Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Nieto en El Norte de Castilla el pasado día 9)(*)
Lo advierto: algunas de las situaciones que expondré en este artículo ya fueron objeto de mi crítica en alguna otra ocasión. Pero también les digo que ahora los traigo a colación bajo una perspectiva que considero oportuna en nuestros días. Se trata de la reiteración de hechos que han cambiado la índole de varios acontecimientos sucedidos en los últimos tiempos: una acumulación de efectos que está resultando nociva para España, por la cual cada vez que hacemos algo que vale la pena lo convertimos en desastre.
Pongamos un ejemplo que fue seguido para una larga serie. Me refiero al “nunca mais”. Consistía en aprovechar con fines partidistas la ocasión brindada por cualquier tragedia nacional de cierta consideración. Y si no lo fuera tanto, ahí estarían los medios para amplificarla en el sentido conveniente.
Ustedes lo recuerdan: un barco que pasaba no lejos de la costa se abría por la mitad y descargaba una marea de petróleo. España mostraría sus virtudes: movilización de voluntarios, trabajo impresionante de limpieza, y, finalmente, un alarde de eficacia técnica en la extracción del crudo. Gran éxito para nuestro país, que debiera haber salido unido y orgulloso de este trance. Mas se trataba de sacar partido de él en desprestigio del gobierno, así que la oposición urdió una treta: dijo que debían haber metido el barco en La Coruña, y que al no hacerlo corrían con la culpa. Cuando los jueces acabaron dando la razón al gobierno ya era tarde: con desprecio total al buen nombre de España, la pena de televisión se había impuesto y el mal estaba hecho.
La jugada no tardaría en repetirse pues la ocasión surgió de nuevo. Lo hizo – fíjense ustedes – de la mano de un atentado terrorista. Sí señores, en un país martirizado por esta lacra durante muchos años – hasta el propio jefe del gobierno se salvó por los pelos de la muerte – una reacción decidida y solidaria de los españoles había contribuido a mostrar su firme voluntad y su apretada solidaridad, tal como pareciera demostrar un puñado de valientes madrileños en las primeras horas del suceso. Mas para algunos – iba a decir malvados – lo prioritario sería aprovechar de nuevo la tragedia: derribar al gobierno haciéndolo responsable de lo sucedido. Asombroso pero cierto. Y los “chafones” harían arma política del luto para dividir a la nación, tornando lo que pudo ser motivo de unión y prueba de reciedumbre para convertirlo en algo vergonzoso. Esto sucedía en España una vez más. Claro que poco antes la alianza con dos países punteros y ejemplo de buenas democracias también había sido convertida en una especie de baldón en vez de como señal de la importancia de nuestra nación en la lucha contra el enemigo terrorista. Y quienes vimos alzarse gallardamente a nuestro pueblo contra el azote de ETA tras al aleve asesinato de un joven político, veríamos también como los cómplices de aquellos criminales, no sólo se justificaban sino que pretendían presentar sus delitos como méritos. Y como colmo se les permitía pisar moqueta en puestos públicos. No me digan que todos estos hechos no son muestras de un comportamiento reiterado siempre en la misma línea de desprecio a la razón y a la justicia.
Pero ahí no para la cosa. Ahora han vuelto a la carga, y creo que es ya el quinto caso de “chafancia” que presento. Tras una crisis que aún colea, cuando, después de haber estado a punto de la quiebra económica, nos vemos en el camino de la recuperación tal como proclaman los grandes nombres de la economía; cuando los augurios de los expertos y responsables internacionales anuncian un crecimiento superior al que nunca podíamos haber soñado – cuando por fin España está en cabeza del crecimiento en el ámbito europeo – “chafones” de baja estofa revestidos de políticos parecen empeñados en torcer el proceso y volver a las fórmulas que nos situaron al borde de la ruina. Algo increíble que estamos tragando casi sin darnos cuenta cuando algunos andan empeñados no en alcanzar el bien de la nación sino sus propios objetivos de poder.
Así que una vez más nos encontramos en una situación equívoca. Después de aquel asombro de la transición política a la que seguiría una exhibición de voluntad y responsabilidad en nuestra incorporación a las instituciones internacionales; ahora, ante la estupefacción de Europa y yo diría que hasta del mundo entero, no hacemos otra cosa que esforzamos en tirar abajo cuanto de bueno conseguimos. Somos nosotros, es decir, los españoles, quienes, no sólo minusvaloramos nuestros logros, sino que nos desacreditamos a nosotros mismos. Y lo hacemos por la mala baba de unos cuantos que buscan un poder que simulan detestar. Es una mezcla de amaneramiento político, de odio y de hipocresía, que no parece recordar la Historia y que no tiene más perspectiva de futuro que la de quitar a otros para ponerse ellos. Y lo curioso es que acaban por engañar al personal.
O sea, que lo que falta aquí es nivel, y lo que sobra son esos “chafones” a los que la nación importa un bledo. Espero que los españoles se den cuenta, y que a no tardar lo solucionen con sus votos.
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