Los lunes, revista de prensa y red

“García Márquez menos el mito”, de Rafael Gómez Pérez, y “La cruzada progay del Banco Mundial”, de Rafael Serrano

( Baremos valencianos. Viñeta de Montoro en Libertad Digital el pasado día 25 de Abril ) (*)

GARCÍA MÁRQUEZ MENOS EL MITO

Artículo de Rafael Gómez Pérez publicado en Aceprensa el pasado día 22 de Abril

Llama la atención la lluvia de comentarios encomiásticos y superlativos que se ha producido a la muerte de Gabriel García Márquez. Dos motivos principales pueden explicar la magnitud y la coincidencia del homenaje. Primero, el que para los medios los contenidos culturales son acreedores de cierto prestigio; no viene mal, al lado de las cansinas noticias políticas de siempre, un toque de aprecio por el arte, la invención y la creatividad. Segundo, esto es un caso más de la alimentación de un mito, aceptado por millones de personas que quizá saben muy poco de Gabo. (Lo de Gabo también ayuda, la familiaridad, como si se le conociese de toda la vida).

García Márquez ha caído bien o mal, según donde caía, por su ideología de izquierda, aunque de una izquierda muy genérica. No es justo. Siempre es posible separar al autor de sus obras y de su ideología. Fascista fue considerado quizá uno de los mejores poetas del siglo XX, Ezra Pound. Comunista era Pablo Neruda y eso no impidió que hiciera gran poesía (aunque en cosas como la Oda a Stalin no se pueda decir lo mismo, no porque fuera a Stalin, sino porque es mala). García Márquez tuvo la habilidad de mantener su fe en un dictador desprestigiado (Fidel Castro) y, a la vez, promocionarse con facilidad en los países capitalistas.

Lo que se ha llamado “realismo mágico” ya existía antes de García Márquez
Cultivó el mito que en torno a él construían una notable colección de papanatas. Mereció el Nobel que le dieron en 1982, pero después de él el Premio fue a escritores de igual o de más talla: tres en castellano, Cela, Octavio Paz y Vargas Llosa. Y gente tan valiosa como el alemán Günter Grass, el sudafricano Coetzee o el turco Pamuk. Aunque, para ser justo, hay que añadir que García Márquez es mejor escritor que otros muchos que han merecido el Nobel en los últimos treinta años.

El viejo realismo mágico

Parte del mito en torno a García Márquez consiste en darle como inventor del llamado “realismo mágico”, cuando, si no la fórmula, la realidad estaba en la literatura desde hacía años, sin ir más lejos, en William Faulkner, cuyo influjo García Márquez reconoció honradamente (pero era evidente). De hecho las primeras obras de Vargas Llosa, anteriores a las de García Márquez, ya tienen mucho de ese realismo transformado. Por no hablar de Juan Rulfo (Pedro Páramo y El llano en llamas son de mitad de los años cincuenta), de Alejo Carpentier, de Miguel Ángel Asturias… Incluso antes: ¿qué, si no realismo mágico, hacía Valle-Inclán? Véase, como muestra, Flor de santidad.

La historia de la literatura está llena de ejemplos en los que se combina un realismo con un halo de indefinición, de distintos estilos. En realidad, toda obra de arte transforma la realidad de un modo mágico. Atribuir este “invento” al siglo XX y en particular a García Márquez es una muestra de ausencia de sentido histórico, además de ignorancia. Pero es el tópico y a él se rinden incluso cabezas inteligentes.

García Márquez es mejor escritor que otros muchos que han merecido el Nobel en los últimos treinta años

Lo mejor y lo peor

Ahora que se puede hacer un balance de la obra de Gabo, aconsejaría empezar por una novela breve, legible y nostálgica, El coronel no tiene quien le escriba (1961); seguiría con La hojarasca (1955) y los cuentos. Después, la inevitable Cien años de soledad (1967), no siempre fácil de digerir pero, en conjunto, una obra sólida y construida con pericia. Una de esas novelas, de las que no hay muchas, en las que el autor pone en pie todo un mundo.

