Apócrifo II. 7. Confidencias de Pequeña

Por Carlos de Bustamante

( Dos burros. Óleo de Félix Cuadrado Lomas en cajaespana.es.obs.salavirtual .54×119) (*)

Estaba rara. Comía poco o se atracaba. Acudía presuroso cuando me llamaba con rebuznos angustiosos. Y no le sucedía nada. Caprichosa. Antojadiza.

-Vamos a ver, Pequeña, o me dices lo que te pasa o no te vuelvo a hacer caso en nada -le dije excesivamente contundente. Una vocecita a mis pies, hizo que cambiara de actitud con la viejecita borriquilla.

-¡Tarsicio, Tarsicio! -me recriminó Mykita desde el suelo-.¿Esque nunca te vas a enterar de lo que les sucede a las hembras embarazadas…? Después de dado el notición, guardó un silencio por demás elocuente. Me puse colorado como un tomate.

-¿Embarazada Pequeña a sus años…? -pregunté asombrado a la viuda que, experimentada, estaba “al cabo de la calle” en cosas de mujeres. Intervino Pequeña medio enfadada:

– ¿Pero qué bobadas estáis diciendo…? ¿Embarazada yo? Un rebuzno atiplado venido del exterior, hizo que a Pequeña se le subiera “el pavo” hasta las orejas. Era el asnillo joven y apuesto, aunque también pequeño que “por casualidad” pasaba por la puerta del corral de la casa de Myriam.

-Bueno…-,titubeó Pequeña-. Como vivimos donde vive Jesús que bien sé yo, –añadió vuelto el color a su cara-, que estando Él con nosotros y viendo todo lo que yo he visto, no podía negarme lo que le he pedido insistentemente.

– ¡Pero qué burra eres Pequeña! -le dije otra vez “metepatas”-. Es que Le pides cosas imposibles-. ¿Acaso no sabes que tú estás ahora sólo para “sopitas y buen vino”…? Me puso cara de haba ante palabras humanas ininteligibles.

-¡Burra, me dijo no sin enfado indisimulado, y bien burra -añadió muy tiesa- y a mucha honra! Pero como no te enteras, te lo tendré que explicar. Pero nada de comer esas cosas tan raras que dices y que deben de ser asquerosas, Tarsicio-; ¡¡ que no te enteras de nada!! , parece que finalizó el cabreo. Pero no.

-Precisamente por viejecita -continuó hasta dejarme con la boca abierta-. No quería morirme sin dejar descendencia que ayudase a Jesús y Myriam tanto como yo hice desde bien joven a toda esta Familia. Por eso y sin decirle nada, se lo pedí—finalizó- para mis adentros. O sea, con machacona insistencia. Sin palabras-. ¡Y me lo ha concedido!-declaró ya abiertamente. Recordé “como en una película” los servicios que, efectivamente, Pequeña les había prestado. No me miré a un espejo; pero no creo equivocarme si les digo que se me debió de poner cara de asno.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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