No tengáis miedo (I)

Por Carlos de Bustamante

( A contraluz, en el Canal de Castilla. Acuarela de José María Arévalo) (*)

No por casualidad leía hoy –domingo- en el Evangelio de la Santa Misa la esencia de lo que creo viene a propósito del título expresado con el añadido entrecomillado que don Francisco Fernández Carvajal hace de él en sus libros de meditaciones para cada día del año: “Nos pide el Señor en el Evangelio de la Misa que vivamos sin miedo, como hijos de Dios. En ocasiones nos encontramos con gentes angustiadas y atemorizadas por las dificultades de la vida, por acontecimientos adversos y por obstáculos que se agrandan cuando solo se cuenta con las fuerzas humanas para salir adelante.

Con frecuencia vemos también a cristianos que parecen atenazados por un miedo vergonzoso para hablar claro de Dios, para decir que no a la mentira, para mostrar, cuando sea necesario, su condición de fieles discípulos de Cristo; se teme al qué dirán, al comentario desfavorable, a ir contracorriente, a llamar la atención… Y ¿cómo no va a llamar la atención un discípulo de Cristo en ambientes de costumbres paganizadas, en los que los valores económicos son a menudo los supremos valores?

Jesús nos dice que no nos preocupemos demasiado por la calumnia y la murmuración, si estas llegan. “No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse”. ¡Qué pena si más tarde se descubriera que tuvimos miedo de proclamar a los cuatro vientos la verdad que el Señor nos había confiado!: “Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados”. Si alguna vez callamos debe ser porque en ese momento lo oportuno es callar, por prudencia sobrenatural, por caridad; nunca por temor o por cobardía. No somos los cristianos amigos de la oscuridad y de los rincones, sino de la luz, de la claridad en la vida y en la palabra. Vivimos unos tiempos en los que se hace más necesario proclamar la verdad sin ambigüedades, porque la mentira y la confusión están perdiendo a muchas almas. La sana doctrina, las normas morales, la rectitud de conciencia en el ejercicio de la profesión o a la hora de vivir las exigencias del matrimonio, el sentido común… gozan algunas veces de menos prestigio, por absurdo que parezca, que una doctrina chocante y errada, a la que se califica de «valiente» o se la tiñe de un color de progreso”…

Antes de adentrarnos en otras consideraciones, importa muy mucho una primera advertencia, por si alguno me lee: quien esto escribe, no es cura ni fraile, ni monja; (¡vamos que yo sepa, porque en estos tiempos “¡páice que cualisquiera pué ser lóuno o lóutro”…!). Dicho lo cual, referente al sexo, rapidito ¡al grano!

Como no son muchos los programas de televisión que al menos rocen lo cultural, veo de vez en cuando uno con cierto atractivo: el que puede que se llame “Pasapalabra”. Un rosco de letras por las que comienza la palabra que responde a la pregunta que hace el presentador al supuesto culto concursante. Como el tiempo es limitado en minutos o segundos ganados en buena lid en pruebas anteriores, la rapidez mental, tranquila y sin nervios, es fundamental para completar el “rosco” con sólo aciertos o con menos fallos que otro contrincante que también ha ganado concursar en la millonaria en premio prueba final. ¿Y el grano…? Aguarden, por favor, que ahora: las pruebas anteriores –o al menos una de ellas- consiste en acertar paneles de palabras sin más pistas que las letras elegidas previamente por el concursante que considera como más probables que las contenga la palabra en cuestión. De ahí los minutos de que dispondrá para el rosco final. Los paneles suelen presentarse en pantalla sin florituras ni adornos… normalmente. El sábado sin embargo del presente mes -día24-VI- anterior al de la “fiesta -`importantísima´- del orgullo gay”, precedía a los paneles un pequeño logotipo con los colores, ¡muy famosos ahora!, del arco iris. ¿“A qué ton”, me preguntaba… tan `preciosísimo´ colorido. Con la proverbial locuacidad y rapidez en el verbo del presentador, esclareció mi duda: “¡Hoy celebramos en esta cadena el día del orgullo…. ¡gay!”. ¡¡Aaaah..!!

Pasó el programa y no sin cierta desazón vi luego el telediario. “En un lugar de la… piel de toro de cuyo nombre no quiero acordarme, se celebraría por todo lo alto la importantísima festividad del día del orgullo…gay. Se esperaban obtener pingües ganancias en bares, restaurantes y hoteles por la previsible asistencia de ¡¡tres millones de personas!!…gays, procedentes de todo el mundo: ¡Aaaaah!

La banderilla de fuego me la puso quien ante mis exclamaciones de “cabreo asombrado” (¿con perdón?) va y me dice: “ Es que tú estás muy anticuado…”. ¡¡Recojostre!!, me salió del alma. Pero `aguarden´ que aún hay más. Como a la vista de un espectáculo bo-chor-no-so, mi `eso´ (cabreo, con perdón) anticuado iba en aumento, va otro y me dice: “Ni se te ocurra despotricar escribiéndolo, que te conozco y no sin razón te tildarán de discriminatorio y homófobo.

Hube de sentenciar: “No hay discriminación ni homofobia cuando se intenta transgredir la ley natural”. Después de quedarme tan oreado, se me vino a la memoria lo que en boca de un tal San Pablo a los romanos es palabra de Dios y `páice´ por tanto, que dijo bien referido a la corrupción de los paganos de su época que bien hubiera podido ser la nuestra:

– Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos,

– ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén.

– Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza.

– Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío.

– Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe.

– Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones.

– Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres,

– insensatos, desleales, insensibles, despiadados.

– Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen.

Por imperativo de asunto tan actual, creo inevitable proseguir en un segundo artículo lo que, por no hacer éste excesivamente largo, pudiera cansar –si es que no lo está ya- al paciente lector. Tan farragoso es el tema que resultaría “demasieu para el body”. Así pues, nos vemos…


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4376/35535714024_7116bc8871_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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