El otoño del patriarca (1975), una obra de estilo preciosista pero prácticamente ilegible, fue un experimento de unos años en los que estuvo de moda hacer un valor de la ininteligibiidad y de la incomunicación. De hecho el autor dio no mucho después algo completamente distinto, casi periodístico, Crónica de una muerte anunciada (1981), un relato menor, lo mismo que El amor en los tiempos del cólera (1985). Está claro que García Márquez fue perdiendo fuelle con los años, como se vio, en 2004, con Memoria de mis putas tristes, una escritura de muy baja calidad.

Contar historias

García Márquez fue un excelente contador de historias, servidas en un lenguaje casi siempre muy inventivo, con giros nuevos o al menos novedosos. Pero no solo nos gusta oír contar historias; también nos gusta ver un pensamiento de fondo, una concepción del hombre, un motivo denso. Por eso son inmortales Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe… O, más modernamente, Tolstoi en Guerra y paz, o Dostoievski en casi toda su obra pero singularmente en Los hermanos Karamázov; o la larga evocación de Proust, o Thomas Mann en La montaña mágica…

No está entre los escritores en los que se advierte un pensamiento de fondo, una concepción del hombre, un motivo denso
García Márquez no está en ese grupo, en el que hasta ahora han entrado muy pocos. Está en el grupo de los que entretienen contando algunas historias asombrosas, que cautivan mientras duran, aunque al final dejen un no se sabe qué de inconsistencia. Esto es lo que se verá cuando el mito pierda fuerza y García Márquez esté donde le corresponde, uno más, aunque destacado, en una secuencia de excelentes escritores hispanoamericanos del siglo XX: Darío, Asturias, Rulfo, Lezama Lima, Carpentier, Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Uslar Pietri, Fuentes, Sábato, Bioy Casares, Neruda, Paz, Vallejo, Benedetti, Nicolás Guillén, Onetti, Donoso, Bolaño…

Es un fenómeno bien conocido en marketing: ante la abundancia y variedad de la oferta, algunos de los “productos” obtienen el favor de la popularidad. Esa promoción le llegó a García Márquez más que a cualquier otro. Por méritos propios pero no mayores que los de otros muchos. Por eso extraña que en una época en la que todo o casi todo se desmitifica se haya hecho de Gabo un mito que, en realidad, no se acaba de ver bien en qué consiste.

LA CRUZADA PROGAY DEL BANCO MUNDIAL

Artículo de Rafael Serrano publicado en Aceprensa el pasado día 16 de Abril

Muchas discriminaciones hay en el mundo, pero solo una impedirá que un país reciba créditos del Banco Mundial (BM). Su presidente, Jim Yong Kim, ha definido como “tarea urgente” el esfuerzo para “eliminar toda discriminación institucionalizada” contra los homosexuales.

El BM da dinero al Yemen, entre otros países donde las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres; a Myanmar, uno de los que maltratan a minorías; a China, que a esto último añade una discriminación institucionalizada contra los creyentes.

En cambio, Kim ha decidido suspender un crédito de 90 millones de dólares a Uganda porque allí se aprobó, a finales de febrero, una ley que penaliza los actos homosexuales. También ha ordenado una revisión general de las políticas de préstamo, para asegurar que el BM no contribuye a la discriminación contra los homosexuales, y se ha reunido con organizaciones gais para estudiar el asunto.

El presidente del Banco Mundial ha definido como “tarea urgente” la de “eliminar toda discriminación institucionalizada” contra los homosexuales

Decisión arbitraria

The Economist, que coincide con Kim en el deseo de igualdad de derechos para los homosexuales, sin embargo le critica por meterse donde no le llaman. El BM, señala el semanario en un editorial, tiene prohibido por sus estatutos desarrollar actividades políticas, y debe otorgar sus créditos y donaciones atendiendo a criterios económicos, en busca de la mayor eficacia para combatir la pobreza, que es su cometido. Adoptar la causa gay no está justificado por los fines del BM y además los perjudica.

En efecto, dice The Economist, el crédito dejado en suspenso era para mejorar las clínicas de maternidad en Uganda, país con una elevada mortalidad infantil. No dar ese dinero, que equivale a la quinta parte del presupuesto de sanidad ugandés, sin duda no va aliviar la pobreza de la población.

