos son los entrenamientos para seguir a Jesús: la oración, los sacramentos y la ayuda a los demás, el servicio a los demás”, añadió el Papa.

Francisco tuvo que detenerse en varias ocasiones ante las vivas de un público que lo escuchaba embelesado. “Cuando nuestro corazón es una tierra buena que recibe la palabra de Dios, cuando se suda la camiseta, tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia. Somos parte de la Iglesia, más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia. Chicos y chicas, por favor: no se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. No balconeen. Pateen adelante, construyan un mundo mejor”, concluyó.

“El cristianismo combina la trascendencia y la encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto”. El cristianismo “revitaliza el pensamiento”

El sábado incluyó además una cita en el Teatro Municipal, donde el Papa se dirigió a representantes de la sociedad brasileña. Al finalizar, paseó con su papamóvil y saludó a los fieles que hacían la peregrinación desde la Estación Central hasta Copacabana. La imprevisibilidad de encontrarse con Francisco en el trayecto llevó a los jóvenes volcarse rápidamente sobre las vallas para expresarle nuevamente el cariño al Santo Padre.

En el Teatro Municipal, el Papa pidió a la clase dirigente “responsabilidad solidaria para construir el futuro diálogo constructivo para afrontar el presente”. Pidió “hacer crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación”, porque “es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir”. “El cristianismo combina la trascendencia y la encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto que invaden el corazón y se propagan por las calles”, dijo Francisco.

“El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad: este es el camino a seguir”. Luego afirmó la importancia del diálogo para acercar ideas y evitar la violencia: “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”.

“Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”. “Y vos, ¿quién querés ser?”

El viernes 26 la agenda marcaba Via Crucis, también en Copacabana. La espectacular representación musical y teatral de las 14 estaciones –cada interpretación de una estación parecía una miniobra de teatro–, desplegadas en la Avenida Atlántica de Copacabana, congregó casi dos millones de personas, en la que el Papa volvió a plantear la disyuntiva, esta vez utilizando los personajes de la Pasión, en la que un hombre, una mujer, debe elegir para transitar su vida: Poncio Pilato o Simón de Cirene o María.

“¿Qué han dejado en la cruz? ¿Qué ha dejado la cruz en cada uno de ustedes? ¿Qué nos enseña para nuestra vida esta cruz?”, se preguntó Francisco. “Con la cruz, es el propio Jesús quién se une al silencio de las víctimas de la violencia humana, a los que ya pueden gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con la cruz se une a las familias que se encuentran con dificultad, que lloran la pérdida de sus hijos, o que a sufren al verlos víctimas de falsos paraísos como las drogas”. La cruz es un “un amor tan grande que entra en nuestro pecado y perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da la fuerza para soportarlo”.

Luego planteó la elección que cualquier persona debería enfrentar, desde el punto de vista de la cruz y la Pasión de Cristo. La cruz “nos enseña a ser como Simón de Cirene, que ayudó a Jesús a llevar ese pesado madero, nos enseña a ser como María y las otras mujeres, que no tienen miedo a acompañar a Jesús hasta el final, con amor y ternura”. “Y vos, ¿quién querés ser?”, preguntó el Papa elevando la voz. “¿Como Pilatos? ¿Como Simón? ¿Como María?”.

LA VIDA SACA SU ENTRADA DE CINE. I EL ABORTO. II LA EUTANASIA

Artículos de Cinemanet publicados los pasados días 19 y 24 de Julio

De manera necesaria, y frecuentemente envuelto en la polémica, el cine se ha acercado al inicio y término de la vida, consciente de que el tema interesa y de que supone una materia de primer orden a la hora de plantear un conflicto dramático y de arrancar.

De manera necesaria, y frecuentemente envuelto en la polémica, el cine se ha acercado al inicio y término de la vida, consciente de que el tema interesa y de que supone una materia de primer orden a la hora de plantear un conflicto dramático y de arrancar momentos conmovedores. De esta manera, una película se ofrece como punto de partida para un debate constructivo sobre asuntos de interés general que a todos nos importan… porque todos somos protagonistas. Serán cintas de fuerte carga ideológica, en el sentido de que reflejan un modo de entender la vida y una ética que determina la propia conducta, y también trabajos en los que una historia concreta trata de elevarse a la categoría de norma para actuar.

