Para premio

Por Javier Pardo de Santayana

( Zaragoza. Acuarela de Luis Sala Luna en Amigos Acuarelistas de Facebook) (*)

Es para no creérselo, y mira que estamos acostumbrados últimamente al esperpento. Pero ratificando aquel axioma de que la estupidez humana no reconoce límites, ahí va la expresión más reciente de que esto es tan cierto como que llueve desde arriba. Y no crean ustedes que aquí culminará la larga serie – ya habitual – de incongruencias, puesto que estoy seguro de que cuando conozca la luz lo que ahora escribo ya habrá llegado otra noticia parecida respecto a alguna otra lumbrera o incluso respecto al mismo personaje. Y siempre quedará la incógnita de si la nueva parida no tratará de algo aún más rompedor y sorprendente que lo que a continuación paso a contarles:

El caso corresponde a un comentario improcedente que no sé a cuento de qué sería formulado por el alcalde de una de las grandes capitales españolas, es decir, por alguien sobre cuyos hombros se ha depositado una responsabilidad que exige cierta coherencia. Se trata de que al tal sujeto, que ya nos había brindado alguna que otra perla parecida, se le ocurrió declarar con motivo del 90 aniversario de la creación de la Academia General Militar, y ante el propio Director del establecimiento, que el centro debiera perder su condición castrense para ser dedicado exclusivamente a la formación de sus alumnos en las técnicas propias de las Oenegés. Y lo hizo a pesar de conocer los tiempos que corren y los que nos amenazan con venir, y sabedor sin duda de que lo que él propone es cosa que ya se viene haciendo, hasta el punto de que también los militares se dedican en su “tiempo libre” a apagar fuegos y a otras muchas cosas que no les son propias pero que realizan en beneficio de la población. Pero que se hace “además” de lo fundamental.

Para empezar, el despojar a la Academia de su carácter militar despreciando la vocación de unos alumnos que juran poner su vida en riesgo y perderla si fuera necesario en la defensa de nuestra libertad es algo tan disparatado y ofensivo como sería proponer que la Escuela de Ingenieros industriales se dedicase a instruir a sus estudiantes en la fabricación de churros, trabajo sumamente interesante pero que poco tiene que ver con su misión.

Mas ni siquiera se detuvo aquí el lenguaraz edil, sino que llegó a afirmar con tanta desfachatez como ignorancia que la presencia del prestigioso centro y de los acuartelamientos militares sería un peligro para la seguridad del vecindario, aseveración tan incongruente y llamativamente chusca que le hace a uno plantearse qué estaría pensando ese señor e incluso dudar de que estuviera sobrio; de si no habría tenido una pesadilla en la que soñara un ataque de misiles nucleares o algo parecido. Además demostró desconocer los sentimientos de sus administrados, que de siempre sintieron simpatía por la presencia de los jóvenes cadetes y, a la par que se mostraban orgullosos de contar con un centro del prestigio de éste, eran conscientes de su positivo impacto en la economía local.

Incomprensible, ¿no es verdad? Pues quizás tamaña estupidez se entienda parcialmente si añadimos que el mismo edil y sus colaboradores hace tiempo que se dedican a perseguir la fe de sus administrados otorgando un tratamiento laico a la Virgen del Pilar, patrona de España a la que el pueblo llama cariñosamente ”La Pilarica”. Y eso que que los amigos del edil pretenden “conquistar el cielo”…

Alguna voz he oído decir que, ante tamaña estupidez y desconsideración, hubiera sido preferible ver cómo el Director de la Academia se dirigía hacia la puerta dejando solo y con la boca medio abierta al susodicho edil. Pero, teniendo en cuenta que la protagonista del acto era precisamente la Academia que el Director tenía el honor de representar cumpliendo rigurosamente el protocolo; en vista de que la Alcaldía es una institución muy digna y respetable independientemente de como sea su capitoste; considerando la solemnidad que requiere la celebración de un acontecimiento como el ya citado; y, sobre todo, porque el impertinente personaje sería por su cargo un invitado suyo; es decir, como en resumidas cuentas quien allí sobraba era el ya desprestigiado e impertinente edil, me pareció muy bien la decisión del Director de no abandonar la escena sino quedarse donde estaba. Con lo cual dio una lección de señorío y buena educación en ejemplar contraste con el palurdo sectarismo del político; y también – por qué no decirlo – una demostración de inteligencia y de sentido práctico, pues éste acabaría cocido en su propia salsa una vez más. Fíjense ustedes que hasta mereció cumplidamente el desfribilador de tontos…

Pero qué quieren ustedes si, como es sabido, uno de nuestros ministros prohibió cualquier mención de la guerra en documentos oficiales, compitiendo así con el presidente de Gabón que acabaría con el sida por decreto. Y si, más recientemente, el secretario general de un partido que pretende llegar a gobernarnos alumbraría la brillante idea – pronto ocultada por sus conmilitones – de proponer la supresión… ¡del Ministerio de Defensa!

Así que finalmente me hago una pregunta clave que no suele ser planteada por los medios: ¿Por qué ahora y no antes le hacen a uno dudar de que la raza humana esté formada por seres racionales?

(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/1/737/32531220706_24298ffac4_b.jpg

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leido