Apócrifo IV. 11. Pesadillas

Por Carlos de Bustamante

( Cristo de Juan de Juni en el Convento de Santa Teresa en Valladolid) (*)

Fue un sábado horrible. Para Tarsicio no había consuelo. Después de una noche de pesadillas sin apenas pegar ojo y aún somnoliento, recordé algunas de ellas: las turbulencias que en forma de tornados tras el monte Calvario, me trajeron algunas de Sus últimas palabras de hombre vivo. También otras de los que presenciaban tanto horror o las de los que las de los que habían conseguido que fuera entregado al suplicio.

Su cara desfigurada por los golpes y sucios salivajos, no denotaban rencor alguno, sino de Amor fuerte por los mismos que le habían crucificado. Desde la Cruz escuchó, como yo pese a la distancia, cómo los sacerdotes y ancianos del sanedrín se mofaban de Él.

“A otros ha salvado; sálvese, pues, a sí mismo, si Él es el Cristo, el escogido de Dios”. Y aunque podía, no lo hizo. Siguió clavado.

Giraba sobre mí mismo en el suelo de la cabaña, sudando a mares. No se me había ido esta pesadilla con las dudas, cuando enseguida me venía otra. Las palabras de Gestas el ladrón impenitente. “Sálvate a ti mismo y a nosotros si de verdad eres el Cristo”. El Mesías, tampoco lo hizo. Más sudores y jadeos angustiosos. Dudas horribles. Tentaciones, Pesadillas.

“Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”. “Ésta es mi sangre que será derramada por vosotros y por todos los hombres para remisión de los pecados”.

No había entregado ya su Cuerpo? me agitaba convulso. ¿No había derramado ya su Sangre? ¿Para qué más entonces? Y dudaba de lo que bien sabía.

“Yo soy el camino la verdad y la vida”, le había oído en otra ocasión. Más dudas. Más angustia. Más y mayores sudores. ¿Camino Él de la muerte? ¿Verdad Él de muerte en la cruz? Desesperación. Más aún. ¿Vida Él en la terrible agonía? Quise despertar y no pude. Más dudas. ¿Me habría equivocado? Peor: ¿nos habría engañado…?

Desperté sobresaltado con un brinco hasta el techo de la cabaña. Entendí con el golpe lo que eran tentaciones del demonio. Y aún no amanecido, corrí a mi Madre.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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