Montes de León (Riaño)

Por Carlos de Bustamante

( Cerca de León. Acuarela de Juan Ramón Alves Fernández en Hispacuarela de Facebook) (*)

Ahora me explico el porqué de tantos millones de turistas visitan España. Si el puro campo castellano –el de la “terrible estepa”- me produjo la enorme emoción de volver al campo, tan distinto al sólo plátano de sombra, de paseo o hispánicus, ni les digo volver a la querida Montaña de mis ancestros. Castilla y León inmediata a “La Montaña” (la que hoy dicen Cantabria). A fe, que mis ansias camperas quedaron si no colmadas, si satisfechas. Muy satisfechas.

A la vista de la imponente Cordillera Cantábrica esta otra Castilla en la que vivimos, es un verdadero secarral. Si hablo (escribo) de ésta, siempre diré (escribiré), belleza. Belleza en ondulaciones rodeadas de alcores; belleza en los páramos donde parecen juntarse el cielo con la tierra; belleza en pinas laderas hasta el cerro donde comienza o finaliza el páramo; belleza en los tajos profundos (derroñadas) donde se desploma la inmensa llanura. Belleza, en fin, en los valles por los que discurren, caudalosos o reducidas venas de agua que se escurren de la panza de los páramos. Valles nemorosos donde pugnan en belleza junto a aguas silenciosas en los amplios meandros, o sonorosas en vados y algunas –pocas- torrenteras, el verde y plata en las hojas primaverales o del estío en los álamos con las verde intenso en los chopos de similar familia: pópulus alba y pópulus nigra.

No, ésa indudable belleza es muy otra en los terrenos agrestes recién visitados. Cordillera Cantábrica en los montes de León. Y los de la montaña palentina. Porque personas muy queridas me llevaron.

En un día espléndido de nuestro “ferragosto” (seis meses de invierno y tres de infierno), sin prisa y sin pausa, los siete de familia dejamos atrás las tierras feraces palentinas, paralelas al río Carrión. Experimentado por el mareante viaje a Trigueros del Valle, intenté mirar sólo al frente. A lo lejos. Ni que decir tiene, que no lo conseguí. Imposible ignorar cuanto miraba al frente primero e irremediablemente a los costados después. Tierras feraces éstas palentinas, próximas al río Carrión; uno de los mayores-o el mayor- afluente del gran Pisuerga. “El que no por casualidad pasa por Valladolid”. “El que lleva el agua y el Duero la fama”. Tierras de labor excelentes sin solución de continuidad. Grandes arboledas indicadoras de aguas y fertilidad abundantes en los muy bellos parajes aún castellanos puros.

Pero intrigante: letreros en la carretera de “moderen la velocidad” y un ciervo pintado en el triángulo de peligro.

Entre brumas primero y diáfano luego, la silueta recortada en el horizonte lejano de ¡los Picos de Europa! Y en las señales de moderen…: dos ciervos en lugar de sólo uno. La cosa se ponía interesante. Sucesión de pueblos más diferentes cada vez a los austeros castellanos de adobe. Proximidad de la montaña palentina. Vegetación exuberante a ambos lados de la carretera. Pedrosa de la Vega y próximo al pueblo, Villa romana La Olmeda. Bien eligieron el lugar los patricios romanos. Y en la señalización: Lobera. Ciervos, lobos… Montaña palentina más próxima. Y en el fondo: ¡los Picos de Europa!: majestuosos. Todavía en Castilla.

Desviación a Fuentes Carrionas. Proseguimos dirección León. Riaño.

Vegetación diferente: apenas tierras de labrantío. Bosques ahora: robledales, pinos, hayedos… “Moderen la velocidad”. Silueta cada vez más nítida de la alta cumbre del Espigüete. Blanca. Y la negrura en lo alto del Curavacas. Siempre majestuosos como telón de fondo, los Picos de Europa. Provincia de León: Riaño. Montes míticos. Reserva de caza: Ciervo, Corzo, Rebeco, Cabra Montés hispánica de procedencia abulense (Gredos), Jabalí y Lobo. Carretera siempre arriba. Paredes rocosas muy próximas. La insistencia en mirar hacia la reserva natural de caza, hizo que se percatase al yerno conductor del interés por la zona. Dejada, pues, la carretera, tomamos la intrigante subida al puerto de Monteviejo. Gozo incontenible e incontenido. De trecho en trecho y en la carretera angosta donde la vegetación se entrelaza en túnel de verdor, pequeños montoncitos de las defecaciones que la fauna abundante pero oculta, acostumbra a depositar los excrementos. La ansiedad por ver alguna pieza me distrajo de contemplar tanta belleza en Monteviejo, paraíso de la caza. Mas no afloraron instintos depredadores, sino el amor hacia cuanto tenía el color, sabor y majestuosidad de mi tierruca. Montaña cántabra tras los Picos de Europa.

Aulló el lobo; los hayedos se removieron con el frotamiento del jabalí madre y numerosos rayones. Un grupo de ciclo turistas, ahuyentó a los que pacían próximos a nuestro paso o acechaban la presa para alimentar lobeznos. Cuando añoraba facultades perdidas y soñaba aventuras imposibles, con un giro brusco por camino-sendero hacia el pantano, desperté junto a la ermita de Nª Sª de las Quintanillas. Templo en tierras de María, rescatada piedra a piedra de las profundidades anegadas por las aguas purísimas que bajan de los gigantes de piedra, señores de estos lares. Ermita cerrada con la imagen venerada por los lugareños, que recibió piropos encendidos de los ahora viajeros.

Con sensación indefinible al cruzar el puente sobre el pueblo viejo bajo las aguas, al fin, Riaño nuevo. Y arriba, muy arriba, estación término: ojo de halcón en el camping. Vistas con bellezas de las que no se olvidan.

Ubicado en una colina que domina el pueblo de Riaño, rodeado de emblemáticos Picos: Yordas, Gilbo, Peñas Pintas… Con vistas al pantano y a las altas cumbres borrascosas, “Camping Riaño, Picos de Europa”. Como un milagro, vegetación entre las breñas próximas. Y abajo, muy abajo, lanchas y embarcaciones que escriben veloces, sobre la limpidez del agua en el pantano, el canto poético a los Montes de León. Menos prosaico pero buenísimo, cocido montañés. Carne sabrosa, bravía, de caza mayor y legumbres del Bierzo. Amabilidad, limpieza, cuidados máximos en las instalaciones, precios moderados y trato exquisito. ¿Se puede pedir más por menos…? Si Dios es servido, volveremos. Se está “divinamente”.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5726/30880079846_e153b7950d_o.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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