Por José María Arévalo

( Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos. Diseño de Philippo della Valle. Grabado de Silvestro Pomerade. 1740-1760. Grabado, aguafuerte y buril que se conserva en el convento de las Carmelitas Descalzas de Valladolid) (*)
Hicimos la semana pasada un amplio resumen de lo que son Las Edades del Hombre en Ávila, en la que se ofrece, hasta el próximo día 10 de noviembre, en tres templos y cuatro capítulos, “Teresa de Jesús, maestra de oración”, en el quinto centenario de la Santa abulense, y nos comprometimos a hablarles de lo que son también en Alba de Tormes. Pero la excursión a Ávila que hice con los compañeros de la asociación de jubilados a la que pertenezco, solo incluía también la visita a dos conventos más en la propia ciudad, el de la Encarnación, en que la Santa vivió 27 años, y el de Santo Tomás, ambos fuera de las murallas, por lo que son menos conocidos, así que fue un magnífico broche de oro para la visita a estas Edades, que cerró nuestro plan y nos quedamos sin ver el quinto capítulo, que está en la villa salmantina de Alba de Tormes.
No descartaba acercarme a Alba de Tormes, aunque la conozco bien de mis años de ejercicio profesional en Salamanca, pero pasa el tiempo y lo voy posponiendo, así que es mejor darles ya la información, para lo que recurro, como hice en el artículo anterior, a la revista Atticus, pero esta vez sin comentarios propios. Los textos, en el descargable que nos ofrece en la red, son de Juan Antonio Sánchez Hernández y las fotos de Cristian Berga. Así como las de Ávila nos ofrecen 206 piezas que vienen de toda España, obras de una calidad excepcional y ejecutadas por artistas de fama universal como Zurbarán, Martínez Montañés, Salzillo, Juan de Juni, Alonso Cano, Lucas Jordán, Ribera, Gregorio Fernández, Luis Salvador Carmona o Goya, en las de Alba de Tormes explica Juan Antonio Sánchez que el elenco es bastante reducido.
“En esa especie de Sagrada Familia salmantina –recoge el artículo de Atticus- en que se ha convertido la inacabada Basílica de Santa Teresa, en la villa ducal de Alba de Tormes, se cobija el último capítulo de esta edición 2015 de las Edades del Hombre dedicado a Santa Teresa. La parte que se expone en Alba de Tormes lleva por título general “Hija de la Iglesia”. En el Convento de Carmelitas Descalzas de Alba, murió la Santa de Ávila el 15 de octubre de 1582. Allí está su sepulcro y se veneran sus restos. “Al fin muero hija de la Iglesia” parece que dijo Santa Teresa en el lecho de muerte. Son las palabras de alguien que acaba su vida con el deber cumplido, con la satisfacción de haber llevado a cabo un mandato divino. La canonización de Santa Teresa fue una de las más rápidas de la historia de la Iglesia. Nueve años después de su muerte, el 15 de octubre de 1591, Jerónimo Manrique, obispo de Salamanca inició el proceso.

(Detalle de San Ignacio de Loyola. Gregorio Fernández. 1622. Madera policromada. Iglesia parroquial de San Julián y San Miguel en Valladolid)
La beatificación tuvo lugar el 24 de abril de 1614, y, el 12 de marzo de 1622, el Papa Gregorio XV canonizó en Roma a cuatro santos españoles y a uno italiano: San Isidro, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri. En la exposición de Alba se ha hecho un montaje con los cuatro santos a modo de retablo escultórico con Santa Teresa en el centro, representada por el magnífico grabado de Philippo della Valle, Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos. Se trata de un grabado de Silvestro Pomarede, el cual reproduce la escultura en mármol, realizada por Fhilippo della Valle, para la Basílica de San Pedro del Vaticano. El grabado, realizado entre 1740 y 1760, se conserva en el convento de las MM. Carmelitas Descalzas de Valladolid. La iconografía elegida es una combinación de dos de las formas más usadas para representar a la Santa: como escritora y durante la Transverberación. Teresa lleva la pluma y el libro. El Espíritu Santo, en este caso, se advierte por el rostro de la Santa. La Transverberación queda de manifiesto con el ángel de la flecha a los pies de la Santa. En 1726, Benedicto XIII aprobó la fiesta de la Transverberación. Relacionada con este culto está la devoción por el corazón de la Santa. El angelote del grabado sujeta en la mano izquierda un corazón ardiente, lo que une ambos cultos.

