Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Manuel Gutiérrez de la Concha, en el libro homenaje editado por Caja Cantabria) (*)
A pesar de que existen datos fidedignos, incluso en demasía, no me resisto a emplear siquiera unas líneas, para dejar constancia de que nada tan grato como consignarlos es éste pequeño trabajo. El que no en vano lleva nombre en el blog “Tres foramontanos en Valladolid” de lo tratado y por tratar en esta serie de artículos por dos al menos con ascendencia directa montañesa. Con un tercero -castellano viejo y tal vez descendiente de aquéllos de nuestra historia- que, bajo su tutela, nos es posible comunicarles tan buenas nuevas.
Me perdonarán lo repetitivo de algunos datos históricos. Me lleva a ello la novedad para los que, sin seguir la “serie” desde los inicios, los desconozcan.
La Ruta de los Foramontanos sigue los pasos de las gentes que fueron a repoblar Castilla desde Cantabria en el siglo IX a través de la Cantabria más rural.
En Mazcuerra, a la orilla del Saja que discurre por la Hoz de Santa Lucía, se inicia la Ruta de los Foramontanos, que atraviesa el los municipios de Cabuérniga y Campoo de Suso hasta llegar a Castilla. En el año 860 el rey Ordoño I decide repoblar las ciudades desiertas de la cuenca del Duero, cuando todavía Castilla no era conocida como tal. Los hombres del norte que remontaron el valle de Cabuérniga en los primeros tiempos de la Reconquista se conocen como foramontanos, palabra derivada de la latina “foras monte”: los que salieron fuera de las montañas. La elevada población al norte de la cordillera cántabra también motiva estos movimientos repobladores. Los primeros repobladores y restauradores del orden cristiano más allá de las montañas se mueven impulsados por un instinto de libertad cristiana, ya que se convertían en ciudadanos libres e independientes amparados por el fuero.
Castilla se construye por el impulso de las gentes que abandonaron la estrechez de las montañas del norte, abriéndose camino a la meseta a través de los valles cántabros, sin miedo al ataque musulmán, buscando la cuenca del Duero. Entre los numerosos caminos por los que el foramontano se dirige a Castilla, el más conocido es el que parte de Mazcuerras y se adentra hacia el río Saja en dirección a Cos hasta el límite de Ruente. La ruta continúa por el término municipal de Cabuérniga hasta los Tojos. El último tramo señalizado de la ruta de los foramontanos finaliza en Colsa.
El valle de Cabuérniga es amplio y cuenta con un gran terrazgo pero está perfectamente encajado en la geografía del lugar. La principal vía de acceso es por el norte a través de la hoz de Santa Lucía, que es un paso natural para atravesar la sierra del Escudo de Cabuérniga. Paso que fue vía natural y de inicio para los foramontanos (recuerden: “foras monte”) hacia la meseta. A causa de su geografía compartimentada, el valle es un ejemplo de conservación de la cultura y modo de vida tradicionales.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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