Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Xiao Hui en Facebook) (*)
Creo preciso advertir a los que pudieran leer los siempre atractivos artículos de mis compañeros de blog, que éstos que ahora inicio no son de la categoría a las que les tienen acostumbrados. Vaya, pues, en mi disculpa, que al menos pondré en ellos, la mejor voluntad de la que soy capaz.
Con los guiones que me facilitó un excelente y sabio amigo teólogo, les iré desgranando no “sermones piadosos”, sino lo más elemental del humanismo cristiano. El que se apoya firmemente en la “gran desconocida” (¿?) ley natural. La que sin necesidad de estudios, todos los humanos llevamos impresa desde el momento mismo de la concepción. Esa ley que se va formando, aún sin apenas darnos cuenta, con el desarrollo de cada persona en las diferentes edades y tiempos, según la capacidad que gratuitamente se le haya dado. Capacidad que también se desarrolla o incrementa según la libérrima libertad -para bien o para mal- de cada ser, único e irrepetible.
Si, como he dicho, esta ley natural –antropológica- nos conduce al humanismo cristiano, forzosamente todos y cada uno de los temas que salgan a colación llevarán, pinceladas al menos, del cristianismo que mayoritariamente profesamos. No me defenderé por ello, pero sí expresaré con libertad, cómo una y otra -ley humana y divina, o viceversa, se apoyan indefectible y mutuamente. Porque no invento nada, les recuerdo las dos definiciones que hace de antropología la RAE:
1. f. Estudio de la realidad humana.
2. f. Ciencia que trata de los aspectos biológicos y sociales del hombre.
Naturalmente de religión o creencias la RAE no dice absolutamente nada. Sin que el Rezongón haga hincapié en lo que es de libérrima elección, tampoco ocultaré ésta mi condición de cristiano; con la salvedad de que en el desarrollo de las lecciones que me fueron facilitadas, tampoco el autor oculta esta condición que profesa de palabra y obra.
Dicho lo cual, debe quedar bien claro desde el inicio que aún contemplando los razonamientos en conjunto (religión católica y antropología) será esta última si no el principal, sí el fundamental argumento de cuanto intente exponer; ojalá con el mismo acierto como la buena voluntad que pongo en ello. Y como antecedente a mis rezongamientos, lo de siempre: que conste que no pretendo aconsejar; yo…digo nada más. No sin hacer bueno el agradecimiento que expresa el dicho castellano: “con ayuda de un vecino, mató mi madre un cochino”.
—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1600/26573308011_f449a0cdfe_b.jpg