Por Carlos de Bustamante

( La Gloria. 1552-1554. Óleo de Tiziano Vecellio di Gregorio en el Museo del Prado. 346 x 240) (*)
Confusión o asombro, que no es lo mismo. El esclavito que lo fue de Myriam y José, vio -vi- cómo con el “sí” (fiat) de mi Ama y Señora, el que era y es Hijo de Dios, se encarnaba -tomaba cuerpo- en las entrañas purísimas de Myriam siempre Virgen. Y antes, cómo el Espíritu Santo descendería sobre Ella, para que se realizase el prodigio. En Ella, pues, vivió el Hijo de Dios -Dios nonato- nueve meses. Dios, por tanto, aun no nacido por obra de Dios Espíritu Santo. Estos mis oídos oyeron cómo Jesús, Jahveh, YO SOY, Dios, llamaba Abbá (Padre) a su Padre Dios.
Tarsicio, esclavito, libre, etíope y negro, no entendía absolutamente nada: el mismo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo distintas Personas y a la vez un solo Dios. Confusión total en mi mente. Pero por lo visto y oído era una verdad como un templo. Por esclavito y Amigo de Jesús, creí y basta. Algún día, digo yo, alguien me aclararía la indescifrable para mí confusión mental.
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