De esta manera, el cine se erige en instrumento para reformular actitudes y en espejo para mostrar aspectos muy íntimos y personales. Las propias experiencias en relación con un nacimiento -deseado o no-, con la enfermedad y el dolor -aceptado o no-, con el irremisible envejecimiento -asumido o no- se convierten en factor determinante a la hora de ver una película de este tipo, y el cine se presenta como escenario para un hombre que trata de erigirse en dueño y señor de la vida, en quimera de una realidad soñada en donde la ilusión de eternidad se pone al alcance de la mano.

En el principio… era la vida

El comienzo de la vida es el primer escalón en este recorrido ético por el cine. Son muchas las películas que lo han abordado, unas veces en relación con el deseo de maternidad -con cintas que nos hablan de la adopción y del efecto transformador en los progenitores-, y más frecuentemente como referencia al aborto. Centrándonos en este segundo aspecto, vemos que el debate social está a la orden del día con factores éticos, religiosos, médicos y políticos que en ocasiones hacen que se pueda oscurecer una adecuada perspectiva de la cuestión.

El aborto, ¡nunca más!: “4 meses, 3 semanas, 2 días”

Entre las muchas películas posibles, hay una de gran calidad cinematográfica y que podría considerarse particularmente neutral: “4 meses, 3 semanas, 2 días”(2007), del rumano Christian Mungiu. El tiempo del título hace referencia al embarazo de Gabita, una estudiante que vive en la Rumanía de Ceaucescu y que decide abortar clandestinamente, con la ayuda de Otilia, su amiga y compañera de habitación en la residencia. Sobriedad interpretativa -grandes trabajos de Anamaria Marinca y de Laura Vasiliu-, una cuidada planificación y montaje de sonido, y una fría ambientación para un retrato social y humano de enorme dureza, pero honesto y necesario. Nada en la cinta respira frivolidad ni tampoco manipulación emocional, pues la apuesta de Mungiu solo pretende mostrar la crudeza de una situación real, sin disquisiciones morales ni políticas, por mucho que grupos pro-vida o abortistas se empeñen en interpretar su propuesta en un sentido determinado.

Durante casi dos horas, asistimos al drama de dos jóvenes que ponen su futuro en manos de un carnicero sin escrúpulos ni decencia, que practicará el aborto en el hotel en unas pésimas condiciones sanitarias y que será paradigma de la miseria moral a que ha llegado el pueblo rumano bajo el dictador. Al final, por encima de consideraciones éticas y teóricas, podemos concluir que la única verdad está en ese cuerpo sin vida que Gabita desecha en el cuarto de baño y que Otilia mira con dolor, para después meterlo en su bolso y apretarlo contra su pecho; o en esa mirada que ella misma dirige a cámara -y al espectador- en el último plano, instantes después de hacer prometer a su amiga que “nunca más volveremos a hablar de ello”.

Atrás quedan dos días de dolor y humillación, de soledad y miedo, en medio de merengues de cumpleaños, conversaciones insulsas y chantajes mezquinos. En la cinta de Mungiu, nunca importó lo ocurrido en el pasado ni tampoco interesa el futuro de Otilia con su novio o la salud de la propia Gabita: todo queda en suspenso y en off, aunque marcado a fuego en la memoria de las dos jóvenes y también del espectador. Por eso, ese plano final seco y cortante que hemos comentado, seguido de otro en negro sobre el que se leen los títulos de crédito, llegan cargados de enorme fuerza visual, sutil y precisa a la vez, para retratar el drama que el aborto supone para la mujer.

Un paisaje humano y social desolador

Hay mucha dureza en las situaciones y en las imágenes de Mungiu, aunque ninguna gratuidad ni concesión a la obscenidad o al morbo. El director practica una depurada economía narrativa para contar, casi en tiempo real, la situación de las protagonistas en las horas previas al suceso, la negociación en el hotel con el hombre abortista -los momentos más degradantes por la deshonestidad e degradación del Sr. Bebe-, y su práctica y desenlace. Sólo se sale del nudo principal una subtrama en la casa del novio de Otilia que, sin embargo, está perfectamente engarzada y viene a completar el cuadro social rumano, y también a mostrar la distinta percepción que hombres -patético y desoladora la actitud del novio- y mujeres tienen del asunto.

