Arquitectura religiosa olvidada. 47. En Urueña . III, Monasterio de El Bueso

Por José María Arévalo

( Ruinas del Monasterio de El Hueso ) (*)

Acabamos los capítulos dedicados a templos desaparecidos en Urueña, con la reseña del que fuera Monasterio de El Bueso de monjes Benedictinos. Incluimos primero el texto que al mismo dedica el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que venimos reseñando. Y lo completamos con una interesante relación de los avatares por los que pasó este Monasterio, que tomamos del estudio “Abadologio del Monasterio de Ntra. Sra. de la Anunciación del Bueso (1460-1789)” del Dr. Ernest Zaragoza Pascual, Academico C. de la Real de la Historia.

Urueña

Monasterio de El Bueso de monjes Benedictinos

El monasterio del Bueso fue de la orden de San Benito y estaba, poco más o menos, a 1 kilómetro del pueblo en dirección suroeste, en las cuestas que se levantan frente a la Puerta de la Villa. En lo alto, cerca del nivel de páramos, surge una fuente remansada en un estanque cuadrado, que sería la que mantendría al cenobio en sus necesidades. Es incierta la fecha de fundación pues nunca tuvo archivo documental ni se enterró en él nobleza de renombre, si exceptuamos que en una pared de la iglesia, bajo un arco, descansaban los restos de Don Bueso, personaje que fue muerto por Bernardo del Carpio, el del cantar de gesta (J. ORTEGA RUBIO, Tomo 11, p. 21: Otro romance popular se conoce en Asturias, que comienza así: Camina Don Bueso / mañanica fría / a tierra de moros / a buscar amiga).

Puede ser que este caballero lo fundara, pero circula otra leyenda en la comarca que habla de unos caballeros, encabezados por Diego Martínez de Villamayor, retirados desde el cercano monasterio de la Espina y que hicieron donaciones a diversos cenobios. Por último, el Merino de Saldaña a fines del XIV que también se llamaba Don Bueso, terminó viviendo en el convento cercano de Villalbín, orden franciscana, y luego se apartó al lugar en donde se hallan los restos del monasterio del Bueso. Mézclense todas estas historias y resultará la confusa historia que la tradición popular nos ha trasmitido (R. PUENTE p. 39).

En el XVI se renovó la iglesia. El monasterio fue abandonado a principios del XIX y se arruinó inmediatamente, pues a finales del siglo sólo se conservaba la torre, y en mal estado. Los restos, conocidos popularmente como Monasterio del Hueso, son hoy algunos paredones en el campo (Catálogo Monumental, Mota del Marqués, p. 260. Cart. Militar de España: Hoja 14-14, 1/50.000, «San Pedro de Latarce», del Servicio Geográfico del Ejército, año 1984. Cuadrícula 316 4622. Figura una construcción llamada Casa del Hueso, y el pago El Hueso. M. J. Mas Marqués p. 87).

( Ruinas del Monasterio de El Hueso en Urueña) (*)

Abadologio del Monasterio de Ntra. Sra. de la Anunciación del Bueso

El estudio “Abadologio del Monasterio de Ntra. Sra. de la Anunciación del Bueso (1460-1789)” del Dr. Ernest Zaragoza Pascual, Academico C. de la Real de la Historia, aparece en la red y contiene en primer lugar una referencia de los avatares por los que pasó, desde que los Duques de Osuna, cuya era la propiedad del monasterio, en 1450 construyeron una capilla dedicada a Ntra. Señora, la cual confiaron a los «beatos» que poblaban las ermitas próximas, hasta “1835 en que sobrevino la exclaustración general, tras la cual quedó el monasterio abandonado y luego convertido en ruinas, de las cuales hoy apenas quedan vestigios. Asi acabó el monasterio del Bueso tras 475 años de vida monástica”.

“El antiguo monasterio benedictino –comienza el Dr. Ernest Zaragoza en este trabajo- de Santa María de la Anunciación de El Bueso, estaba situado cerca de la villa de Urueña (Diócesis de Palencia, hoy Diócesis y Provincia de Valladolid ) denominado por los naturales del lugar monasterio del Hueso o de Don Bueso, ocupaba el centro de un pequeño valle, muy fresco, rodeado de una extensa zona árida y en medio de un bosquecillo, que seguramente dio nombre al lugar, si Bueso viniese del latin “bosetum”.

