Por José María Arévalo

( Óleo de Julio Romero de Torres, de 1920, en la actual exposición “El eterno femenino entre dos siglos”, de la Sala Municipal de Exposiciones de la Pasión. 31,5 x 31,5) (*)
Había encontrado varias críticas muy negativas a esta exposición, “El eterno femenino entre dos siglos” que ofrece, hasta el 4 de mayo, en la vallisoletana sala de exposiciones de la Pasión, 54 obras de autores de renombre, desde Sorolla, Zuloaga, Julio Romero de Torres, Picasso y Miró, a Botero, el Equipo Crónica o Miguel Barceló -y entre ellas una de nuestro Anselmo Miguel Nieto-, por lo que me resultaban llamativas estas reacciones y me dispuse a analizar cumplidamente esta muestra que se ha podido contemplar antes en Zaragoza.
Pues sí, ni están todos, entre los importantes que han pintado, en los últimos cien años, a la mujer, ni de los que están –o en la mayoría de ellos- son las recogidas obras muy representativas. Pero esto ocurre con frecuencia, como hemos comentado a propósito de varias muestras de colecciones particulares que han venido más recientemente a nuestra ciudad. Quizá el ensañamiento viene por razón del propósito de la exposición, excesivamente ambicioso, de reflejar el “eterno” femenino, del que tan maravillosas obras nos han legado las artes pláticas; o por la presentación por su comisaria, Dolores Durán, de la muestra como una reflexión sobre la presencia de la mujer en la obra artística del último siglo, que es más ajustado, pero también mucho decir. O finalmente por no responder cabalmente a la reivindicación “de género” que indirectamente se entrevé, y que a algunos les pirra. En materia de arte y sus exposiciones quizá hay expresiones más publicitarias que otra cosa, de las que hay que prescindir, y proponerse nada más disfrutar cuanto a uno le sea posible.
Yo he disfrutado mucho con cinco o seis de los realistas españoles de principio del siglo pasado, especialmente con el pequeño retrato de Romero de Torres de una de sus típicas mujeres morenas, de solo 31,5 centímetros por cada lado, que me recordó el otro suyo que tiene una de mis hermanas, heredado por su marido, de pequeño formato también, que pintara el maestro a una abuela suya, una de las Churruca, como si de una modelo del pueblo se tratara, práctica muy típica en la época. Así que me hizo gracia el título del primer apartado de la muestra.
“Ángel o mujer fatal” abre el recorrido de la muestra con pinturas en las que la imagen de la mujer se reserva, primero, al ámbito de lo privado, cuidadora de la casa y la familia. Ejemplifica este concepto un «Retrato de señora», de Sorolla, de formato grande, 151×108, de 1913, en el que refleja a una dama de la alta sociedad. Frente al estereotipo del «ángel» del hogar y las tradiciones –quiere la muestra- se ve representada la figura de la «mujer fatal», marginada, seductora y atractiva, con obras, además de la de 1920 de Julio Romero de Torres, de Isidre Nonell, una figura bastante desdibujada de 1906, o «La empolvada», que pintó Ignacio Zuloaga en 1905. Tengo muchas ganas de ver el nuevo museo de Zuloaga, abierto recientemente en el castillo de Pedraza, donde seguro hay más cuadros suyos de señoronas que de mujeres fatales.

( Menina del Guernica. Escultura del Equipo Crónica en la exposición “El eterno femenino entre dos siglos”) (*)
El paso de la mujer como musa a creadora se produce –sigue la muestra- ya en los años veinte del siglo XX, con la llegada del derecho al voto o el acceso a la educación, cuando surgen las «nuevas Evas», como las ha definido la comisaria de la muestra, representadas por obras de María Blanchard, Maruja Mallo y Olga Sacharoff. “Mujeres que, dentro de unos límites, luchan por una nueva posición social”, y participan junto a autores como Gutiérrez Solana –con un lienzo, en este caso sí, muy típico suyo, «Ante el espejo», de 1931, de 90×74- o Rafael Duramcamps, Pablo Gargallo, Joan Miró, Julio González, Francis Picabia, Josep de Togores y Pablo Picasso, de éste en concreto la escultura «Femme debout» y cuatro grabados de 1949, sobre el texto de Carmen de Mérimee; unos cuantos trazos muy sueltos en pequeños formatos y poco más.

( Óleo de Olga Sacharoff) (*)
En los años sesenta del siglo pasado, con el pop se ironiza sobre ciertos estereotipos femeninos, lo que se pretende reflejan las aportaciones de Miquel Barceló, Fernando Botero – la de éste de formato pequeño y simple, para lo que estamos acostumbrados a que nos ofrezca-, o la escultura colorista del Equipo Crónica, la «Menina del Guernica”, con algo más de enjundia. Y finaliza con la creación más actual, de artistas emergentes de final del XX, cuando el feminismo busca hacer visibles las desigualdades de géneros o las artistas reivindican su cuerpo, entre ellas la escultura de Esther Pizarro de desnudos deconstruidos, la fotografía de Mapi Rivera, o las obras de Yolanda Tabanera y un David Hockney muy simple.

( Óleo de Anselmo Miguel Nieto) (*)
En definitiva, una buena muestra de retratos femeninos, sobre todo de la época en que predominaba el arte figurativo, que en nuestro país felizmente fue unos años más, y que algunos, como nuestro Castilviejo, lo mantuvieron en la cumbre hasta nuestros días, aunque todavía no se le haya reconocido. A cambio podemos ver una de las obras, ya un tanto expresionista, de Anselmo Miguel Nieto, del que más interesante hubiera sido recoger cualquiera de sus famosos retratos femeninos, en los que influyera tanto su gran amigo Julio Romero de Torres.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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