Por Javier Pardo de Santayana

( Valladolid, Plaza Mayor. Acuarela de José María Arévalo. 70×50) (*)
Abro el periódico por la tercera página y veo el titular de un artículo que vale su precio en oro. Su título, que describe con maestría la evolución que está experimentando el mundo, se titula nada menos que “Degenerando”. Me acuerdo entonces de aquel otro que escribió un insigne académico español precisamente cuando empezamos con la actual deriva. Su significativo título – “la estupidez que no cesa” – trataba de sintetizar con expresión tan cierta como contundente la nueva situación que entonces afloraba en nuestros pagos. Eran los días en los que el gobierno negaba incluso la existencia de una crisis y propiciaba desde la cumbre del poder nuestras tendencias al suicidio alentando un relativismo moral que ya parece haber cuajado entre determinados españoles.
Mi vista se posa ahora en la segunda página. Dos noticias suscitan mi atención: se trata de dos titulares situados a la misma altura y cada uno de ellos a un lado distinto de la página, como dos centinelas. El de la derecha dice: “La Audiencia nacional permite los actos de homenaje al etarra Usabiaga” (recordarán ustedes los muchos más de novecientos muertos a manos de la ETA y aquellas jornadas de plomo caracterizadas por los asesinatos por la espalda, por las bombas lapa, los zulos y secuestros, los cientos de familias destrozadas, los miembros amputados y las vidas de niños truncadas para siempre). El otro de la izquierda nos comunica otra noticia: “El Tribunal Constitucional rechaza el recurso de amparo de Juana Rivas por estar fuera de plazo”. Supongo que el sagaz lector, ya buen conocedor del caso, sabrá apreciar tanto el contraste como la sorprendente diferencia entre ambos.
Otrosí. Reciente está la información de que en determinado lugar de Cataluña han decidido eliminar del callejero una larga lista de calles dedicadas a destacados artistas españoles. Por lo que se ve, el simple hecho de ser representantes de nuestra común cultura sería suficiente para generar rechazo entre los catalanes. Se ve que estos culturicidas de nuevo cuño hoy dominantes, encendidos de entusiasmo por su condición de revolucionarios independentistas, además de ser unos necios ignorantes, demuestran ser tan zafios que no siquiera pueden soportar que en nuestros tiempos de bachillerato la educación de la juventud incluyera la glorificación de nombres como los de Goya, Antonio Machado o Góngora. Claro que para estos impresentables políticos sectarios las calles españolas debieran mejor tomar ejemplo de las de Maputo (Mozambique), cuyos nombres ensalzan a personajes de tan feliz memoria como Mao-Tse-Tung o Lenin, por poner tan sólo un par de ejemplos. Como solía decir La Codorniz: “Tiemblen después de haber reído”…
Pero para demostrarnos la verdad que encierra el primero de los titulares evocados bastaría con leer lo de Valladolid. “Degeneración” decía, y si ahora lo traigo a colación es por tener que ver con mi lugar de origen, aquel donde nacieron mi padre y todos mis hermanos; aquel del que también fue alcalde un bisabuelo mío. Porque el actual, dando cierto testimonio del tremendo lío en el que anda metido el principal partido al que él ha unido sus destinos, ha demostrado su verdadera talla intelectual y humana saliendo al paso de lo que según él es una exageración de los medios a la hora de tratar la situación de Venezuela, que él considera una simple cuestión interna entre los ciudadanos del país. Ya la saben ustedes: un golpe de estado desde el poder que ha sido condenado por la ONU y está destinado a acomodar la constitución de su país a la conveniencia de un tirano, una inflación acongojante, una criminalidad que bate récords, más de cien manifestantes muertos en estas últimas semanas, una legión de políticos arbitrariamente encarcelados, y estanterías vacías de medicamentos y de alimentos esenciales. Por no hablar de los chanchullos denunciados por la empresa que se ocupó del recuento de los votos. Se ve que a este brillante edil no ha sido capaz de impresionarle ni la carencia de papel higiénico.
¿Qué les parece cómo está el cotarro? Pues aún habría que añadir a este retablo esa lumbrera de la oposición que, ante la natural pregunta sobre qué seria de Madrid a la hora de aplicar el concepto parido por su Jefe al definir a España – así, como quien no quería la cosa, o sea sobre la marcha y sin dale más vueltas – como “nación de naciones”, ha dicho para salir del paso, con tanta levedad como desfachatez, que, bueno, sí, que siendo Madrid uno de los componentes de ese misterioso “Estado plurinacional”, tendría sí, que ser de cierto modo alguna una cosa parecida.…
Todo esto, claro está, como tragando saliva para ver si se lo colaba al auditorio sin causar mayor estrago a su mentor. Es decir, degenerando.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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