El Rezongón. Regeneración, progreso y cambio

Por Carlos de Bustamante

( Viñeta de Idígoras y Pachi en El Mundo el pasado día 4) (*)

A pesar de que creo haber dicho algo de esto hace no mucho tiempo, no tengo inconveniente -y ustedes seguro que me lo perdonan- en volver a insistir sobre lo que cada día que transcurre cobra mayor actualidad e importancia. Dedicado el que no siempre fue rezongón más de treinta años a la escritura, créanme que aún estoy en pañales. Castellano-montañés de pura cepa, creí –infelice- que dominaba el idioma. O que no tenía duda alguna en el significado de las palabras. Y lo fui así –tan “infelice”- que incluso rescaté del olvido la mezcla del castellano antiguo de nuestras gentes del campo, con localismos en expresiones incorrectas pero con siglos de historia. Sonoras. Plenas de sentido. De uso común a lo largo del largo valle del Duero. ¡Infelice! Para sí quisieran algunos de los políticos actuales, casualmente los denominados de izquierdas, la corrección en el castellano español de los hoy olvidados “sénecas” de nuestras gentes del campo.

Por partes: REGENERACIÓN. No me arriesgo a definir lo que creo significa; y, como de costumbre, acudo a la RAE: 1.- Reproducir lo que estaba destruido. 2.-Hacer que uno se aparte del vicio y lleve una vida moral y físicamente estimable. Elijan si les pete, por favor, cualquiera de las dos definiciones y si no les aburre, aplíquenlas, por fa, a lo que la oposición despiadada de las izquierdas exige al actual gobierno sin aceptar siquiera el diálogo.

1: ¿Podrían contestar los que nunca leerán al Rezongón qué estaba destruido? Y de haberlo, que lo hubo, ¿destruido por quién? ¿Qué gobierno dejó a España al borde de la quiebra, el rescate y la ruina? ¿Con qué presidente subió el paro a cifras inaceptables? Añadan ustedes, se lo ruego y si les place los muchos interrogantes que faltan de añadir.

2: ¿Podrían contestar los que nunca leerán al Rezongón quién llamó bien al mal; derecho y virtud al vicio; y mal al bien de una vida moral y físicamente estimables, imponiendo a una sociedad sana leyes aberrantes que legitimaban “pasiones nefandas”?
¿Están ustedes seguros –los que apoyan esta regeneración y ponen a caldo a los que son contrarios a ella- de que es esto lo que nuestra España necesita?

¿Alguien en su sano juicio puede considerar el seguimiento de estas leyes vida moral y físicamente estimables? ¿No es todo lo contrario la descomposición de una sociedad y caer en el libertinaje que ya causaron la ruina y fin estrepitoso de grandes imperios? Con todos mis respetos, a ese tren, Srs., el Rezongón no se sube; y si por fuerza estuviera embarcado en él, ¡deténganlo Srs., que yo me bajo! ¡O me tiro en marcha!

PROGRESO: No acudiré ahora a la RAE, porque, no siendo sus componentes el santo Job, su paciencia tiene límites. Y por mis continuas preguntas digo, que “lo poco agrada y lo mucho cansa”. Siempre creí –infelice- que progresar era mejorar, humanizar, conseguir el bien para los gobernados sin mal alguno. O sea, lo más parecido a lo que nosotros llamamos Cielo o Paraíso; y ellos, estado de bienestar sin límites ni austeridades… O así. Pues Srs., ¡todos a Venezuela donde dicen que “atan a los perros con longaniza”; y a falta de papel higiénico, se limpian, con perdón, el trasero con cantos rodados del arroyo!

CAMBIO: ¡Es que hay que roerse… ¿eh?! Creí – otra vez infelice- que el cambio ya se había producido, cuando un infumable presidente nos dejó hechos unos zorros material y moralmente; y hubo un relevo que, sin ser perfecto (nadie humano lo es) enderezó no pocos caminos tortuosos, rellenó baches como cráteres de un volcán y puso un poco de orden en el desorden como jamás España conoció otro igual.

He dicho material y moralmente. Aunque todos lo tenemos en presente, porque aún vive y colea el causante de sobra conocido, para finalizar haré un breve repaso: con o sin “burbuja” el estado de bienestar en España era más que aceptable. Ocupábamos un lugar de privilegio en las economías mundiales… Así las cosas, al poco de llegar el infumable, todo cambió… para peor, claro; para catastróficamente peor. Nos vimos inmersos en una crisis, que si bien fue cuasi mundial, España ocupó un lugar “de privilegio” en lo calamitoso. Mientras tanto, el del “cambio”, seguía despilfarrando a diestro y mucho más a siniestro. Se le enternecieron hasta las entrañas por los pobrecitos gays de Zimbabue; y… ¡venga de euros para ese colectivo LGTBI! Para despistar, y además de gastar la intemerata en “acondicionar” con piscina climatizada el interior de su pobre vivienda (¿), ocultó sus tesoros en cajones con montones de… facturas impagadas. Para engañar afirmó, con la seriedad que le es posible a un “presi de cachondeo” (con perdón), donde dijo que había diez de saldo positivo, en realidad y ¡ay, que se comprobó luego!, eran eso, pero en negativo.

Pues no; con la ayuda de los tontos útiles, nuevamente siguieron pidiendo el cambio. Y es, que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Cierto que no hubo consenso para derogar los disparates establecidos por los del cambio anterior; los que también nos llevaron a la tasa de natalidad más baja de todos los países “civilizados”. Cierto que tampoco se ha derogado eso que llaman matrimonio…, El que por la absurda ideología de género, hacen imposible, por falta de complementariedad en las “parejas”, el relevo generacional.

Tuvo que venir un gallego que, ignorante de la triste realidad, elaboró un programa electoral basado en el engaño del predecesor. Lamentablemente no pudo cumplir lo programado. Fue entonces cuando los tontos útiles, junto con los de la crispación de siempre, le pusieron a caer de un burro.

A la gallega y pian pianito, llegó lontano. Evitó la caída y rescate estrepitosos como en Grecia. En medio de la crisis mundial, sus medidas de reforma laboral fueron, por su eficacia, el modelo para la mayoría de los países de la UE. Y de la ruina recibida, otra vez España encabezó la real recuperación económica como ningún otro país de la Unión dicha.

Seamos pues, un poco más serios: ¿Qué regeneración, progreso y cambio son los que realmente necesita España? Sin pretender aconsejar, yo…digo nada más ¡que continuidad, Srs., continuidad! Aunque permítame que le diga Sr. Presidente: ¡quite “ya” las leyes aberrantes que nos fueron impuestas por los “progresistas”… de pacotilla!


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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