Arquitectura religiosa olvidada. 120. Curiel

Por José María Arévalo

( Portada del libro de Rafael Ramos Cerveró sobre la Iglesia parroquial de San Martín) (*)

Dentro del capítulo final “Salvadas de la ruina”, del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que venimos reseñando, después de ver la restauración de la Ermita de San Antonio de Padua en Corrales de Duero, se estudia la de la Iglesia parroquial de San Martín, en Curiel.

Curiel

Iglesia parroquial de San Martín

Atendiendo a la estructura urbana de la villa, podemos hacer alguna conjetura. Curiel se sitúa en el camino de Segovia a Burgos, hoy olvidado. Este importante camino vertebraba Castilla y ligaba dos de sus más importantes ciudades. Si a esto unimos que se hallaba en la orilla norte del Duero, junto al puente, y que con su castillo y el palacio de los López de Estúñiga era residencia de la nobleza, podremos hacernos una idea de las complejas circunstancias que determinaron su auge medieval. Geográficamente, el Duero hace de eje de simetría de las villas cabeza de comunidad: Peñafiel y Curiel. Ambas están en el camino de Segovia a Burgos y ambas tienen castillo en un cerro sobre el caserío.

Tienen su génesis en torno a este camino que se ciñe a los cerros fortificados produciendo dos estructuras axiales. Posteriormente, la comunicación este-oeste, a lo largo del Duero, se impuso a escala regional, y pasó por Peñafiel, obligando a un cambio en el eje de crecimiento de esta población. Por el contrario, Curiel no sólo quedó aparte del nuevo sentido de la comunicación a lo largo del Duero, sino que la carretera Segovia-Burgos nunca se hizo. Ni siquiera en el siglo XIX.

Fruto de esta desatención es que Curiel haya permanecido hasta nuestros días como un pueblo agrícola con un caserío de proporciones mucho mayores de las que este uso precisaba y que de las cuatro parroquias que en la Edad Media tuvo, sólo haya sobrevivido una. ( G. MARTÍNEZ DÍEZ, 2, p. 396: Cuatro son las parroquias documentadas en la Villa de Curiel: Santa María, San Martín, San Nicolás y Santa María Magdalena. J. SAN MARTÍN PAYO, p. 81). Hagamos un recorrido desde el Duero hacia el norte repasando los principales hitos que salen al paso.

Al embocar el valle del arroyo de Curiel se cruza el antiguo camino este-oeste que recorría el Duero por la orilla derecha y que en algunos tramos aún se llama camino de los Aragoneses, lo que hace alusión a su escala peninsular. Este camino, según algunos autores, sigue en general la calzada romana de Simancas a Clunia ( J. M. Ruiz Asencio, Historia de Valladolid, 2. J. A. Abásolo Álvarez, p.142). Al llegar al pueblo se encuentra el humilladero, edificio de planta cuadrada que se sobrepasa de talón para dar vista a las puertas de la muralla, abiertas en un torreón. Una vez traspasadas, el camino gira a la derecha para evitar el cerro del castillo transitando entonces por la calle de Arriba, que conduce a la iglesia de Santa María. Hasta 1950 la acera que da al sur estuvo cubierta por soportales. Tras el ábside está la plaza, con el palacio dando fachada. Se continúa después por la calle del Medio hasta la plaza de Santa Cecilia. Girando en este punto se alcanza la inmediata plaza de Batriondillo, también soportalada, que se abre por otro arco al extramuro de la villa, siguiendo el camino en dirección norte hacia el valle del Esgueva y Burgos.

Este camino es eje de todo el caserío. En tomo de él se encuentra la fuente y la parroquial de San Martín, sin culto.

A la iglesia de San Martín se la cita en la documentación desde la Edad Media y acrecentó su menguada colección con la anexión de San Nicolás, lo que no obsta para que siempre fuera considerada la parroquia menor de Curiel, y que a mediados del XIX fuera parroquia «de entrada, servida sólo por un cura teniente» (P. MADOZ, p. 55) , o sea, un solo sacerdote de los de más baja graduación en la carrera clerical. La situación de penuria se agravó no sólo por el decaimiento general de la población, sino además por la circunstancia de que la división entre las dos parroquias no obedeciese, como era lo habitual, a un criterio geográfico de reparto de calles. En Curiel, ya desde la reestructuración del XVI, los habitantes podían elegir su parroquia, generalmente en virtud de su estatus, quedando configurada una parroquia de los ricos (Santa María) y una parroquia de los pobres (San Martín)

Estos y otros detalles pueden seguirse en la completa monografía que Ramos Cerveró ha dedicado a este templo. En los años 1950 la parroquia fue suprimida y comenzó el proceso de ruina. La techumbre de la torre se derrumbó y el obispado, propietario del edificio, decidió entonces vender la piedra del último cuerpo, que amenazaba con caerse. El resto de techumbres también terminaron por caer hasta que en 1997 la iglesia fue alquilada por un dilatado período de tiempo a una bodega de vinos, que consolidó la ruina y acondicionó el lugar para su industria.

El edificio era complejo, pues varias eran las fábricas aglutinadas a lo largo de su historia. Las partes más antiguas (según Ramos Cerveró) serían las de la cabecera y los pies, del período románico, que podrían tener su origen en un edificio civil. Así, encontramos varios muros de diferentes grosores junto al ábside y una portada de medio punto, muy sencilla, a los pies. De su conversión en edificio parroquial dataría la capilla mayor, cubierta con bóvedas de nervadura estrellada plenamente góticas. Es una triple cabecera con presbiterio y dos absidiolos laterales, todos de planta cuadrada.

Hacia los pies se extienden tres naves separadas por arcos escarzanos de amplio radio que vuelan de la cabecera hasta casi los pies, creando un espacio tripartito pero de total claridad transversal. La cubrición se realizaba por bóvedas tabicadas, pero originalmente debió estar cubierta con madera, quizá por armadura mudéjar de par y nudillo (M. VALDÉS FERNÁNDEZ, M. T. PÉREZ HIGCERA y P. J. LAVADO PARADlNAS, p. 147) La división en tres naves por dos únicos arcos es una tipología de templo que se desarrolla en torno al 1500 y que podemos ver en la otra iglesia de Curiel (Santa María), en Rodilana, Castromonte ( J. CASTÁN LANASPA, p. 298 y 579) y Torrelobatón (Valladolid) y Macotera y San Juan de Alba de Tormes (Salamanca), éstas últimas también con cubrición de madera ( E. NUERE MATAUCO).

La que nos ocupa, como en Torrelobatón, se había cubierto en el barroco con bóvedas de rasilla y medio cañón dividido en tramos por fajones apoyados sobre ménsulas, que eran visibles aún en la ruina antes de la intervención de 1997. También se cubrieron con yeso los arcos, de sección poligonal típicamente gótica.

También barrocas eran las capillas laterales del lado de la Epístola y clasicista el remate del cuerpo de campanas de la torre, que consistía en una imposta plana que marcaba el último cuerpo y cuatro huecos de medio punto, centrados en las cuatro caras de la torre. En la última intervención se ha levantado un cuerpo de ladrillo en su lugar.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/9/8210/29184781536_3eef786a88_b.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído