Apócrifo II. 3. Lo ordinario de cada día

Por Carlos de Bustamante

(Madonna in trono tra angeli e santi. 1310. Tabla de Giotto di Bondone) (*)

-¡Eh, eeeh, oigan, oooiigaaan…! , no tan “agudos” que me entierran en vida entre tanta viruta! -dijo Alguacilillo saliendo a duras penas entre un montón de ellas. Los “hombres” reímos. Alguacilillo murmuró no sé qué de “juanín o juanazo”-.Cosas de su idioma, me dije sin entender el significado.

Lo cierto es, que a Alguacilillo le “dimos” la mano y se tomó hasta el codo”. ¡Qué sabía el animalejo del límite de confianzas con los superiores humanos…! O sea, que mientras Jesús y Tarsicio -servidor de ustedes- trabajaban en el taller, allí estaba Alguacilillo… estorbando y sin parar de darle a la lengua. Eso sí, entre las virutas. Aunque de menos edad que yo, Jesús no me decía nada por seguir al ratoncillo la corriente del palique; pero bastaba con mirarle para saber que “comer y sorber no puede ser”. Y no es que Jesús no hablase con Alguacilillo, sino que lo hacía sólo en los momentos de descanso. Y no como el ratoncillo y yo, que siempre estábamos dispuestos a hablar hasta por los codos…

Al principio de ir a la escuela nos acompañaba Myriam. Hasta que un día me atreví y le dije:

-Ama y Señora, yo creo que como aunque esclavito soy ya casi mayor, podría cuidar de Jesús sin que Tú mi ama, tengas que dejar las faenas de la casa para acompañarnos-. Te prometo, mi Ama –añadí- , que cuidaré de Él como si fuera mi hermano pequeño. Me gané un beso que me supo a gloria. Desde entonces, desde casa hasta la escuela yo llevaba a Jesús cogidito de la mano. Era yo, Tarsicio, quien me sentía cuidado por Él.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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