Por Carlos de Bustamante

(Nacimiento de Cristo. Obra de Pedro de Berruguete, en el Retablo Mayor de Santa Eulalia, Paredes de Nava, Palencia. Pintura.aut.org ) (*)
Sobre cama de paja calentita un buey rumiaba acompasadamente el forraje que, de cuando en cuando, se le venía en eructos sonoros a la boca. Junto a él sujeté al pesebre a “nuestra” borriquilla: Pequeña. Con paja fresca, de oro, y la cebada que portaba en un saquito atada al cuello, la hice una envuelta que devoraba con avidez. Myriam, sin signo aparente de dolor, respiraba hondo. Con prisa incontenida e incontenible, José hizo una escoba con brezo del monte y comenzó a barrer la estancia del polvo y suciedad acumulada desde qué sé yo cuándo.
-¡Eh, eh, oiga, oigaaaa, oiiiigaaaa…! -le gritaron las motas de polvo que a escobazos vigorosos revoloteaban por la cueva-. ¡¿Con permiso de quién molesta usted al personal en nuestro sueño?! -se posaron otra vez en el suelo, lejos ahora de donde descansaba Myriam en espera del alumbramiento.
-¡¡Pero Señor!! ¡¿Es que no puede tratar con mayor delicadeza a las pulgas inofensivas que tenemos desde hace siglos el hogar en esta cueva?! -protestaron estas, al tiempo de buscar nuevo acomodo lejos de la Señora.
Después de escuchar yo, Tarsicio, esclavito… estas protestas y lamentos, se hizo la calma. Acondicionado el “palacio” lo mejor y más rápido que pudo -tal era la urgencia-, José fue a sacar comida y agua de las alforjas para ofrecer a Myriam, serena, siempre sonriente. Como un relámpago, saltó Virutas dando “voltinetas” en el aire. Rió tenuemente Myriam.
-Es que si me descuido -protestó- casi me barre con las motas de polvo ¡y las pulgas! que ahora, aquí las tengo -dijo rascándose, nervioso, con una de las patitas.
Luego, me preguntó con ansiedad:
– ¿Sabes qué le sucede a Myriam que respira tan hondo?
-¡Pero qué ignorante eres Virutas! -le contesté más desabridamente que de ordinario, fruto de los nervios que, sin saber muy bien por qué, casi me paralizaban- ¿No ves, Virutas, que mi Ama y Señora va a dar a luz…? -le dije, sin saber muy bien qué era eso de “dar a luz”.
-¡Ah, ya, que Myriam va a parir a su Hijo! -dijo Virutas, satisfecho de sus conocimientos.
-Y ¿cuántos traerá…? -preguntó para mi asombro, del que se dio cuenta por las cara de haba que puse-. Para mí que eres tú el ignorante -añadió pavoneándose-. ¿Acaso no sabes que la mi ratoncilla parió doce ratoncines -mis hijos- la última vez? ¡Tarsicio, Tarsicio!, añadió no sin cierta guasa. ¡¡Que no te enteras…!!
Ahora sí, terminó y calló a la espera de acontecimientos…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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