El caso es que ya les conocemos

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Peridis en El País el pasado día 26) (*)

Ha hablado el Rey en su discurso navideño, y a algunos no les ha gustado lo que dijo. Menos mal, digo yo, porque si llega a decir lo que suelen decir quienes no están contentos con la alocución citada, tendríamos un monarca de la extrema izquierda que desearía la ruptura de España, la caída de la Monarquía y el retorno de la funesta “Segunda República”. Querría nuestro Rey una España hecha unos zorros y cosas tan simpáticas como el regreso de las checas y las depuraciones que ya asoman; incluso se mostraría favorable a que se cargaran a la oposición como en los viejos tiempos, cuando asesinaron a su jefe por orden del gobierno establecido, con lo cual quedaría resuelto definitivamente el problema de las discrepancias.

Yo he hecho mentalmente el ejercicio de leer las palabras de nuestro monarca cambiando lo que no gusta a los revolucionarios y a los independentistas – incluidos los que recogían las nueces – por lo que sí les gustaría oír a ellos, y me sale una cosa como muy graciosa y chusca: algo así como la guerra de Gila, en la que los soldados hablaban como si charlaran con los amigotes en vez de con quienes tenían enfrente de enemigos. Así que les ahorraré cualquier explicación innecesaria: téngase en cuenta que además corre la Navidad, con lo cual imagínense como quedaría en estos días de paz y de esperanza cualquier exordio real en el que se propusiera a la “ciudadanía” que los españoles volvieran a enfrentarse o hicieran caso omiso de las leyes del Reino. Es decir, que no pensáramos en amarnos los unos a los otros porque el perdón sería una paparrucha improcedente y lo bueno sería simplemente lo que hicieron aquellos republicanos que aplaudían la democracia pero sólo si ganaban ellos. Se habría hecho así realidad aquel desideratum o reconocimiento de los existencialistas en el sentido de que el infierno es simplemente el prójimo.

Ahora dicen estos advenedizos que las palabras que oímos el otro día de los labios reales iban tan sólo dirigidas a unos pocos de los españoles supongo que “de a pie”, pero ahí me parece que se han escurrido peligrosamente en esto como en otras cosas, porque podríamos estar obnubilados y presos quizá de algún despiste transitorio, pero me resisto a suponer que seamos tontos. Así que me hallo convencido, por lo menos con la misma autoridad que ellos pretenden, que, por el contrario, las palabras reales habrán caído bien a casi todo el mundo, y sobre todo bien a las familias españolas que quieren la paz y no desean aventuras peligrosas e inútiles. Y por ser palabras propias y adecuadas para la ocasión en que se pronunciaron, que no era precisamente la de un mitin de pareados y de puños en alto. Por ser reflexiones dirigidas a la gente más que a esos políticos creídos de sí mismos que sólo piensan en asaltar el cielo o en romper una España forjada por los siglos y por la coincidencia en muchas cosas esenciales.

Si algunos de los que tuercen el gesto ante las palabras reales consideraran que éstas se refirieron sutilmente a ellos y a sus malos pensamientos será porque ellos mismos no son trigo limpio. La prueba es que el espíritu de bien que transmitió aquel Niño que nació en Belén tampoco parece haberles gustado demasiado; tan es así que algunos tienen incluso planes para borrarlas de nuestras costumbres y de nuestra tradición más arraigada así que puedan. ¿O por ventura se creen que no sabemos ya lo que pretenden?
¡Pero si hasta lo dejan escrito en las paredes de los templos! Y eso que ya desde niños nos advertían nuestros progenitores, fueran éstos A o B, que lo de escribir en ellas no está bien ni resulta ser de buena educación, y la prueba es que las mamás de aquellos a los que les parece bien enmarranarlas con frases de odio y de violencia no les habrían permitido hacerlo ni en las paredes de sus propias casas.

En fin, yo veo todo esto como un paripé en el que predominan los efectos especiales, la convicción de que no pasará nada a nadie por mucho que se despotrique y amenace, y que lo que se pretende con tanto ladrido es simplemente crear un ambiente y establecer una especie de “mantras» útiles a efectos de repercusión mediática, o sea como si todos fuéramos imbéciles. La prueba es que los comentarios estaban ya fabricados de antemano porque montar el pollo requiere su tiempo.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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