Apócrifo IV. 9. Lo que es capaz de hacer el odio

Por Carlos de Bustamante

( Llanto sobre Cristo muerto de Isidro de Villoldo, en el Museo de la Catedral de Valladolid) (*)

Quedamos en que José de Arimatea, el ahora valiente, me llamó desde la entrada del sepulcro donde habían depositado el Cuerpo de Jesús. Muerto. Con el miedo -espanto- de quien algún día se creyó gladiator, llegué enseguida tembloroso. Sorpresa mayúscula: los bizarros y todopoderosos (¿?) legionarios, no me pusieron traba alguna, ni me quincharon con las lanzas o espadas. No. No sé qué les diría de mí el nuevo amo, para quien no pegaba más golpe que los mamporros a la lata de escabeche para espantar a grajos y tordos del majuelo. Cuadrados ante el pobre esclavito, negro y etíope, se golpearon el pecho; saludo con el que indican respeto y obediencia al superior. Por unos momentos me vi centurión o incluso procurador como Pilato. Sonreí, orgulloso, de oreja a oreja.

Sonrisa que se me borró de golpe al penetrar en el sepulcro. Nuevo. No usado antes por ningún difunto. Así estaba allí sobre la roca fría mi Dios, Amigo y Señor. Difunto. Muerto. Cadáver. Que yo lo vi. Pero aún más.

En el Cuerpo desfigurado por el suplicio, vi el odio de los hipócritas en su rostro aún ensangrentado. Y en su divina Cabeza, espinas aún clavadas de la corona que puso en ella el odio, la burla y el colmo de la maldad. Del odio a quien pasó siempre “haciendo el bien”. Ante tanto horror, no me pude contener. Hasta tuvo que llegar a los oídos de los hipócritas que, vigilantes, aún estaban afuera: ¡¡Malditos…!!

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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