El Rezongón. Y ahora… ¿qué?

Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 27 de octubre) (*)

Les confieso mi incapacidad de escribir sobre playas, arquitecturas… y otros asuntos que en absoluto son baladíes, cuando –aun necesitados de la serenidad y sensatez de mis compañeros y amigos de blog- suceden acontecimientos tan absurdos e inimaginables no hace tantos años como fueron las elecciones ¿autonómicas…? en Cataluña.

Como bien es sabido por nuestro currículum, que figura en Tres foramontanos en Valladolid, el fuera de serie Excmo. Sr. Don Javier Pardo de Santayana y Coloma (perdona mi general si te disgusta el que lo divulgue) es Teniente General del Ejército. Y el pese a ser rezongón, es sólo Ilmo. Sr. Coronel de Infantería. El que nuestro tercero, nada en discordia, sea abogado brillante y no menos extraordinario periodista. Porque servidor es el que rezonga, incontenible, he de traer a colación aquellos lamentables sucesos de Cataluña que siguen coleando.

Y que conste, que cuando rezongo – equivalente al más triste lamento- es aún el día de reflexión. Considero sin embargo oportuno el anticipo para la pregunta del título, porque tanto me da que me da lo mismo sea cual fuere uno u otro el resultado de este disparate.

Por si algún jovenzuelo distraído nos leyera, y como recuerdo para los más veteranos que cumplieron con el derecho y deber de servir a la Patria, vean a continuación el ineludible compromiso adquirido por los de “ayer” y al que igualmente se comprometen los de hoy en el acto de juramento a la Bandera:

Imposible Javier, que no recuerdes, como abanderado que eras por nº -1- de tu Arma (Artillería), las palabras que pronunció el Jefe del Batallón de Caballeros Cadetes y que por alusión a la Enseña que portabas, escucharías más emocionado aún que tus emocionados compañeros de Promoción. Juramento que referido en un artículo anterior, repito nuevamente, para que quienes no hayan cumplido el derecho y deber de servir a la Patria, sepan a lo que con la mayor solemnidad y compromiso posibles nos hemos ofrecido con voluntariedad actual los veteranos, padres o abuelos vuestros:

«Soldados, ¿`juráis a Dios´ y prometéis a España, besando con unción su bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca y derramar, si preciso fuera, `en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella´, hasta la última gota de vuestra sangre? Después de la respuesta: ¡¡sí, juramos!! El jefe que tomó juramento dirá a continuación:

”Si así lo hacéis, la Patria os lo agradecerá y premiará y, si no, mereceréis su desprecio y castigo, como indignos hijos de ella”. Uno por uno besará luego la bandera como “sello” del juramento realizado.

El páter o capellán presente en el acto añade: “Por obligación de mi sagrado ministerio, ruego a Dios, que a cada uno ayude si cumple lo que jura, y si no, se lo demande”.

¿Y ahora…? Ahora nada. Porque no se produciría un choque de trenes, como dijo un insensato, sino de un tren `Ave´ con una triciclo obsoleto.

Suponiendo – y no creo excesivo suponerlo- que la mayoría de quienes, veteranos, nos lean son cristianos por el bautismo recibido, no vendrá mal recordar lo que, veteranos todos o casi todos, estudiamos en el catecismo del Padre Astete o Ripalda cuando en el pequeño gran libro se preguntaba:

“¿El que jura o hace voto o promesa de hacer alguna cosa buena está obligado a cumplirla? R: Si, Padre; y el no cumplirla o dilatarla notablemente, [sin causa suficiente, exponiéndose a no poder cumplirla], es pecado mortal siendo la materia grave”.

Como ahora cada cual es -dicen- muy libre -¿liberal?- de pensar, creer y actuar en lo que quiera y como quiera, una vez más he de repetir: Y que conste que no pretendo aconsejar; yo… digo nada más.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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