Los Duques de Osuna, cuya era la propiedad del monasterio, en 1450 habían construido una capilla dedicada a Ntra. Señora, la cual confiaron a los «beatos» que poblaban las ermitas de Valdebusto, Hontanar y El Espinar, formando una congregación de eremitas, que seguían el tenor de vida de la llamada media regla de San Leonardo, no oficialmente aprobada por la Iglesia. Las ermitas del Bueso y la de Valdebusto, por el lugar y los edificios serían sin duda las más a propósito para monasterio. Sin embargo, sea por decadencia, sea por tener más seguridad de pervivencia, el superior Fernando Tibona y algunos de sus compañeros se pasaron a los dominicos de Toro y expulsaron a los ermitaños restantes. Estos acudieron al prior del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, que entonces lo era Fr. Juan de Gumiel, quien les dio amparo y con el permiso del papa Eugenio IV les dio el hábito benedictino en 1459 o 1460. Y como era costumbre al profesar, los ermitaños hicieron donación de cuanto tenían en El Bueso al monasterio de Valladolid, donde al poco tiempo se les unió Fernando Tibona.

Ya profesos los ermitaños, acompañados de otros monjes vallisoletanos, fueron enviados al Bueso para transformar el eremitorio en monasterio benedictino observante, según el estilo de vida del de Valladolid. Para ello a primeros de abri1 de 1460 habían obtenido el permiso del obispo de Palencia, Don Pedro de Castilla, en cuya diócesis estaban enclavados tanto El Bueso como el monasterio de S. Benito de Valladolid. El prelado, no siéndole posible ir personalmente a hacer la fundación a causa de ciertos negocios importantes, el 14 de abril del mismo año comisionó al sacerdote Domingo Rodríguez, vecino de Valladolid para que en su nombre presidiese la fundación. En efecto, al día siguiente, en compañía de los nueve monjes fundadores, a saber: Fr. Juan de Toro, único sacerdote, y los ocho «monjes de manto» -que así eran llamados los monjes de coro no ordenados “in sacris”, que serían los antiguos ermitaños que habían profesado la observancia benedictina en Valladolid, a saber: Fr. Andrés de Casasola, Fr. García de Coca, Fr. Ángel Rodríguez de Urueña, Fr. Pedro de Valderrábano, Fr. Alfonso de Villerías, Fr. Juan de Fuentes, Fr. Jerónimo de Toro y Fr. Alfonso Abegannes -por cierto sin que aparezca entre ellos Fernando Tibona, si no es que cambiara su nombre al profesar-, Domingo Rodríguez, en presencia de! notario Juan Sánchez de Cantalapiedra, se personó en El Bueso, donde tras presentar la delegación del obispo palentino “para retornarlas (las casas del Bueso y de Valdebusto) en monasterio con todos los edificios, ansi yglesia, como claustra e cimiterio, e lo otro necesario en lo semejante porque ellos mejor puedan estar ansi quanto al encerramiento como a las otras cosas que su regla e orden lo quiere”. La comisión episcopal incluía “la fundación de dichos monasterios en las sobre dichas casas del Buesso e (Valde) Gusto (sic), en cada una dellas, dando a los prior e monges que en ellas y en cada una dellas que obieren de estar e vivir cierto término e sitio dentro del qual sea su encerramiento e clausura, tanto en quanto ellos vieren que les es necesario e cumplidero, señalándoles ottrosí lugar para la iglesia en la qual los officios divinales sean celebrados e estuantando nuevamente altar e poniendo primarium lapidem e erigendo ibi crucem para que perpetuamente allí sea adorada, señalándoles otrosí lugar para monasterio e sepulturas e todas las oficinas necessarias e convenientes e acostumbradas, licitas e honestas a semejantes cassas e monasterios».

Efectivamente, Domingo Rodríguez con toda solemnidad litúrgica señaló el lugar donde debía edificarse la iglesia, claustro, cementerio y oficinas así como una porción de terreno para huerta, mediante la plantación de cinco cruces de palo, una donde había de estar la iglesia y las otras cuatro en la dirección de los puntos cardinales, señalando así los limites, dentro de los cuales debía edificarse el monasterio con su iglesia. Este documento es interesantísimo porque refiere con detalle la ceremonia de la colocación de la primera piedra y fundación del monasterio, y así nos da a conocer el ceremonial litúrgico usado entonces en semejantes fundaciones. Además de bendecir la primera piedra, el delegado episcopal dijo la primera misa en el oratorio existente y ordenó que el monasterio se llamara de Ntra. Sra. de la Anunciación del Bueso. Advocación mariana elegida sin duda por los monjes vallisoletanos que también dieron advocaciones marianas a las fundaciones ex novo, de Ntra. Sra. de la Consolación, de Calabazanos y Ntra. Sra. de la Misericordia de Frómista.

