¿Por qué no se publican críticas negativas sobre exposiciones?

Por José María Arévalo

( Autor: Rafael Romero) (*)

Ya hemos incluido en estas páginas más de una vez las opiniones de la crítico de arte Marta Teixidó en Cuadros de una Exposición.com. Este mes ha publicado en esa web un valiente artículo que titula “Se exhibe arte para un público que no tiene conocimiento del mismo”, que nos parece del mayor interés recoger también. Por nuestra parte titulamos con lo que creemos es el meollo de la cuestión que plantea, la falta de crítica también negativa en las exposiciones. Confieso que yo mismo me resisto a hacer aquí crítica negativa, al menos claramente, aunque a veces sí explico que la obra expuesta tiene, en mi opinión, otros valores, como el histórico o el puramente técnico, pero no precisamente el estético.

“Las redes sociales –comienza Marta Teixidó- se han convertido en una herramienta de comunicación imprescindible, que para muchos roza la adicción, para dar a conocer opiniones, temas familiares, noticias, mensajes, eventos y un largo etc., de motivos para los cuales en el fondo, fueran creadas, aunque un análisis en profundidad nos haría darnos cuenta de que también son una herramienta de control por parte de poderes fácticos, multinacionales o gobiernos de toda índole”.

“Es lógico –continúa el artículo- que muchos pintores, escultores, grabadores, dibujantes, etc., utilicen las mismas para dar a conocer sus creaciones artísticas, subiendo imágenes como una forma promoción y difusión para ellos mismos, algo muy loable y de lo que en absoluto, desde Cuadros de una Exposición.com se está en contra, sino plenamente a favor.

Pero el hecho de exponer al público, también implica el riesgo de que las obras exhibidas, al igual que en una galería de arte, puedan ser objeto de comentarios, tanto positivos como negativos. Con respecto al primer ámbito, nada que decir. En lo referente al segundo, cuando, quien suscribe estas líneas expresa un comentario nada favorable, siempre con prudencia y respeto, y en ocasiones midiendo las palabras para no herir sensibilidades, más de un artista se sube por las paredes, y en absoluto acepta la crítica, sino que responde en ocasiones de forma poco correcta, creyéndose por encima del Bien y del Mal, en una demostración de egolatría en grado sumo. Otros, utilizan el silencio.

( Autor: Raúl Ballestá) (*)

¿Por qué no se publican críticas negativas sobre exposiciones? ¿Por qué los críticos se someten a la voluntad de la prensa, cuando ésta cada vez dedica menos espacio al arte y a sus manifestaciones? ¿Por qué podemos hacer críticas a los políticos, a las empresas, a los gobiernos, a los programas de televisión o las películas de los cines Y NO PUEDE CRITICARSE Y PUBLICARSE NEGATIVAMENTE EL ARTE?

La falta de críticas negativas – de la que esta web no es, por supuesto, un ejemplo, pues lo ha demostrado con creces cuando una exposición no le ha convencido – ha perjudicado enormemente al arte. Muchos críticos han dado soporte a manifestaciones artísticas deleznables, pero “políticamente correctas” que el público en general no ha entendido, y ello junto con el radical cambio de costumbres, precisamente debido a las redes sociales y a las nuevas tecnologías, han alejado al público del arte y de sus creadores.

Los medios de comunicación también son en parte, responsables del fenómeno, al dar cabida dentro de las noticias a las extravagancias del arte, especialmente en manifestaciones y certámenes como ARCOMadrid.

El crítico comprometido, amante y conocedor del arte, de voz escasa y repercusión nula, lo manifiesta en su libertad, en blogs y webs, es a penas considerado, mientras el crítico afín a intereses de medios de comunicación o políticos, calla, pasa por alto, o lo ensalza, según conveniencia.

Lo mismo ocurre en las redes sociales. Los artistas exhiben sus trabajos. Apenas nadie comenta. La mayoría indica “me gusta” o “recomienda” o ponen emoticonos. Y es comprensible, nadie quiere mojarse ni ofender al amigo.

Pero como he manifestado anteriormente, quien exhibe su obra al público está sujeto a todo tipo de opiniones, y la capacidad muchos artistas del siglo XXI para aceptar las negativas es nula. Se mueve en un entorno donde ya hay poco que decir, donde el relativismo impera, y en el que la formación humanística brilla por su ausencia.

( Autora: Sílvia Alcalá) (*)

Por otra parte, el artista también es conocedor de que no toda su producción es buena –ya no digo extraordinaria o excepcional –y al mismo tiempo, también es sabedor que el público en general dispone de escasos conocimientos con respecto al arte, debido a ese alejamiento mencionado, y que no obtendrá respuestas negativas. Cuando alguien dispone de experiencia en este ámbito y expresa su parecer, entonces salta la ofensa y se exterioriza un “amor propio” en muchas ocasiones desmesurado.

