Por José María Arévalo

( Barcelona. Óleo de Joaquim Mir en la exposición “La belleza del modernismo. Obras del Museo del Modernismo de Barcelona” ) (*)
La variante catalana del movimiento artístico del Modernismo, desarrollado entre finales del siglo XIX y principios del XX, puede verse hasta el próximo 13 de julio, en la Sala Municipal de Exposiciones del Museo de Pasión. Entre las obras que se exhiben se presentan unas de una estética plenamente modernista como las figuras femeninas de Ramón Casas, las etéreas ninfas de Joan Brull, las damas representadas en dos óleos de Alexandre de Riquer, en los plafones de marquetería de Gaspar Homar y Joan Busquets, en la escultura que decora un espejo de Pablo Gargallo o en las terracotas policromadas de Lambert Escaler. Junto a ellas, otras de artistas que se sitúan entre la tradición artística y la modernidad, como los pintores Lluis Graner, Laureà Barrau y Ricard Brugada, o el escultor Eusebi Arnau. El paisaje está presente en la muestra de mano de los óleos de Joaquim Mir, Enric Serra y Modest Urgell. El mobiliario modernista está «ampliamente representado» en la exposición a través de piezas de figuras tan significativas como Antoni Gaudí, Joan Busquets y Gaspar Homar.
Ya en el 2007 -del 31 agosto al 14 de octubre- la vallisoletana sala de La Pasión había ofrecido la exposición “Modernismo catalán”, con obras de diversas galerías, colecciones y particulares de Madrid, Barcelona, Vic, el Museo de Terrassa, la Cátedra Antoni Gaudí, la Casa Museo Gaudí y el Museo Casa Lis de Salamanca. Como explicó entonces la comisaria de la muestra, Marisa Oropesa, el modernismo «iba más allá del mero movimiento artístico, era una forma de pensar y de vivir» que creció «alrededor de ciudades muy industriales como Berlín, París, Glasgow y Barcelona». Pero en aquella época aún no se había creado el Museo del Modernismo de Barcelona, que abrió sus puertas en marzo de 2010. El Museu del Modernisme es ahora, en el centro de la ciudad condal, el primer y único museo especializado en el periodo modernista en Cataluña. Se formó con las aportaciones del matrimonio de anticuarios Fernando Pinós y Maria Guirao que se especializaron en una época que por aquel entonces no gozaba apenas de prestigio ni consideración, y recopilaron una gran cantidad de piezas de valor artístico e histórico incomparable. Muchos de los edificios modernistas habían sido abandonados, demolidos, y sus objetos y piezas de arte vendidos o almacenados como simples elementos del pasado, cayendo en un injusto olvido con el paso de los años.
Así que parece conveniente, ahora que ya el Modernismo es un movimiento plenamente reconocido y bastante delimitado, situarlo de cara a valorar mejor esta exposición. Para Wikipedia, Modernismo es la denominación española de un movimiento artístico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que recibe distintas denominaciones nacionales: Art Nouveau, Sezession (Secesión de Viena, Secesión de Múnich), Jugendstil, Floreale, Liberty, etc. Son versiones locales del modernismo en España el modernismo catalán, modernismo en Cartagena y La Unión, modernismo canario, etc.

( Ramón Casas. Dama vestida con gabardina. 31,5 x 24,5 ) (*)
Lo más conocido entre nosotros fue el Modernismo en nuestra literatura, de la mano de aquellos versos tan sonoros de Rubén Darío que aprendimos de niños. En lengua española, el término modernismo denomina a un movimiento literario que se desarrolló entre los años 1890-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica.
Se conoce por modernismo –sigue Wikipedia- a la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu y que se manifiesta en el arte, la ciencia, la religión y la política. En ciertos aspectos su eco se percibe en movimientos y en corrientes posteriores. En las raíces del Modernismo hay un profundo desacuerdo con la civilización burguesa. En ciertos sentidos, se trata de una corriente heredera del Posromanticismo decimonónico, al que da una especie de salida, y en las demás artes esta estética se plasma en las formas del art nouveau (en Bélgica y Francia), Modern Style (en Inglaterra), Sezession (en Austria), Jugendstil (en Alemania y Países Nórdicos), Liberty (en Estados Unidos), Floreale (en Italia), y Modernismo artístico (en España e Hispanoamericana). Tradicionalmente, se ha asociado su comienzo a la publicación, en 1888, de “Azul”, de Rubén Darío, a causa de la innegable repercusión del libro en la literatura de Hispanoamérica. En su origen el apodo de «modernistas» era utilizado con un matiz despectivo. Hacia 1890, Rubén Darío y otros asumen tal designación con insolente orgullo; a partir de entonces el término modernismo fue perdiendo valor peyorativo.
En cuanto al modernismo catalán es la denominación historiográfica de un estilo principalmente arquitectónico, aunque también se desarrolla en las otras artes plásticas (pintura y escultura), y sobre todo en el diseño y las artes decorativas, que reciben una especial atención. Aunque es parte de una corriente general que surge en toda Europa, en Cataluña adquiere una personalidad propia y diferenciada. Su denominación geográfica se debe a su particular relación con Cataluña y principalmente con la ciudad de Barcelona, que estaban intensificando sus características diferenciales dentro de la cultura española por razones ideológicas y socioeconómicas, tras el resurgimiento de la cultura catalana denominado Renaixença y en el contexto de un espectacular desarrollo urbano e industrial. De manos de arquitectos catalanes, este estilo tiene sin embargo notables realizaciones en ciudades como Comillas, Novelda, Astorga, Melilla o León y se ubica cronológicamente a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX; teniendo como hitos significativos la Exposición Universal de Barcelona (1888) y la Exposición Internacional de Barcelona (1929).
Los pintores modernistas catalanes (Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Joaquim Sunyer, Hermenegildo Anglada Camarasa, Juan Brull, Ricard Canals, Javier Gosé, Josep Maria Sert, Miguel Utrillo), muy conectados con la vanguardia de París, tuvieron en la taberna Els Quatre Gats su lugar de reunión. Del grupo salió Pablo Ruiz Picasso.