El director demuestra un extraordinario dominio de los recursos de la cámara, y nos lleva por los pasillos de la residencia de estudiantes o por las calles inhóspitas con planos-secuencias larguísimos y muy bien rodados, pero también sabe dejarla fija para obtener unos planos igualmente elocuentes -magistral es la planificación en la cena de cumpleaños- donde no importa que los personajes se salgan del cuadro o la acción pase a desarrollarse en el fuera de campo. Al final, Mungiu logra crear ambientes deprimentes de enorme plasticidad que trasmiten soledad, abandono, pobreza o tristeza, en la residencia o en la calle -la gasolinera es todo un poema social deprimente de la Rumanía comunista-, en el hall del hotel con el fluorescente fundido… lugares físicos quizá reflejo de otros interiores, frágiles e insatisfechos, llenos de desconfianza y vacíos de sentido moral, ahogados en la lucha por la supervivencia y con miedo a afrontar una dolorosa verdad.

De “Juno” a “Bella”, pasando por la vida de “La princesa de Nebraska”

Señalamos otras tres buenas películas en torno al aborto. Para empezar, “Juno”(2007), en la que Jason Reitman nos ofrece una comedia dramática de sello independiente y aire positivo. Es la historia de la adolescente del título, que se queda embarazada y se plantea inicialmente abortar, para más tarde optar por una solución más humana y menos traumatizante: dar la criatura en adopción a un joven matrimonio. De manera fresca y desenfadada, con ingeniosos diálogos llenos de chispa y mordacidad, con un vitalismo liberal que no se detiene en los problemas, asistimos también al renacimiento y madurez de una madre, que eligió la vida para su hijo pero que bien podría haber hecho lo contrario. En el fondo de la cuestión, late una razón pragmática y una concepción de la libertad como absoluto, según la cual “no hay verdad (objetiva) por encima de mi libertad (subjetiva)”.

En “La princesa de Nebraska” (Wayne Wang, 2007), se recoge la historia de otra adolescente, en este caso venida de Pekín a Estados Unidos para abortar, que callejea perdida por San Francisco… y también por la modernidad y libertad recién descubiertas tras un pasado de represión marxista, y donde la soledad y la falta de referentes morales la dejan expuesta al vaivén de los afectos, todo transmitido con atractivas y sugerentes imágenes, con una moderna puesta en escena que conforma un film pleno de sensibilidad y belleza.

Por último, en un tono más luminoso, “Bella” (Alejandro Monteverde, 2006) es un melodrama intimista donde su protagonista José da un giro a su exitosa carrera deportiva cuando la tragedia le sale al paso, para convertirse desde entonces en un pacífico pero apasionado defensor de la vida, y también para ser ocasionalmente el apoyo de su compañera de trabajo Nina, mujer que es despedida del restaurante cuando se quedaba embarazada y que se debate entre el dilema de abortar y el dolor de verse sola y abandonada.

II. La eutanasia

Si el aborto llega siempre con polémica y nos deja historias de cine, no menor es la repercusión que tienen en la pantalla el final de la vida y la eutanasia.

Alejandro Amenábar apuntaba a esa cuestión con un tono tendencioso en “Mar adentro” (2004) y cayendo en la demagogia ideológica y en la manipulación emocional. El francés Jean-Pierre Améris lo hacía de manera más melodramática en “La vida” (2001), con una preciosa historia de amor y con un renacer afectivo. Y el americano Julian Schnabel nos regalaba una obra de arte con “La escafandra y la mariposa” (2007), para bucear en la mente de un enfermo que no podía comunicarse sino con el parpadeo de su ojo izquierdo… pero que aprendió a vivir de otra manera.

Clint Eastwood baja al infierno con “Million dollar baby”

Por su parte, Clint Eastwood trataría tangencialmente el tema de la eutanasia en“Million dollar baby” (2004), quizá con una mayor hondura antropológica y dramática, y sin duda con gran honestidad. En realidad, la película es un drama de conciencia de su protagonista, Frankie, que trata de redimirse de un sentido de culpa que le oprime amargamente, pero del que no podrá liberarse al ser un destino demasiado pesados. Él es entrenador de boxeo y trabaja en un club con Scrap, antiguo púgil obligado a abandonar el cuadrilátero al perder un ojo en un combate en el que Frankie debió tirar antes la toalla. El otro lastre que sufre el personaje interpretado por el propio Eastwood es el abandono de su hija, hace años. Ante ese doble trauma personal y a regañadientes, un día acepta entrenar a Maggie -Hillary Swank-, una joven huérfana y de infancia difícil que está decidida a todos los sacrificios para triunfar entre las doce cuerdas. En el fondo, lo que hace que Frankie acceda a entrenarla es la esperanza silenciada de recuperar el título y la hija que un día perdió. Lo que no sabe entonces es que no será tan fácil, y que el término será peor que el comienzo.

