La colección Iberdrola, en el Patio Herreriano

Por José María Arévalo

( “Bodegón de las afueras”. 1957. Óleo de Antonio López en la exposición de la colección Iberdrola en el Patio Herreriano) (*)

Distinguíamos la semana pasada, al comentar la exposición “Del realismo a la abstracción” del Colegio Lourdes, entre pintura figurativa, pintura abstracta y pintura abstracta pero de motivo figurativo, en la que se reconoce una parte de la realidad que nos rodea, aunque deformada o transfigurada por el pintor; y ya les anunciábamos que recogeríamos una reseña de la colección de Iberdrola que podemos ver estos días en el Patio Herreriano, en la que hemos encontrado igualmente esta triple oposición. Pero lo cierto es que en ésta hay un solo cuadro realista, “Bodegón de las afueras” que pintara Antonio López en 1957, y dos figurativos abstractos, con predominio del color el de José Ramón Amondarain –“Stella Ritcher” de 2008, y próximo al surrealismo el de Guillermo Pérez Villalta –“Babel”, 2010-. Todo lo demás –fotografías aparte- es pura abstracción y formas matéricas. Un poco desilusión.

Iberdrola ofrece 60 obras de su patrimonio artístico durante cuatro meses, hasta el próximo 11 de enero, bajo el título “La piel translúcida” , en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, que se pueden ver gratuitamente, con pinturas y esculturas (en una de las salas de la tercera planta) de figuras renombradas de la abstracción contemporánea como Eduardo Chillida, Antonio Saura, Jorge Oteiza, Luis Gordillo, Pablo Palazuelo, Jaume Plensa o Antoni Tàpies, entre otros, así como (en sala contígua) fotografías de maestros internacionales como Francesca Woodman, Cindy Sherman, Robert Mapplethorpe o Thomas Ruff.

‘La piel translúcida’, que este mismo año se ha podido ver en Bilbao y es la primera vez que sale de la capital vasca, refleja la evolución de la compañía desde su consolidación como empresa del sector eléctrico en España, a mediados de este siglo, hasta su reciente expansión internacional, según explicó Becker, director de Recursos Corporativos de la compañía. También dijo que demuestra el mecenazgo de la compañía con el patrimonio, el arte y la cultura, y con las vanguardias y la modernidad, y que espera que la exposición, que en Bilbao fue visitada por más de 15.000 personas, sirva para seguir “generando dinamismo en una ciudad moderna y en constante progreso”. El dinero que se recaude con la venta del catálogo de la exposición será entregado al Banco de Alimentos de Valladolid.

El comisario de esta exposición, Javier Esgonzá de Durana, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ex director del museo Artium, de Vitoria, y del museo Balenciaga (Getaria), explicó en la inauguración que con esta muestra se intenta demostrar los vínculos que existen entre todas las piezas de la colección de arte de Iberdrola, formada por cerca de medio millar de obras. “El arte es un cuerpo que tiene piel y la piel que vemos en el arte es la imagen que nos muestra, su signo. Pero detrás de esta imagen, de este signo, hay un significado, que es lo que busca el artista” dijo en referencia al título de la exposición. “A veces el signo es tan translúcido que deja pasar la luz y permite ver lo que hay al otro lado, pero a veces la piel es tan opaca que requiere hacer un esfuerzo mucho mayor para comprender la intención del artista. Al final, lo que vale es el esfuerzo del observador por componer su propia idea, su propia intención, aunque muchas veces sea muy alejada a la que planteó el artista”.

( Una de las salas de la exposición Iberdrola en el Patio Herreriano) (*)

Coligo así que nos ha presentado una colección de arte más bien opaca por la imposibilidad de acercarse en ella a una realidad artística inteligible. Me ha recordado aquellas líneas que escribiera Picasso antes de morir, su testamento artístico, que publicamos hace años en estas páginas, y que no me resisto a reproducir de nuevo como colofón a estos dos artículos sobre el realismo y la abstracción. La tomé del segundo número de la revista Hartismo, y que puede verse todavía en http://www.hartismo.com/descargas/revista/harte_0002.pdf

“Confesión de Picasso a la que hace alusión el texto anterior. Picasso, el gran mutante, el inventor de formas y superformas, cuando tenía 83 años y no tenía nada que perder, dijo: “Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta que el arte, tal y como se lo concebía hasta el final de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía (…) Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.

«Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento».

«Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte poco a poco relegado a los museos y a las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatenería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso.

Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza.

En la actualidad como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra». «Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda aparecer, pero que tiene el mérito de ser sincera”.

Lo cierto es que solo por ver el cuadro de Antonio López, aunque es de formato medio –pequeño en comparación con todos los demás expuestos, y no digamos con las fotos- y de su estilo de los años cincuenta, menos perfeccionista que en su obra actual, vale la pena acercarse al Patio Herreriano.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm9.staticflickr.com/8598/15368880404_538fccee70_b.jpg
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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