( Espejo. Pablo Gargallo ) (*)
Los arquitectos modernistas catalanes (Elies Rogent, Lluís Domènech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch, Enric Sagnier, Joan Rubió, Josep Maria Jujol) desarrollaron un lenguaje propio, del que partió Antoni Gaudí para desarrollar su particular universo artístico, muy personal. Actualmente –concluye Wikipedia-, muchas de estas obras modernistas se encuentran expuestas en museos catalanes como el Museo del Modernismo Catalán y el MNAC.
Ahora se habla mucho de que Zamora, la ciudad del románico, es también modernista. Y en Valladolid tenemos una estupenda representación de edificios modernistas. Nuestras ciudades vivieron un importante desarrollo urbanístico y arquitectónico desde mediados del siglo XIX, cuyo punto culminante fue la etapa modernista. La mejora de las comunicaciones con la llegada del ferrocarril, y en Zamora el interés por la expansión extramuros tras autorizarse la destrucción de la muralla y la aparición de industrias, especialmente transformadoras, fueron los detonantes de la segunda edad de oro de la arquitectura. Un esplendor al que colaboraron una burguesía que impuso sus formas de vida, unas autoridades locales conscientes de la importancia de mejorar la ciudad y unos arquitectos de alta calidad y maestría.
Como consecuencia, entre 1875 y 1930 se elevaron en Zamora multitud de inmuebles eclécticos e historicistas, otros de carácter industrial y sobre todo, un notable número de edificios modernistas, lo que ha permitido la inclusión de Zamora en el exclusivo grupo de municipios que forman la Ruta Europea del Modernismo, debido a que el Modernismo zamorano está al nivel del que encontramos en las grandes capitales europeas. Como en ellas, en Zamora fue un estilo netamente burgués y se caracterizó por las abundantes líneas curvas, por la combinación de materiales, por el interés por los contrastes de color, por el alejamiento de la proporción y de la simetría y por la preferencia por la decoración animal y vegetal.
En Zamora se hallan las tres variantes del Modernismo. Una fue la más internacionalista, más centrada en la ornamentación y la composición que en el color. Están los ejemplos que diseñó Gregorio Pérez Arribas. Una segunda modalidad fue la Sezession, en ella abundan las líneas rectas, los péndulos y los círculos. Finalmente, está la catalana, en la que hubo más interés por la policromía, referencias a estilos medievales y una gran sutileza en los detalles. La importancia de esta última fue otro de los elementos que hace excepcional el Modernismo zamorano, pues es una de las pocas ciudades del centro y el oeste de la Península Ibérica en la que trabajara un arquitecto plenamente modernista y titulado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Se trata de Francisco Ferriol, discípulo y colaborador de Lluís Domènech i Montaner, uno de los grandes protagonistas del estilo.
Pero volvamos a la actual exposición del Museo de La Pasión. Esta muestra, que se titula “La belleza del modernismo. Obras del Museo de Modernismo de Barcelona”, ofrece un recorrido a través de 46 obras de pintura, dibujo, mobiliario, carteles, escultura y marquetería por el movimiento que surgió a finales del siglo XIX. Son no llega a la mitad de las obras que ofreció la anterior exposición de 2007, que hemos comentado, por lo que está claro que el alcance es más reducido. Como en aquella, se refleja la creatividad que empapó todos los ámbitos de las manifestaciones artísticas a partir del movimiento que aglutinó a figuras como Ramón Casas, Joan Brull, Alexandre de Riquer, Joan Busquets, Lluis Graner, Ricard Brugada o Antonio Gaudí, entre otros artistas.
Rosario Sanjuan, comisaria de la exposición actual, ha destacado que las piezas seleccionadas y prestadas por el museo barcelonés «reflejan la gran creatividad del modernismo, que surge en Cataluña a finales de los ochenta del siglo XIX y pervive hasta la primera del siglo XX, y obedece a la expresión de un grupo de intelectuales que querían adecuar el arte a una nueva realidad social, eran artistas fascinados por lo moderno, repudiaban lo viejo, la cultura beata y caciquil».
Impresionan los cuadros de gran formato con que se inicia la exposición, “Banco junto al lago”, de Alexandre de Riquer, de 247×210, y de este mismo y con el mismo formato “Dama en el jardín”, y “Familia de Pescadores”, de Ricardo Brugada, 145×172, este último de factura más relista. Después varios óleos más bien impresionistas, de Joaquim Mir con panorámicas de la ciudad de Barcelona, y un magnífico dibujo al pastel, con el que se publicita la exposición, de Ramón Casas, “Dama vestida con gabardina”, de 31,5 x 24,5. Próximos a esta, dos buenos dibujos de Joan Cardona. Aunque quizá lo más llamativo, y también lo más modernista, sean las formas escultóricas como la que enmarca el espejo realizada por Pablo Gargallo y varias más que ya hemos mencionado. Carteles típicos de la época, muebles – destaca una silla diseñada por Gaudí, que cualquiera diría es actual – y otros objetos de culto modernistas completan esta muestra que por primera vez exhibe el Museo del Modernismo de Barcelona fuera de su sede.
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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