Estamos ante el encuentro de dos perdedores con heridas profundas que tratan de curar -más sangrantes que las de un combate de boxeo- y que hablan de relaciones paterno-filiales rotas, y también de una lucha por sobrevivir al dolor y la infelicidad. Artísticamente, la fotografía expresionista de fuertes claroscuros, con escenas en permanente penumbra y juegos de contraluz consigue generar ambientes opresivos, que sirve para mostrar la oscuridad interior de sus protagonistas. En ese sentido, el boxeo se presenta también como metáfora de la vida, y las sombras como señal de las dudas que les atenazan y que les obligan a“protegerse siempre” -lema de Frankie en el boxeo y en la vida-, algo que a la larga significa encerrarse en su coraza, en su escepticismo y en su soledad.

Entre el sentimiento y la conciencia de una muerte anunciada

Ese punto de amargura y desolación llega a su máxima expresión en el tramo final de la cinta, poco después del combate por el título mundial. Maggie ha sufrido un duro castigo en el ring que le ha dañado la columna y dejado parapléjica. En el hospital sufre grandes dolores y no puede prescindir de la respiración artificial, siente que su sueño de ser alguien en la vida es ya un imposible, y además acaba de serle amputada una pierna a consecuencia de unas infecciones. Entonces, al pie de la cama, le pide a Frankie que le haga un favor, que le desconecte del respirador y le deje morir, que haga como su padre cuando mató a su perro Axel porque ya no podía caminar. En el rostro de Frankie se dibuja una mirada de turbación y su mirada refleja la lucha interior que padece entre lo que sabe que debe hacer y lo que siente al ver ese sufrimiento. Le responde que ni lo piense, que por favor no le pida eso… pero su insistencia hace que se plantee una duda de conciencia de hondo calado: ¿por amor y compasión debe evitarle ese sufrimiento, o debe terminar con él y practicarle la eutanasia que le pide?

Durante la película, hemos visto a este hombre solitario y taciturno acudir a la iglesia -lo hace a diario desde hace muchos años- y plantearle al sacerdote cuestiones doctrinales un tanto bizantinas. Está claro su sentido ético-moral de la vida y también los remordimientos que padece, por ejemplo, cuando el cura le pregunta si ya ha escrito a su hija para pedirle perdón. Por eso, en este momento de tribulación interior acude de nuevo acude a él, para pedirle consejo y abrir su alma. Todo su mundo y la esperanza de volver a creer en algo parece que se esfuman, y no encuentra luz en el camino de la vida. El sacerdote le advierte que“ningún pecado es comparable a eso, si le hace caso y la mata”, que “se olvide de Dios, del cielo y del infierno; si lo haces, acabarás perdido en algún lugar tan profundo que jamás volverás a encontrarte”. Algunas razones son, evidentemente, de índole religiosa pero otras tienen un serio fundamento antropológico al obedecer a lo que el hombre es como un ser con conciencia y concebido para la vida. Frente a la óptica del sacerdote, la perspectiva de Scrap es la de quien considera que una vida vale únicamente si se vive con ideales y proyectos, con dignidad y orgullo, y que cuando no es posible… hay que morir y vivir en paz (en alusión a esas dos almas atormentadas por la soledad, el dolor y la muerte).

De hecho, en su honestidad, el Clint Eastwood-director cierra la película con un Frankie que, después de haberle desconectado el respirador, de darle un beso y una inyección de adrenalina que le quitase el dolor, sale por la puerta y se pierde entre la oscuridad de los pasillos del hospital. La figura de Frankie se ha diluido en la nada, observado por un Scrap que le recuerda en ese momento como “sin sentir nada y sin nada en el corazón”, para no volver a aparecer nunca por el club… aunque sí llegara poco después un fantasma, un chico deseoso de entrenar y triunfar, como si se tratara del espíritu de Frankie-Maggie reencarnado. La película termina con ese tono de dolor y tristeza, mientras se adivina una vida sumida en el abismo de quien se ha traicionado en sus convicciones más profundas.

En cualquier caso, el director ha puesto sobre el tapete una cuestión para el debate moral, con una historia y unas imágenes elocuentes, con las razones sentimentales y de conciencia que mueven al individuo en uno u otro sentido, advirtiendo las consecuencias de los propios actos libres. Es, en definitiva, la utilización del cine como instrumento para plantear asuntos importantes, para ayudar al hombre a resolver los dilemas que la vida le presenta.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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