Acabada la ceremonia de la fundación, los monjes ocuparon la ermita con su oratorio, donde residieron mientras levantaban los edificios del monasterio. Sin embargo, la comunidad tuvo desde el principio muchas dificultades económicas, puesto que en el mismo año de la fundación los monjes vendieron ciertos objetos de plata y telas, y tuvieron que pedir dinero prestado al monasterio de Valladolid, tal como nos lo muestra la carta de pago del 3 de octubre de 1465. Además de estas dificultades económicas tuvieron otras como los frailes de los conventos del Abrojo y de Almohadilla, que reclamaban ciertos derechos sobre el del Bueso. Para colmo de males, el antiguo superior Femando Tibona, arrepentido de haber entregado El Bueso a los vallisoletanos, abandonó el monasterio de Valladolid y regresó a los dominicos de Toro, llevando consigo escrituras del Bueso. Llamóle varias veces el prior Fr. Juan de Gumiel para que regresara a Valladolid y el 2 de enero de 1461 castigóle con censuras, pero todo fue inútil. En esto murió Tibona en Toro, pero tampoco los dominicos querían entregar las escrituras que éste había llevado consigo, pues algunos delos antiguos beatos habían profesado en su orden y El Bueso, decían, era de todos. Finalmente intervino el obispo de Palencia, gracias al cual las partes aceptaron el arbitraje de Juan Rodríguez de Toro, prior de la colegiata de Valladolid, quien falló a favor del monasterio de San Benito, cuya sentencia ratificó el papa Pio II el 1de febrero de 1463. Desde entonces EI Bueso quedó en paz y poco a poco, a pesar de su poca renta fue levantando los edificios monásticos.

En 1490, Juntamente con los priores de Sto. Toribio de Liébana y Ntra. Sra. de la Misericordia de Frómista, el prior del Bueso acudió al papa para que le permitiera seguir eligiendo libremente prior, sin que el de Valladolid pudiera hacer otra cosa que confirmar al electo, igual que habían pedido el abad de Oña y el prior de San Juan de Burgos. Al fin, se hizo una concordia entre todos estos monasterios y el de Valladolid, que fue ratificada por el prior general Fr. Juan de San Juan de Luz, precisamente en El Bueso, el 4 de junio de 1492. Desde este momento nada sabemos de la vida del monasterio, hasta el de 1524, en que un incendio destruyó casi todos los edificios, por lo que su prior acudió a! capitulo general celebrado este mismo año pidiendo ayuda a los demás monasterios de la Congregación para reconstruirlo. La Congregación accedió a sufragar los gastos de dicha restauración, pero sólo con la condición de que Carlos V la aliviara de los donativos reales, cosa que hizo el monarca el 5 de agosto del mismo año. Con esto pudo restaurarse el monasterio, gracias también al de Valladolid que le cedió temporalmente el producto de su granja de San Juan de Barrantes, hasta que en 1544 se la reclamó. Mas como el prior del Bueso se resistía a devolvérsela, tuvo pleito con el monasterio de Valladolid, al que fue restituida merced a una sentencia arbitral, porque la había recibido de la abadía de S. Esteban de Ribas de Sil, a cambio de su priorato de S. Viente de Pombeiro.

Desde 1460 el monasterio del Bueso habia sido regido por un prior trienal. El capítulo general de 1538 le dio el título de abad y al monasterio el de abadía, pero continuando como filiación de S. Benito de Valladolid. Dicho abad, cuando era requerido para ello, tenía el privilegio como los de Carrión y Frómista, de presidir con uno de sus monjes la elección del abad de Valladolid, que era al mismo tiempo abad general de toda la Congregación.

Pero la comunidad gozó pocos años del derecho a elegir a su abad, porque el capítulo general de 1559 acordó que los abades de las casas con menos de siete monjes de comunidad -era el caso del Bueso- fueran elegidos por los definidores en el capítulo general trienal. Sin embargo, las constituciones de 1563 le asignan diez monjes de comunidad, de acuerdo con el volumen de sus rentas. No obstante, el monasterio del Bueso había ido perdiendo categoría desde su fundación, porque en 1503 ocupaba el decimotercer lugar en el capítulo general, en 1509 el vigésimo, en 1541 el vigésimo noveno y en 1563 el trigésimo sexto y último lugar.

Además, el capítulo general de 1586 le prohibió recibir novicios, al igual que los otros monasterios de poca comunidad. El de 1595 decidió entregarlo a la abadía de Silos como compensación por la pérdida de su priorato de San Martín de Madrid, que contra la voluntad del monasterio silense fue convertido en abadía independiente. Sin embargo, el abad de Silos se quejó en el capítulo de 1598, de que no había podido tomar posesión del Bueso, porque el de Valladolid había obtenido de la Santa Sede el Decreto de “nihil transeat”.