(Basílica inacabada de Santa Teresa en Alba de Tormes, neogótica, proyectada por Enrique María Repullés y empezada a construir en 1898)
En la peana hay una inscripción alusiva a la santa como reformadora: “S. TERESA SPIRITUALIS MATER ET FUNDATRIX NOVA REFORMATIONIS ORD. DISCALCEATORUN Bª MARIAE DE MONTE CARMELO”. La estatua en la que se basa el extraordinario grabado forma parte de las treinta y nueve esculturas de santos fundadores de congregaciones y órdenes religiosas. Estas formaban parte del proyecto ideado en 1688 para San Pedro de Roma, que se concluyó, iniciado el siglo XVIII, con la inclusión de diecinueve esculturas más; entre ellas, encontramos la de Santa Teresa de Jesús. Tras su muerte, empezó a difundirse su obra. Había conseguido plasmar su rica experiencia espiritual por escrito, lo que la convierte en la gran escritora del misticismo universal. El propio Fray Luis de León, en el prólogo que hace de sus obras, escribe: “He visto los libros que compuso la madre Teresa de Jesús que se intitulan de su Vida, y las Moradas, y Camino de Perfección, con lo de más que se junta con ellos, que son de muy sana y catholica doctrina, y a mi parecer de grandísima utilidad para todos los que los leyeren, porque enseñan quan posible es tener estrecha amistad del hombre con Dios… y todo ello con tanta facilidad y dulzura por una parte, y por otra con palabras tan vivas, que ninguno los leerá que si es espiritual no halle gran provecho”.

( San Juan de la Cruz, detalle del lienzo Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. José Vela Zanetti) (*)
En 1970, el gran pintor castellano-leonés, José Vela Zanetti, pintó un lienzo con los retratos en busto de Santa Teresa, San Juan de la Cruz y Fray Luís de León. Es un cuadro magnífico, conservado en el Convento de los PP. Carmelitas Descalzos de León. El artista, con la potencia y la rotundidad plástica que caracterizan su pintura, hace unos retratos profundos y sinceros. Hablamos de rostros curtidos por los caminos y por la experiencia vital, rostros que refl ejan la inteligencia y la búsqueda espiritual, rostros de sabios sencillos, caras corrientes con una fuerza en la mirada sobrecogedora. Es una de las pocas obras contemporáneas exhibidas en esta edición de Las Edades.

(Relicario de Santa Teresa. Francisco Pecul. 1804. Encargo del P. General de los Carmelitas. Plata sobredorada y en su color. Capilla de las Reliquias de la Catedral de Santiago de Compostela)
Se presentan varias ediciones de las obras de la santa abulense. Los libros de la Madre Teresa de Iesus, Vida, Camino de perfección y Las Moradas, compiladas y editadas en Salamanca por Fray Luis de León. Es un libro impreso en 1588 (seis años después de la muerte de Santa Teresa) que se guarda en el Convento de San José de las Carmelitas Descalzas de Medina del Campo. El “Libro de las fundaciones de las hermanas descalças carmelitas/ que escriuió la madre fundadora Teresa de Jesús” fue impreso en Bruselas, en 1610. Actualmente, se encuentra en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Valencia.
El legado de Santa Teresa permanece vivo gracias a los carmelitas. Destacan el Padre Gracián, San Juan de la Cruz, Ana de Jesús, Ana de San Bartolomé o Isabel de Santo Domingo. Sus frailes más próximos y sus madres más cercanas son fundamentales para los inicios de la reforma, pero fueron luego otros muchos los continuadores; además de los que difundieron su vida y su obra por Europa y América. El universo teresiano vive un nuevo florecimiento desde finales del siglo XIX. Personajes de la talla de Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Teresa de los Andes, San Rafael de San José o Santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) han dado un nuevo impulso a la obra de Sta. Teresa. Las Cortes españolas, reunidas el 30 de noviembre de 1617, declararon a Santa Teresa Patrona de España después de Santiago.
El Quinto Centenario de Santa Teresa de Ávila era una ocasión propicia para hacer una magna exposición que permitiera a todos los públicos acercarse a la figura universal de la mística abulense. La Fundación de las Edades del Hombre ha tenido en sus manos un presupuesto holgado y el apoyo institucional para poder hacerlo. El resultado ha sido irregular: el conjunto está desequilibrado y las brillantes piezas sueltas no consiguen, por si solas, levantar el nivel de todo el aparato expositivo. Una vez más, termino con la sensación de oportunidad perdida. A pesar de las multitudinarias visitas que está recibiendo “Teresa de Jesús Maestra de oración”, creo que la hora de cambiar el formato ha llegado. En muchos casos, estos visitantes son “cautivos”, espectadores que se dejan arrastrar por la rutina del grupo parroquial, pero no por ello no se merecen una exposición más novedosa y atractiva. La extraordinaria figura de Santa Teresa merece lo mejor.”
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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