Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Nieto en El Norte de Castilla el pasado día 29) (*)

Tengo la impresión de que por fin reventó el grano. Durante mucho tiempo se había ido acumulando el pus y el grano seguía engordando, pero la piel contenía la podredumbre. Cuando la acumulación ya no pudo contenerse: aquello se rompió y todos pudimos ver el pus acumulado.

Hasta el mismo día en que se produjo la explosión nadie daba demasiada importancia a aquel abceso. Unos doctores elaboraban tesis que sostenían que no pasaba nada; que aquello carecía de importancia, que seguía un curso normal, que se trataba de un proceso natural que conduciría a una situación más saludable. Otros alertaban de que acabaría mal; es más, que la cosa no tenía solución y sería causa de una situación incontrolable.

Pero al final el grano reventó y se produjo un punto de inflexión que fue más súbito y espectacular de lo que hasta unos instantes antes se esperaba. Efectivamente, en cuestión de pocas horas pasamos de un antes a un después. Hasta entonces los comentarios y debates, aunque fueran numerosos y casi siempre apasionados, aún configuraban una situación de normalidad, de cierto respeto: aún se mantenía una apariencia de “corrección política” y nadie se atrevía a decir lo que pensaba para que no le tacharan de radical o de extremista.

El cataclismo resultó tan súbito y brutal que dejó a todo el mundo con la sensación de que aquí había pasado algo muy gordo, entre otras cosas porque dejó al enfermo al borde de la muerte. Quienes antes advertían ruidosamente de que allí veían un grano que iba a más y no veían otra solución, callaban ahora para no parecer regodearse en la tragedia y porque sobre todo ellos mismos habían callado mucho y así habían contribuido a agravar la situación.

Ahora la presencia del enfermo, ya casi cadáver, resulta ser inútil o, más bien, molesta. Se piensa en que pronto habrá que hacer incómodas gestiones administrativas para deshacerse del cadáver. Y en que lo que él acumulara en su cerebro – sus recuerdos, sus ambiciones o sus pensamientos – será de todo punto irrelevante. Ya nadie hablará solapadamente para no molestar a nadie demasiado, porque llegó la hora de un ajetreo incómodo, del reconocimiento de una muerte que no podrá revertirse ni ocultarse; tiempo de plantear lo que habrá que hacer en el futuro. Ya no se puede fingir que no se sabe o no se supo. Es la hora de una realidad sin vuelta atrás. Tan solo, allá en el trasfondo de la escena, se está larvando la ambición de los parientes que esperan hacer fortuna del deceso.

Y uno siente una sensación como de haberse liberado; de que aquella situación imposible ha terminado aunque sea para provocar otra igualmente complicada. Por fin saltó el tapón que obstruía la salida cuando avanzábamos a lo largo de un túnel de falacias y medias verdades. Y lo ha hecho de un día para otro, de una forma explosiva. Nada quedará ya oculto; todo quedará a la vista. Se desmontó el tinglado. Al final todos se expresarán como les pide el cuerpo: con términos muy duros y directos. Fuera las máscaras, que la realidad está más cerca. Ahora ya podremos hablar de verdad sobre lo que pasaba; los equívocos serán ya cosa del pasado.

Sí; nos sentimos liberados porque las cartas están ya sobre la mesa. Habrá, sí, que reordenar la casa que quedó patas arriba y ponerse a pensar en lo que haremos. Habrá que empezar por limpiar y retirar tanta basura como se acumuló con el desbarajuste de estos días; caer en la cuenta de que erramos en el diagnóstico y en el tratamiento, y que ello permitió que creciera una infección ahora evidente.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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