Además, leyes como la de Uganda hay en unos 70 países más, 38 de ellos africanos (la mayor parte del continente). Nigeria, también receptora de créditos del BM, aprobó en enero otra similar. Castigar a Uganda es una incoherencia que desacredita los motivos de Kim.

En fin, el enfoque progay que Kim quiere dar al Banco es arbitrario. “De las muchas formas de fanatismo que el Banco podría combatir –dice el editorial–, no está claro que las leyes antigay sean las más perjudiciales para los pobres”. Otras, como la discriminación contra las mujeres, tienen efectos mucho peores. Por ejemplo, no escolarizar a las niñas constituye un obstáculo serio al desarrollo, que es la competencia del BM.

La aceptación de la homosexualidad es una postura occidental, minoritaria en el resto del mundo

Presiones y provocación

The Economist comenta que el intento de Kim le reporta aplausos en Washington, pero tiene consecuencias perversas donde en definitiva interesa. “El banco es más eficaz cuando los países lo ven como un socio económico, no como un mandón que viene con imposiciones occidentales”. Cuando el presidente ugandés Yoweri Museveni firmó la ley de homosexualidad, dijo hacerlo, entre otros motivos, “para demostrar la independencia de Uganda frente a las presiones y la provocación de Occidente”.

Si Kim cree que con la suspensión del crédito impone una pena merecida al homófobo gobierno de Kampala, se equivoca. Golpea las cabezas de los ugandeses, porque ellos son los perjudicados, y además porque la opinión de Museveni es la del pueblo, como en casi toda África. Lo muestra una encuesta del Pew Research Center. A la pregunta de si la sociedad debe admitir la homosexualidad, responden “no” el 96% de los ugandeses, el 98% de los nigerianos… Ahí se ve que, en efecto, la aceptación de la homosexualidad es una postura occidental, mayoritaria en Norteamérica y Europa, y entre los latinoamericanos en menor medida, pero impopular en las otras regiones del mundo.

Eso explica que las campañas occidentales sean percibidas como un empeño imperialista en países tan sensibles por haber sufrido el colonialismo. Más aún porque, como no convencen a los destinatarios, solo pueden tener éxito mediante la coacción. Dijo The Economist cuando se aprobó la ley nigeriana: “Los reproches occidentales han frenado el progreso de proyectos de ley antigay en algunos países, como Malaui, que depende de la ayuda extranjera. Pero tales presiones tienen poco efecto en Nigeria, que exporta petróleo por valor de unos 200 millones de dólares diarios, principalmente a Occidente”.

El complejo de superioridad moral que muestra Occidente en materia gay lo hace ciego a las convicciones ajenas

Cruzada selectiva

El complejo de superioridad moral que muestra Occidente en materia gay lo hace ciego a las convicciones ajenas. El año pasado, parecía que Taiwán sería el primer país asiático en legalizar el matrimonio homosexual. Pero en noviembre, cuando unos parlamentarios presentaron la proposición de ley, una protesta pública congregó a más de 150.000 personas en Taipei. The Economist calificó la reacción popular de “sorprendentemente amplia”. Está claro que quien se lleva una sorpresa, no comprende. Y eso es lo que suele pasar con los occidentales que propagan el credo gay.

Si se pretende que otros muestren mayor tolerancia, habrá que entender sus razones, sin descartarlas como simple fanatismo. Será necesario convencerles de que pueden mantener sus ideas y formas de vida sin necesidad de penalizar los actos homosexuales; de que revocar tales leyes no implica abrir la puerta a la promoción pública de algo que consideran reprobable y socialmente dañino; de que ello tendría ventajas, como favorecer la lucha contra el sida al facilitar la detección de infecciones en homosexuales, que son un grupo de riesgo (aunque no el principal en África).

En cambio, con el sermoneo y el pisar fuerte que a menudo se emplea, los líderes occidentales pueden sentirse muy satisfechos de sí mismos, pero no tienen credibilidad entre aquellos a quienes dirigen sus advertencias. Cuando Museveni firmó la ley antigay, la Secretaría de Estado norteamericana reaccionó con una severidad que no se le ha visto frente a desmanes del régimen chino. Sabemos que Estados Unidos y sus aliados no pueden parar todos los males del mundo. Precisamente por eso, la cruzada selectiva a favor de los homosexuales resulta contraproducente.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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