Fútbol. Quién te ha visto y quién te ve

Por Javier Pardo de Santayana

( Logo del futbol)

Según la experiencia de mi generación, a ésta ha correspondido un tiempo de cambios espectaculares. Fíjense ustedes que hasta nos cambiaron el padrenuestro y los principios inmutables del arte de la guerra. Y es que probablemente nunca se produjeron en tan escaso tiempo tantas trascendentales variaciones. Sin embargo no podemos dejar de suponer que alguna cosa habrá que todavía permanezca.

Este sería probablemente el caso del deporte rey. De entrada, lo inventaron los ingleses, tan amantes de sus tradiciones que parecen vivir en el pasado: ahí tienen todavía circulando los viejos taxis de toda la vida y un parlamento en el que el que habla da espaldas a la mitad de los oyentes. Ni la necesidad de contar con un mínimo espacio para los papeles y los apoyos de la tecnología movieron a sus señorías a exigir un cambio en el vetusto mobiliario. Así que les ha dado por el hacer el “Brexit” para seguir aislados como estuvieron siempre.

Quiero decir con esto que, si bien la “tradición” de conservar sus tradiciones me parece admirable y atractiva tanto como principio como por sus modos y ritos ancestrales, en su versión inglesa llega al grado del apolillamiento como cabría esperar en un deporte basado en una estricta regla escrita. Por eso nos choca constatar que también su fútbol sufrió los signos de los tiempos, y ahí tenemos a guisa de ejemplo – todavía en el terreno de lo reglamentado – lo que hoy se permite y no permite hacer a los porteros, o la interpretación de los fueras de juego y de las faltas que se producen en el área, asuntos éstos que aún dan lugar a grandes discusiones. Yo imagino al indispensable Escartín hecho ya un lío y yendo ya por su enésima versión del reglamento.

Hasta la típica alineación de “un portero, dos defensas, tres medios y cinco delanteros” se nos fue al garete, y ni se sabe ya cuál es el papel de cada cual. Se habla de carrileros, o sea de defensas en papel de extremos, de jugadores de área, y de tantas y tantas variantes que obligaron a recurrir a fórmulas de tipo matemático: que si la 4-4-2 o que si la 3-4-1. Y el futbol no es ya lo que era en su idea primigenia, cuando el balón sólo se movía hacia adelante y el portero se limitaba a blocar el balón o a despejarlo haciendo, si era posible, palomitas. Ahora ya hemos visto de todo, como porteros pasando raso con el pie y hasta revoluciones como la que nos trajo el Lorenzo de Almagro o el recurrente tiqui-taca de los mil pasecitos sin avanzar un metro.

¿Pues qué decir de la moda deportiva? Yo tuve aún ocasión de conocer a un futbolista que calaba boina en su cabeza: se llamaba Antón y jugaba en el Oviedo. Pero no nos riamos pensando en lo que sería su apariencia, porque ahora veremos cosas aún más chuscas: pelos teñidos de todos los colores, cabelleras disparadas que mueven al asombro y hasta espectaculares crestas de sioux por no hablar de tatuajes que no dejan un solo solo espacio de piel libre. Y algo parecido podríamos decir de lo que ahora llaman el equipamiento, que en mis primeros tiempos nunca sufrió variación, mientras que ahora se publicita con desfile anual que no excluye en su oferta ni la tela estampada. Claro que, a diferencia del pasado, de esta forma se ganan bastantes millones. ¿Y qué me dicen del calzado polícromo y personalizado que también se exhibe ?

Y la moda alcanzó hasta a los mismos árbitros, que no son ya sólo el principal y los linieres, ya que la familia siguió aumentando para vigilar aspectos específicos,. Y aún habría que añadir la próxima implantación del árbitro electrónico, o sea del sistema VAR, que se escribe con uve y está aún por ver si podrá aplicarse sin obstaculizar la marcha del partido. Así que aquello del “trencilla” ya no es aplicable, porque entre otras cosas, los ”referees” no usan ya chaqueta con reborde; medida comprensible habida cuenta de lo engorroso que resultaba el anterior atuendo, hoy rechazado de plano por los jóvenes.

Por su parte, el balón mismo era al principio diferente. Se trataba de un gran pelotón de cuero con costuras y con una boca cerrada por tira de cuero que ponía en peligro la integridad de quien osara meter la cabeza en un remate. Yo veo el balón actual bastante más ligero, como más pequeño y desde luego más vistoso, porque también sigue las modas y se confecciona expresamente para que guarde memoria de cada acontecimiento clave.

Como se ve, casi todo es distinto en el Planeta Fútbol. Quién iba a decirnos, por ejemplo, que no sólo podríamos ver los partidos en directo, sino que éstos serían seguidos con pasión en China o en Nigeria; que las jugadas más polémicas – pura pasión ibérica – podrían ser diseccionadas mediante la “moviola”* o la repetición de imágenes en diversos planos y desde distintas direcciones; que para atender a la demanda se modificarían los calendarios deportivos y habría fútbol a diario y no sólo en domingo como antes. Así que las quinielas nos tendrán en vilo varios días. Y en los equipos españoles acabaría habiendo casi más extranjeros que jugadores nacionales. Además se impondrían los cacheos a la entrada que habría partidos considerados de “alto riesgo”, cual si estuviéramos hablando de la guerra, con lo que cada encuentro sería vigilado por miles de policías, situación bien distinta de la de los años 40 y el Metropolitano; cuando lo más peligroso que pude conocer fue aquel ladrillo que portaba un entusiasta como eventual recurso de protesta.

Y quién podría imaginar que el gol de Marcelino fuera superado por otro de Iniesta, y que un equipo español tendría la desfachatez de hacer política y apoyar una afrenta a España y su Monarca.

*La moviola, madre de todas las modernas disquisiciones deportivas, fue una idea genial de Luis de la Plaza, insigne artillero y periodista.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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