Cómo viví el 23-F

Por Carlos de Bustamante

( Academia de Caballería, Valladolid. Acuarela de José María del Fraile Galán) (*)

Ciertamente es un embrollo de personajes los que cuentan su versión en el documentado libro de Pilar Urbano, “La gran desmemoria”. De una forma mucho más sencilla, y por vivida absolutamente cierta, les diré en un breve artículo como vivió este viejo foramontano la ya histórica fecha del golpe abortado.

Teniente Coronel de Infantería el que suscribe en el Regimiento de San Quintín nº 32 (de Infª), mandaba a la sazón el único batallón armado del Regimiento citado. Cuatro compañías mecanizadas al completo. Soldados de Reemplazo, pero con instrucción y moral del más alto nivel. Tropa de fiar en grado sumo.

Casualmente de servicio ese día el que suscribe como jefe de cuartel y Tte. Coronel al mando del Batallón, recibí de mi Coronel -Villacastín q. e. p. d. -, la orden de “generala”. No había finalizado de vibrar la “voz” insistente del cornetín, cuando el batallón de los soldados residentes en el acuartelamiento, estaban formados con vehículos repostados en marcha y armamento con munición al completo.

Todos los mandos más los soldados con “pase de pernocta”, se incorporaron a las respectivas unidades donde estaban encuadrados en un tiempo inverosímil por lo breve. Hubo, ciertamente, sorpresa y comentarios por lo bajines de a qué sería debido aquello; lo que en absoluto era un infrecuente ensayo. Pero los ojos puestos en el mando, denotaban seguridad y disposición sin titubeos, para lo que fuese.

Sólo los capitanes de compañía y subalternos en ellas, recibieron información lo más exhaustiva, que no era mucha, de lo que con anticipación tenían noticias retransmitidas por la TV. presente por entonces en todas las casas. A la espera de órdenes superiores, señalé objetivos, previstos en instrucciones internas, para casos de emergencia graves, como era el presente.

Como en concreto no había más –ni menos- que un alto grado de alarma, me uní al grupo del resto de los jefes en torno al Coronel jefe del Regimiento en espera de órdenes, quien, a su vez, las esperaba del Capitán General –Tte. General Campano; implicado o con conocimiento, por cierto, en el posible “golpe”- pegado al teléfono por el que recibiría la decisión última de marchar hacia los objetivos previstos: principalmente de comunicación y abastecimiento de agua o luz a la capital. Horas de incertidumbre que, con la mayor calma, esperábamos. Y por qué no decirlo que aquello, y dada la insostenible deriva del Gobierno, se hiciera realidad.

Con la perspectiva, -hecha pública por la periodista en quien creo por impecable profesionalidad-, de los años transcurridos, no parece que “aquello” fuera sólo un “ruido de sables”; sino algo minuciosamente preparado por las más altas esferas de la Nación. Y nosotros, ¿simples? ejecutores de lo, en mi opinión, equivocada o no (quede esto bien claro), deseado o esperado por una gran mayoría de las Fas.

En mi Regimiento, sólo uno de los mandos de compañía no acudió al toque de generala, con la disculpa más o menos creíble de que estudiaba para el curso de jefes y que él lo consideraba preferente. Ni que decir tiene que el que suscribe ordenó su presencia ¡de inmediato!-como así hizo-, para ponerse al mando de su unidad. Le fue “leída la cartilla” en términos de dureza extrema; como en opinión del entonces superior lo estimó con arreglo al Reglamento inscrito e indeleble en cada soldado de España. La dureza, insisto, extrema, suplió al correctivo más que merecido.

No sin la más grata de las satisfacciones, hoy puedo decir y digo, que por la reacción posterior del que cometió la falta grave, es de los mejores (si no el mejor) de los amigos de que me precio tener.

Fueron horas de incertidumbre, ansiedad y expectación máximas. Horas donde sin decantarse nadie a favor o en contra del golpe, todos los mandos sentimos la responsabilidad de la estricta obediencia a nuestros superiores. Horas en los que tuvimos todos muy claro que no es nuestra vocación la de integración en partido político alguno en razón de su ideología, sino en la clara preferencia por el bien superior del Servicio a Dios y a España en nuestras FF.AA. Servicios ambos con la subordinación jerárquica que asumimos con juramento a Dios en quien creemos; y en el mismo Acto promesa a la Patria a quien amamos desde este punto de vista, principios inmutables. Los que desde ese momento nos son sagrados. Así y sólo así es entendible nuestra entrega y dedicación. La misma que, honradamente, quisimos transmitir a los soldados que en el Servicio Militar obligatorio nos fueron encomendados. Y parece, pues, que notablemente asimilados cuando en acontecimiento tan singular por lo excepcional, no hubo la más mínima duda en cuanto a la total obediencia y disciplina mostrada en cuanto surgió la alarma con el toque del cornetín apropiado a estos casos o la llamada por teléfono a los ausentes debidamente autorizados.

Con mayor o menor identificación de cada uno con el golpe abortado, en el gran patio de armas del Regimiento, estaba la Unidad Armada al completo y a disposición incondicional del Mando. Veintitrés de Febrero que, junto a las inolvidables vivencias africanas, permanecerán grabadas para siempre entre los recuerdos de este viejo Coronel de hechos extraordinarios de los que siempre tendremos muy claro el sentimiento y voluntad del deber cumplido.

Los demás sucesos e incertidumbres narrados por la gran periodista a la que creo, no son los que preocupan a los que muy por encima de suposiciones o realidades, tenemos siempre presente la consigna que figura en el frontis de todos los acuartelamientos y de todos, también, conocido.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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