Al artista actual –y generalizo, pues entiendo que puedan haber excepciones– en su mayoría su formación en historia del arte es poca, escasa preparación intelectual – ni interés por tenerla -, con exceso de egolatría, dedicados en buena parte a otras profesiones para obtener el sustento diario, con lo cual su concentración para el arte no es al 100%, y por lo tanto, horas que deberían dedicarse al arte, deben desplazarse al sustento, aunque sea dando clases.

El artista, debe realizar una preparación y formación constante, en arte y en muchas otras ramas de la cultura (historia, literatura, música, informaciones de toda índole…), y en todo lo que nos rodea. Es esta una ardua pero gratificante tarea, como puede asegurar esta crítico de provincias, pero absolutamente imprescindible para ejercer su tarea, para conseguir lo que en su día manifestó Leonardo da Vinci sobre el arte:

“El Arte eleva el espíritu humano, sublima sus emociones básicas, y cultiva el sentido de ser más sensibles a las cosas buenas de la vida. El arte da la paz y la vitalidad a la mente humana y al alma. Para cultivar la mente, para los que el arte puede «hablar», debe darse a sí mismo, por encima del nivel del reino animal. Es dar libertad al espíritu del hombre, que es la verdadera alegría de la vida”.

( Diversas obras de Mariana Rozados) (*)

Sin embargo, en la segunda década del siglo XXI, el amplio acceso al arte provocado a partir de los años 70 del pasado siglo, por el auge de estilos vanguardistas – a los cuales muchos, procedentes de las más estrictas enseñanzas académicas, se dedicaban pero pocos podían vivir de la creatividad de los mismos – apareció en masa como forma indirecta de “modus vivendi”, el hecho de dar clases, a lo que otros más clásicos también se acogieron.

Ello supuso poner al alcance de todos, medios técnicos y de enseñanza de los conceptos básicos del arte (dibujo, composición, estructura, tratamiento del color, uso de pinceles, materiales escultóricos, etc.). Poco a poco, y por razones puramente crematísticas, se iba relajando la exigencia academicista, el esfuerzo y la capacidad real de creación, la aceptación de la crítica, hasta llegar al abandono de la autocrítica, lo cual repercute en la realidad actual: artistas faltos de base intelectual y formación humanística, específicamente centrados en la técnica y una temática apetecible.

TS Elliot, poeta, dramaturgo y crítico literario anglo-americano, publicó en su ensayo Notes Towards the Definiton of Culture (1948): “La ingenua idea de que a través de la educación, se puede transmitir la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyendo la “alta cultura”, pues la única manera de conseguir esa democratización universal de la cultura es empobreciéndola, volviéndola cada día más superficial”.

El insigne ensayista centra su disertación en el contexto global de las humanidades, por lo que por extensión, el arte queda perfectamente contenido en la anterior cita. Para Elliot, la “alta cultura” es la élite intelectual y de pensamiento, que en nada tiene que ver con un status económico o político.

Un artista que se precie, con preparación técnica, cultural, perfectamente informado, no debe temer a las críticas negativas, si estas se hacen con argumento suficiente. Debe poseer la “alta cultura” que indica Elliot, porque ello le permitirá ofrecer al público el máximo de su creatividad con humildad y el eterno deseo de aprender.

Personalmente, voy a seguir opinando, en positivo o negativo, de las imágenes que vea en las redes sociales, puesto que NO TODO VALE, a pesar del relativismo imperante. No voy pasar de largo. Dentro de un espíritu crítico, que aun reside en mi persona, voy a expresar mi parecer, subjetivo, sin duda, discutible, efectivamente, siempre dentro del respeto – aunque escasas son las ocasiones en que recibo por parte del artista un elevado nivel de debate – pero basado en la experiencia y en un buen hacer profesional, puesto que son muchas las exposiciones visitadas, cuantiosas las lecturas en diversidad de materias, y profusa la información de que dispongo.

Ello puede crearme problemas, seguro, pero dentro de mi derecho a la libertad de expresión, puedo opinar de lo que un artista hace público. Es difícil el mundo del arte pero si se es uno de los mejores, no ha de haber problema”.

Al final del artículo incluye la nota siguiente referida a las imágenes que acompañan el artículo, de las que solo hemos tomado aquí algunas –y alguna otra no la incluimos porque nos parece de cierto valor- :

“NOTA: Las imágenes que ilustran este artículo han sido extraídas de redes sociales, de la sección de imágenes de Google, así como de mi archivo personal, con lo que su nivel de exhibición es público, y consecuentemente, expuestas a opiniones de toda índole. En el caso de quien firma este artículo proporcionan el ejemplo de trabajos de perfil bajo, claramente mejorable y superable”.

En fin, difícil asunto este de qué sea lo valioso en el arte. Estoy de acuerdo con la autora en que no todo vale, aunque pueda apreciarlo alguien, no todo es subjetivo. Siempre digo que sobre arte –como sobre gustos, tomando prestado el refrán- hay mucho escrito, y hay que conocerlo. O al menos intentarlo, y reconocer que no sabemos lo suficiente, porque siempre hay más, mucho más.

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(*) Para ver laa fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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