Por Carlos de Bustamante

( Lincoln Memorial en Washington) (*)
“Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Y se quedó tan oreado. ¡Y nació la democracia! O sea, y aunque con la ayuda del precursor Juan Jacobo Rouseau, renació. Porque fue un invento con siglos de antigüedad desde los griegos y romanos de épocas que se pierden en el tiempo. No perduró. El mismo pueblo clamó por la monarquía. Institución ésta con forma de gobierno muy anterior al nacimiento de Cristo. ¿Es que entonces soy más partidario de la monarquía que de la democracia? Pudiera. Y de hecho tengo mis particulares preferencias. Las que no me pete desvelar.
Créanme si les digo que mi profesión activa y la política son incompatibles. Es de sobra conocida la misión de las FF.AA. en cualquier nación o estado. (Véase si no la Constitución que en esto parece la gran desconocida). Sólo en casos extremos de hecatombe nacional, el Ejército puede tomar las riendas del gobierno hasta restablecer el orden, independencia, unidad, o soberanía. Sin remover memorias históricas tergiversadas, el ejemplo de España, vivido, aunque nos pudiera parecer reciente, tiene casi un siglo de antigüedad. Y como muestra, vale un botón. Ya le pondría yo a don Abrahán su sentencia como frontispicio -y perdonen la redundancia- pegado en la frente.
¿Les suena lo del “frente popular”? : fue -es- la esencia del mal gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Si es, sobre todo como sigue:
¿Acaso, digo, es lo mismo pueblo que populacho? Defensor a ultranza de nuestros pueblos y de quienes con dignidad y nobleza encomiables los habitan y habitaron, en esto creo opinar con conocimiento de causa.
Me dice un buen amigo, tan culto como testarrón, en el mejor de los sentidos, que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno. Sin tocar para nada la política, vuelvo mis ojos a la historia. Verdadera “mater et magistra”.
La reciente (¿ ?) vivida. De niño. La antigua, estudiada. A fondo. ¿A cuál hacer más caso? Como algunos o muchos historiadores la escribieron de forma parcial, acudo primero a la vivida o sufrida. Mejor: y sufrida.
Aunque pudiera alargar lo escrito hasta hacer necesario otro sobre el mismo tema. No obstante, lo inicio:
“Quien no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo gobernar la de los demás?”.Me suena a cita bíblica. La pregunta surge como los hongos tras la lluvia y temperatura bonancible:
¿Cómo gobernar la propia casa y, por extensión, la casa de todos, que es la Patria? Sería interminable la lista de cualidades de la persona-hombre o mujer- encargada de tales menesteres. Para evitar fárragos, citaré la que creo fundamental, para que la frase iluminada de Lincoln, pueda ser útil: con un grado mejor cuanto mayor sea ¡¡de cultura, hombre, de cultura!! Si falta en el que gobierna o en los gobernados en general, ¡no me vale! ¡No nos vale! Sería, digo, sin pontificar, una democracia fundada sobre arena. Sin consistencia. Y expuesta a derrumbarse estrepitosa al menor vendaval. El que suele provenir del pueblo revuelto o tendenciosamente adoctrinado. Frente popular. Dictadura del proletariado. Mentira encubierta so capa de justicia. Servidor, saca sus consecuencias. ¿Ustedes…? Allá cada cual con su cada cuala ¡Viva la libertad!: dentro, claro, de un orden. ¿Vale? Pues vale.
Por favor, digo por último, no tropecemos más veces en la misma piedra. Es mucho lo que costó “a unos y otros”. Y otra vez por favor, ¡no me vengan con memorias históricas partidistas, ni músicas celestiales! Que ya huelen.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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