Gente “echá p´alante”

Por Javier Pardo de Santayana

( El arte de Curro. Técnica mixta, acrílico y pastel, de Enrique Pastor en enriquepastor.net. 41 x 33) (*)

Al levantarme oigo a Carlos Herrera, “el Esperado”, esta vez entrevistando a un español que anda ahora mismo por tierras de Siria. Un tipo curioso de nombre Rodrigo o Joseba, no entiendo bien por qué, pues su voz no llega clara a mis oídos. Se trata de un ciudadano español que combate contra el Daesh, tambien conocido como Estado islámico, y que busca el modo de venirse a España porque su esposa no se encuentra bien. Para venir necesita reunir unos 700 euros.

Desde luego es un caso curioso. Para empezar fue concejal por el PP en un pueblo español, y luego le dio por la aventura en que anda ahora metido con los “Lions”, nombre con el que por lo visto se conoce a un grupo de extranjeros metido en aquel lío en apoyo de las fuerzas kurdas. Dice cosas interesantes: por ejemplo, cómo está preparado – norma común por lo que parece entre hombres y mujeres en su situación de combatientes – para pegarse un tiro si cae en manos de los feroces yihadistas; todo antes de dejarse degollar por ellos. También subraya el importante papel de las mujeres, fuertemente implicadas en aquel conflicto. Y uno se pregunta de qué pasta están hechos quiénes, como el entrevistado, sintieron la llamada de un escenario de horror y de violencia como en el que ahora vive. Y qué tipo de matrimonio es aquel que está dispuesto a soportar una separación como esta prácticamente sin necesidad. Desde luego él cuenta con volver de nuevo.

Estaba yo en estas disquisiciones cuando recordé tener pendiente algo sobre un nuevo prodigio del toreo. Caramba, pues qué casualidad… Porque éste es otro que tal baila. Quiero decir, otro prodigio de valor. Se lama López Simón y me parece un calco de José Tomás, aquel hombre imperturbable sobre el cual ya escribí otro artículo.

Recordaba yo haber leído algunas cosas sobre este López Simón, de nombre poco torero. Una se refería a su triunfo en la plaza de Las Ventas, que corroboraba una carrera meteórica. Efectivamente, de la noche a la mañana se había aupado hasta alcanzar la cabecera de los ferias taurinas. Sí; yo ya había oído hablar de él por triunfos anteriores y por una cornada muy reciente en Albacete: el sexto toro le había prendido por debajo del glúteo izquierdo y se lo había pasado de pitón a pitón en unos instantes de verdadera angustia. Pero él, como suele ocurrir con los toreros de verdadera raza, ya estaba dispuesto a jugarse la vida antes de transcurrido un mes de aquel percance. Y lo hizo nada más empezar de nuevo; cuando lidiaba el primer toro en la Feria de Otoño. La cornada le abrió un orificio de cuatro centímetros en la cara interna del muslo derecho con una trayectoria de catorce centímetros y hemorragia entre la arteria colateral de la femoral y desgarro del músculo semitendinoso y recto interno, amén de otra segunda de quince que afectaría al tejido celular subcutáneo y a la fascia muscular. Ahí es nada.

Pero no ha mucho que también escribí otro artículo sobre dos jóvenes espadas que después de sufrir sendas cogidas saltaron de la cama de la enfermería para cumplir con el público que de ellos esperaba un mano a mano. Y a fe mía que lo consiguieron, pues heridos saltaron de nuevo al ruedo, y si no salieron a hombros fue porque les reclamó la enfermería. Pues bien, algo parecido haría este mozo, que no sólo mató – ya herido – a su primero, sino que volvió para cortar una segunda oreja e incluso salir por la Puerta Grande a hombros de un público que desconocía la gravedad de la cornada. Completaba el joven diestro así una hazaña jamás hasta entonces realizada, porque era la tercera salida de esta forma en una misma temporada.

Constatado el hecho busqué entonces entre los últimos periódicos una visión del hombre. Recordé entonces una entrevista bastante reciente que encontraría enseguida. Pero no estaba hecha después de este hecho memorable, sino que había sido publicada en la víspera de la corrida, o sea que en ella no influía el “subidón” del éxito. Y sin embargo lo escrito superaba en emoción incluso a la salida a hombros por la Puerta Grande. Sí; en una mezcla de sinceridad y de filosofía de vida dejaba ver el alma del artista.

Decía, por ejemplo, que para él el toreo es algo mágico porque es capaz de cambiarle a uno la vida en lo que dura una faena. Y se refería a su responsabilidad: “Podría haber vuelto la cara, pero sería injusto; yo quiero regalar a la afición mi entrega”. En cuanto al miedo que impone la fría presencia de la muerte – “esa pálida dama”- reconoce que es una relación entre el amor y el odio, pues si bien quisiera echarlo a patadas cada vez que se viste de luces, sabe que sin él no sería capaz de entregarse como lo hace.

Así profundiza el torero en su psicología desnudando su alma, tan compleja. Lo cual no es de extrañar en alguien que dice cosas como éstas: “Como elegí libre entregar mi vida al toro… lo que me tenga deparado el destino lo asumiré con sumo gusto”. ¡Nada menos que con sumo gusto!”

Este es el hombre.

PS: Pueden ahora imaginar lo que un hombre de este temple piensa de la ofensiva de un ayuntamiento que se manifiesta contra un arte como para el que él vive con esta intensidad y con la posible entrega de su vida y, sin embargo, alberga a tipos de calaña moral impresentable: que se mofan de unas niñas violadas y víctimas del terrorismo cuando no de los judíos gaseados en los campos de exterminación. Un ayuntamiento cuya portavoz se dedica a descubrir sus partes íntimas ante el altar de una capilla y patrocina una nueva quema de templos.

Así que el torero dice que todo esto es una catetada y una canallada. Y añade: “Antes había grandes pensadores políticos, pero (la situación) tanto ha degenerado, que entran mentes con más ideas de prohibir que talentos con intención de crear”. O sea que López Simón, este filosofo torero, es, por añadidura, un hombre sabio.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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