El Rezongón. Robots y progreso. Los líos de la alfalfa

Por Carlos de Bustamante

( Lomas en Renedo. Acuarela de José María Arévalo) (*)

La inauguración de la recién nacida industria – fábrica de piensos compuestos y deshidratadora de alfalfa fue de “órdago a la grande, a la chica, a los pares y al juego”. Pero la resaca… ahora veremos: Hectáreas y más hectáreas de un verde intenso hicieron de buena parte del valle del Duero un Edén de singular hermosura. Si alguno de los “cooperativistas” se retrasó en dar “la corta” a su debido tiempo, podríamos hacer propio lo del gran poeta marqués de de Santillana: “En un verde prado de rosas y flores la vi tan hermosa”…

Para que la aportación de este componente diera al pienso buena calidad, era preciso efectuar la corta antes de que la alfalfa floreciese y el tallo perdiera frescura y agrado para los ganados consumidores del producto. Guerra sin cuartel. Lo verán: con agua y calor la “mendicago” se desarrolla rápidamente. Y para recogerla antes de la floración, fueron imprescindibles nuevos robots y vertiginoso progreso. La primera y más urgente adquisición fue la de la máquina-robot segadora-picadora. Era de fabricación danesa y acoplada lateralmente al tractor, lanzaba picada al remolque –también de Dinamarca y misma marca “JF”.

Como la fábrica estaba situada en un punto intermedio entre las dos principales labranzas suministradoras no mayor de tres kilómetros, salía remolque repleto con el tractor “pies en polvorosa”. Y es que la deshidratadora tragaba, como imponente tragaldabas carga tras carga sin cesar. Descargado el “volquete” volvía como “alma que lleva al diablo” a por otro remolque cargado mientras el otro estaba de viaje.
Así, un día y otro, desde que el amanecer, espantaba los fantasmas de la noche, hasta que el cielo enrojecido hacia el sol poniente, invitaba al sueño de robots, ¡y personas tan cualificadas como derrengadas! Es de notar cómo inhiesta la alfalfa en rama apuntando al cielo castellano, en no más de ¡media hora!, yacía hecha pienso en la bodega lúgubre del almacén. Y acto seguido a los pesebres o comederos de animales hambrientos.

Para “nota” les digo, que los importantes carotenos para la alimentación del ganado contenidos en la alfalfa verde, pasaban íntegros y en tiempo record del campo al estómago o buche de los animales dominados. ¡Prodigios de la técnica robótica y del progreso! Sí; y del, con perdón, pasarlas “canutas” del labrador. “Cagüen tal indefinido”… Expresión tan vulgar e ininteligible, porque como el conspicuo lector habrá observado, el número de robots que el labrador progresista se vio forzado a comprar, le supuso un esfuerzo tal, que si la cooperativa no le resarcía con el éxito, se vería empeñado de por vida. Eso si antes no se lo llevaba todo la trampa; o sea, los acreedores, la banca o el “K.O.” absoluto.

Pero “quihacer hombre” … De tirar la toalla…¡nada de nada! ¿Arredrarse por total cinco tractores nuevos, segadora –picadora, un monstruo devorador de alfalfa y varios remolques volquetes…? “¡¡ `Nihablar´ del peluquín!!”. Si en tiempos vividos aún calientes “al segador no le importa que le dé el sol cara a cara”, ¿iba el Rezongón y con él otros no menos testarrones a darse por vencidos? ¿Acaso el progreso puede significar su antónimo de ruina…? ¿o por cuatro multas de nada a los tractores en continuo trasiego por la carretera…? Seguimos. Pero ¡ay!, que aún con eras y regaderas algunas de los cachos por el antiquísimo riego, al segar en ellos las máquinas “arrebañaban” no poca cantidad de tierra que adulteraba el pienso. Fue preciso llevar el producto en rama con una sola picadora en la fábrica. ¿Quién dijo miedo, muchachos…? Otra segadora frontal en un tractor y nueva máquina recogedora del forraje tal cual. (en rama). Total, “ya de perdidos…¡al río”! Pienso de calidad y siete u ocho cortas(siegas), que valían un potosí. Rentable.

Como “la alegría dura poco en casa de los pobres”, la fábrica comenzó a tener problemas de venta. Los gallineros comenzaron también a no ser rentables; y la materia prima de los piensos, resultaba más barata comprarla de importación que la producida en nuestras labranzas. Poco a poco y luego a mucho, la flamante maquinaria que costó sangre sudor y lágrimas… pasó una tras otra a la chatarra. Pero hubo algo, lo más importante, que permaneció intacto: el ancestral espíritu de sacrificio del labrador, que más cumplió con el deber de “trabajar y custodiar” la tierra, que de enriquecerse con ella. Con ese continuo mirar al cielo, no sé si contribuyó al progreso, pero sí que aprendió y practicó la asignatura más importante. La que no expreso, porque conste que no pretendo aconsejar; yo…digo nada más. Y que, si Dios es servido, rezongaré sobre otros cultivos. “¡Que todavía queda mucho bacalao que cortar”…! Nos vemos…

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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