Bien por el Gobernador si es que no se retracta

Por Javier Pardo de Santayana

( En el café. Acuarela de Álvaro Castagnet en Facebook ) (*)

Mire usted por donde, de pronto leo algo sensato. Y, como era de temer, los mastines de lo “políticamente correcto” – que son los mismos que redactaron el librito tipo Mao que regula dicha condición – se lanzaron como un solo hombre contra quien osó vulnerarlo con el mero sentido común y la sencillez y el tino de una frase que le salió redonda.

Se trataba de palabras entresacadas de una intervención del Gobernador del Banco de España en las que éste hacía simplemente una consideración sobre aquellas medidas que, según los expertos nacionales e internacionales, nos han sacado del borde del abismo y han permitido establecer las bases para la recuperación.

Decía el buen señor, que debe ser bastante listo y que además, como persona bregada en el oficio, no puede por menos de saber que la Cofradía de la Malababa anda acechando los deslices, que lo que se ha hecho aquí en el campo de la economía – algo que muchos entienden como una barbaridad que debiera llevar al paredón a sus autores – no es imponer “austeridad” como equivocadamente se viene diciendo, sino “sentido común y patriotismo”. ¡Horror! habrán gritado los que ustedes saben, como si la mención del patriotismo estuviera a punto de rasgar los velos del templo progresista. ¿Pero estará en sus cabales este hombre? ¡Anatema! ¡Anatema! ¡Crucifiquémosle!

Mas lo que dijo ese hombre fue exactamente la verdad. Que “austeridad” no es palabra adecuada que haga al caso es algo perfectamente cierto. Porque la austeridad no se impone. Es una virtud personal que marca una forma de ser y de vivir, y que brota del convencimiento, no de la imposición. Se es austero o no se es; que esto no depende del funcionamiento administrativo del país.

De entrada, para una persona austera el serlo no supone arrostrar un sacrificio, porque siendo austero es precisamente como uno se siente bien y a gusto. ¿Cómo puede ser esto? se preguntará esa mayoría de epicúreos fruto de la mal llamada “Sociedad del Bienestar”. ¿Es que, por ventura, ser austero es ser algo así como ser masoquista? Pues no señor; quien es austero – y creo que en esto yo mismo puedo ponerme como ejemplo – lo que pretende es ser más libre.

Y es que para ser realmente libres debemos despojarnos de las servidumbres. Por ejemplo, el fumador nunca será realmente libre, como tampoco lo será aquel que no puede pasar sin su güisqui de todas las tardes, o considera un drama el que le falte esto o lo otro, o no puede prescindir de determinadas cosas (añádese aquí lo que proceda). Pero no tome usted la austeridad como una desgracia para quien carece de esas ataduras, sino como una mayor felicidad que, por añadidura, sale gratis. Ser austero es, como don Manuel Machado deseaba para la hora ”de su último viaje”, ir “ligero de equipaje: casi desnudo, como los hijos de la mar”. Y nada de esto nos puede ser impuesto por decreto. O sea que cuando hablemos de la situación resultante de una crisis que estuvo a punto de mandarnos a donde ustedes ya saben de memoria, no hablemos de esa estupidez del “austericidio” que a muchos suena bien precisamente porque no la entienden.

Hablemos, pues, de otra cosa distinta. Hablemos sencillamente de que el enfermo estaba grave y en trance de irse al otro barrio. Y de que hubo que tomar medidas drásticas, como las que toman los galenos en casos parecidos. ¿Que qué espera uno de un médico? Pues sencillamente que actúe con sentido común, lo cual puede traducirse en aplicar el tratamiento que proceda según los dictados de la ciencia médica y conforme a los síntomas y los daños apreciados. Cosa que según opinión de los expertos más fiables nacionales e internacionales, ha sido realizada en nuestro caso con permiso de los discrepantes, que en este caso no llegan a los actuantes ni siquiera a la suela del zapato.

O sea que el Gobernador del Banco de España, a quien no tengo el gusto de conocer, no parece ir muy descaminado en lo que dice.

Para terminar nos queda lo del patriotismo, palabra vigente en todo el mundo civilizado menos aquí en esta España nuestra típica y panderetera, donde tanto juega el lenguaje que hasta los terroristas nos impusieron su interesada jerga; que ahí sí que convendría que piaran los de la Cofradía de los indignados. Pues bien, también en lo del patriotismo veo yo atinada la expresión del Gobernador, porque, meterse en faena y realizar una operación a vida o muerte con la familia que parecía conforme con la operación pero que luego se queja de que hayan metido el bisturí al enfermo, está en el terreno de las prioridades y del valor para afrontar las decisiones por encima de egoístas consideraciones personales. Y esto exige nada menos que sentido de la responsabilidad y disposición para el sacrificio por el bien común. Es decir, lo que llamamos precisamente patriotismo, y que es aplicable tanto a los dirigentes como a los ciudadanos. Lo digo porque para algunos listos apretarse el cinturón no entra en tal consideración sino que es materia estrictamente sindical. De lo cual se deduce que atreverse siquiera a mencionar ante los medios y en presencia de políticos una palabra tan hermosa es en España un acto de valentía como para concesión de laureada.

Termino, pues, con un olé por el señor Gobernador, que con cuatro palabras sencillas y directas ha definido lo que nos está pasando como cuando un médico nos dice la verdad, corrige nuestras equivocaciones respecto al mal que padecemos, y acierta plenamente al explicárnoslo.

Así que no se me retracte usted ni dé más explicaciones, por favor. No lo estropee: déjelo tal como estaba, que está bien.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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