Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Camilo Huéscar en Facebook) (*)
Como el trabajo iba viento en popa, los ingresos en metálico y especies también eran abundantes. Sin embargo en “nuestra” casita de Nazareth se vivía con total austeridad. La limpieza, el orden y la ausencia de caprichos inútiles, eran norma de la casa. Con los cuidados de lo necesario para vivir dignamente, las cosas duraban y duraban…
También surgían imprevistos o previstos que no admitían demora. Las limosnas que se daban a los más necesitados de Nazareth , de imprevistas nada. Las que, dicho sea de paso, no se distribuían de lo que “nos” sobraba, sino de lo que no sin sacrificio tantas veces “nos” privábamos. O sea, de lo necesario. Como Jesús y Myriam me decían con frecuencia que debían hacerse.
Un día, “los dos amigos” tuvimos que salir al monte a por madera. Se lo dijimos primero a Myriam. Hecha la recomendación de que cuidara de Él, partimos. Nos llevamos a Pequeña. Aunque viejecita la pobre, quería y podía seguir siéndonos útil.
Como me lo dijo se lo cuento:
-Parece Tarsicio -me dijo no sin voz de borrica, pero de pena, que viejecita ya no os sirvo para nada-. Pues te equivocas Tarsicio, dijo al tiempo de saltar junto al pesebre con una táina (coz) en el aire como en sus tiempos mozos.
– Se te ha puesto la cara de pasmado -me dijo con un rebuzno ahora que demostraba una importante capacidad en los pulmones.
Al rebuzno horrísono vino Jesús. Sonrieron “los dos”. La tomó entonces del ramal y caminamos en derechura al monte. Con el tronzador hicimos pronto madera.
-¡Pequeña, Pequeña! – llamé insistente. Había desaparecido. Almorzamos. Vino primero Pequeña acompañada de un borriquillo, también pequeño, pero joven y “apuesto”. Bueno, cuanto puede serlo un borrico… Detrás, una retahíla por demás conocida de otras veces. Siempre delante los dos nuevos amigos borricos, arrastraron el árbol aserrado poco antes hasta el corral. Menos la “pareja” todos volvieron luego a los pastos. Los dos, quedaron sueltos en la cuadra. Sin decir ni pío, el joven, marchó “callandito” una noche con los suyos.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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