De cómo conseguir titulares “low cost”

Por Javier Pardo de Santayana

( Incendio del Parlamento. Acuarela de Joseph Mallord William Turner) (*)

Hoy amanecemos con los montes de Galicia en llamas. Nos dicen que algunos incendios empezaron ya de noche y casi simultáneamente. Los titulares lo recogen: varios muertos de entrada y cientos y cientos de hectáreas arrasadas.

Parece asegurado que los causantes fueron los pirómanos pese a que se han tomado medidas oportunas para evitar el típico móvil económico, es decir, que pueda venderse la madera de los montes calcinados o sacar partido de la situación de cualquier otra manera. Sin embargo, no ha mucho se descubrió que un incendiario era miembro precisamente de la brigada apagafuegos, siendo su pretensión asegurarse la continuación de su contrato personal.

Mas no parece que esto explique todo. Se tiene el convencimiento de que hay pirómanos que sencillamente disfrutan contemplando un espectáculo del que ellos mismos fueron los autores, como pudiera disfrutar el director de escena de una ópera viendo la majestuosidad del escenario creado por él mismo: en este caso de la grandiosidad del monte en llamas, y – por qué no – también de la tragedia.

Lo cual hace reflexionar sobre la simplicidad del mal y su eficacia, patente en nuestros días en el contraste entre la inane personalidad de los ejecutores y la repercusión mediática y social que éstos consiguen. Pues en efecto, acostumbrados como estamos a contemplar los grandes espectáculos que hoy brinda la utilización de medios tecnológicos desconocidos hasta tan sólo hace unos años, no puede dejar de sorprendernos esta capacidad actual de remedarlos mediante los medios más baratos y más sencillos; más a ras de tierra. Compare usted, improbable lector mío, los espectaculares efectos obtenidos en los últimos incendios de Galicia con la ridiculez tanto de los autores como de los medios utilizados en su origen, que en esto coinciden con otros actos terroristas merecedores también de titulares en todas los rincones del planeta, pues denominador común de unos y otros es su sencillez y escaso coste: la posibilidad que ofrecen a cualquier loco o desalmado para sentirse importante y poderoso.

Todos tenemos la experiencia de los recientes atentados de repercusión mundial que, en contraste con otros anteriores que requirieron cierta preparación y el empleo de ciertos dineros por mucho que acudieran al truco del bricolaje – o sea a la utilización de medios del vecino – se perpetraron con recursos aún más elementales: recurriendo sin más a dirigir contra la gente un coche un día cualquiera en que la muchedumbre transita alegremente por una avenida frecuentada, o tal como ahora venimos viendo, saliendo por la noche a pasear al campo con un simple bidón de gasolina; pues esto basta para producir lo deseado, es decir. la movilización de las fuerzas del orden, la activación de medios y de personas preparadas que se juegan la vida por su causa, el terror brutal de las familias, la atención de los medios más sofisticados, la redacción de titulares, la discusión en las tertulias, y, naturalmente, la grandiosa espectacularidad de unas imágenes. “He aquí mi obra” se dirá orgulloso el delincuente. Y al hacer el recuento de los gastos constatará que le ha salido gratis.

De aquí mi intención de hacer que usted caiga en la cuenta de que vivimos un momento histórico en el que si para cualquier cosa de cierta importancia buscamos apoyo en la tecnología y contabilizamos el coste del esfuerzo requerido – sea éste organizativo o económico – con la mayor sencillez del mundo podemos crear una tragedia y un espectáculo grandioso por nosotros mismos, individualmente, sin gastar un ochavo y si queremos hasta de forma improvisada. Que así podemos cometer un acto terrorista o simplemente criminal por el gusto de sentirnos importantes y sin jugarnos demasiado el tipo, pues la simple sencillez del acto consumado hará difícil la localización del responsable.

Algo parecido hizo, según nos cuentan, Nerón en tiempos del Imperio, pero tocando el arpa, y no le pasó nada que yo sepa. Pero sea esto cierto o fruto de la maledicencia de sus adversarios. el hecho es que su fechoría – si ésta sucedió realmente – quedaría registrada en los anales de la Historia, mientras que en el caso de los pirómanos galaicos y, generalizando, ibéricos, éstos pueden salir indemnes de sus crímenes precisamente por su irrelevancia en un tiempo en el que, sin embargo, los medios tecnológicos permiten seguir las huellas de cualquier persona e incluso las pistas más enrevesadas del dinero.

Algunos, como siempre, echarán la culpa a las autoridades. Esto es lo clásico, la conocida cantinela que se repite entre los tontos útiles: que la culpa no la tienen tanto los pirómanos como el “porco governo” que no limpia suficientemente nuestros bosques. Pero la limpieza de los bosques es tarea recomendada para reducir la probabilidad de que se extiendan los incendios “naturales” en tiempos de calor y fuertes vientos. Mientras que si hablamos de los causados voluntariamente por el hombre ninguna limpieza resultaría suficiente; bastaría con que el incendiario encontrase cualquier cosa en la que el fuego prenda: cualquier grupo de matas, por ejemplo; algo imposible de evitar por mucho que se haya limpiado la naturaleza.

A no ser que los listillos piensen que lo que hay que hacer es cargarse nuestros montes y convertir a España en un desierto.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4477/37482711690_b79bc91837_o.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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