El capitulo general de 1607 acordó dar El Bueso a la abadía de Sahagún, a cambio de la de San Bartolomé de Medina del Campo, adonde se quería trasladar el colegio de pasantes de S. Juan de Poyo, pero el trueque no tuvo efecto, porque las condiciones exigidas por el abad sahaguntino no convinieron a los intereses de la Congregación.

Los capítulos generales de 1617 y 1621 acordaron reservar al abad general el nombramiento de los abades de las casas pequeñas, entre ellas El Bueso. Y el de 1625 le concedió 500 ducados en cuatro años para reparo de sus edificios. Luego siguen años de silencio en la documentación existente, hasta la visita del abad general Fr. José Gómez en 1673, el cual prohibió que entrara en el monasterio mujer alguna para el servicio doméstico.

En 1722 El Bueso sufrió un segundo incendio, que casi lo redujo a cenizas. Y como no tenía suficientes rentas para poderse reconstruir, el capítulo general de 1725 propuso reducirlo a simple priorato con uno o dos monjes. Sin embargo, el siguiente capítulo de 1729 acordó su redificación, asignándole los tercios del de San Juan de Poyo. Así lo ratificó el capítulo de 1733, que además aceptó el breve pontificio que nombraba abad perpetuo al que lo era entonces, aunque luego no se llevó a efecto, porque en 1734 el rey concedió a la Congregación la exención del pago del subsidio y excusado, para que su importe se empleara en la restauración del monasterio.

En el capítulo general de 1761 el abad general Fr. Jose Tost propuso que El Bueso dejara de ser abadía y que sus rentas se aplicaran al de Sto. Toríbio de Liébana, que se quería convertir en casa de benedictinos recoletos. No fue aceptada su proposición, y el capítulo de 1765 dispensóle de contribuir a los gastos comunes de la Congregación a causa de sus pocas rentas.

En el capítulo general de 1789, el abad general Fr. Benito Iriarte, propuso que «en atención a que en el monasterio del Bueso no havía conventualidad ni regularidad alguna, parecía no ser conveniente la dignidad de abad capitular, y por lo mismo juzgaba justo se suprimiese el voto que había tenido hasta aquí en los capítulos generales el abad o prelado de aquel monasterio. Propuso assimismo que se tratase con alguna casa sobre la unión a ella de dicha abadía del Bueso, bajo los pactos y condiciones que se ajustasen y conviniesen entre los diputados que nombrase la Santa Congregación y los elegidos por el monasterio con quien se contratasse. Y por la parte de la Congregación nombró Su Rma. a los PP. MM. Fr. Bernardo Foyo, Fr. Agustin Lasanta y Fr. Buenaventura Ordoñez, y en quanto a la supresión del voto se resolvió que se votase, y executado, salieron setenta y dos habas blancas a favor de la supresión y otras siete negras en contra”.

La comisión acordó que el abad general enviase al Bueso «a un monge de su satisfacción con título de abad, para que en el espacio de seis meses averiguase el valor y emolumentos de las haciendas y regalías de dicha abadía, como asimismo se da facultad a Su Rma. para que instruido de lo dicho pudiese contractar con la casa o casas de la religión que le pareciere, a fin de executar la propuesta y agregar su producto limpio y seguro para los gastos de la Congregación».

El monje elegido para llevar a efecto esta averiguación fue el vallisoletano Fr. Atilano Muñoz, que presentó su informe al capítulo general de 1793, el cual dio licencia al abad general para «ceder al monasterio de San Benito de Valladolid la abadía del Bueso, siempre que el dicho monasterio haga la escritura de contribuir con doscientos ducados anuales a la Congregación», concediendo que “el producto de los enseres y frutos de este año se entreguen a Ntro. P. Rmo. para que satisfaga las deudas, que conste tiene contraídas la dicha abadía del Bueso».

La escritura de cesión del Bueso al monasterio de Valladolid se hizo el 27 de agosto de 1793″, acabando así el Bueso su andadura independiente, pues quedó reducido a simple priorato de San Benito de Valladolid, aunque conservando el título de abadía. Luego lo edificios debieron sufrir mucho a causa de la francesada y en el Trienio Constitucional, porque aún el capítulo general de 1832 perdonó al monasterio de Valladolid los 200 ducados anuales que debía dar a la Congregación, para que los empleara en la restauración del monasterio del Bueso. Más poco debió hacerse, porque en 1835 sobrevino la exclaustración general, tras la cual quedó el monasterio abandonado y luego convertido en ruinas, de las cuales hoy apenas quedan vestigios. Asi acabó el monasterio del Bueso tras 475 años de vida monástica.”


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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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