El camino del “seny” hacia el ridículo

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Caín en La Razón del pasado día 18) (*)

Mucho se ha escrito para describir la Superchapuza de los independentistas catalanes, y casi siempre con acierto. Sin ir más lejos, una espléndida colaboración de don José María Carrascal, al cual admiro desde que desde el Sahara tuve ocasión de leer diariamente los artículos de un hasta entonces para mí desconocido periodista que comentaba con extraordinario acierto desde Estados Unidos la situación de aquellos alejados territorios. Así se lo hice saber hace unos pocos meses en que tuve ocasión de saludarle. Mas me parece que aún puedo añadir un comentario significativo si no clave, que contribuya a comprender lo sucedido.

Aquí en España y en cualquier otra parte del mundo, nacionalismo suele equivaler a un independentismo que se perfila siempre como objetivo final de sus afanes; como un desideratum a largo plazo. En el caso del independentismo catalán, éste obtuvo su impulso sobre todo de la alta burguesía del dinero, o sea de personas que, naturalmente tenían la posibilidad de adquirir una aceptable formación intelectual. Recuerdo un hecho menor mas significativo. El maître del hotel catalán que albergaba un curso en Cataluña de jefes del Ejército se acercó un día a nuestra mesa y, como queriendo señalar que él era también hombre de paz y de orden, nos confesó en voz baja que votaba consistentemente al partido del señor Pujol. Acuérdense ustedes del famoso “seny”…

Pero el señor Pujol tenía un truco por demás evidente: utilizar su sobreentendido independentismo para asustar al resto de los españoles y alimentar sus pretensiones alardeando sutilmente de una pretendida superioridad. Y el truco le daría resultado, de tal forma que cuando nuestra nación quiso montar un sistema de gobierno homologable con el proyecto de una gran Europa de paz y de progreso, esta región conseguiría prebendas aparentemente incompatibles con la igualdad que se venía proclamando como condición imprescindible para una democracia “commme-il-faut”. Allí, en el grupo de cabeza de los más beneficiados, aparecería regularmente Cataluña.

Pues bien, de tal forma funcionaría el mecanismo urdido que cándidamente se dejaron en manos de partidos independentistas poderes clave de los que aquéllos abusarían impunemente. Y aún la cosa no pasaría de eso: de alimentar una amenaza a sabiendas de que nunca conseguirían alcanzar aquel quimérico objetivo por las vías democráticas contempladas por las leyes.

Mas bastó con que se produjera una brutal crisis económica para que una sociedad acostumbrada al bienestar y a los derechos generara movimientos populistas revolucionarios. Sí, revolucionarios, puesto que no se limitan a mostrarnos la indignación de sus mentores, sino que, como solución a los problemas planteados, proponen la destrucción de todo lo que con generosidad y esfuerzo se había conseguido: nada menos que una “Sociedad del “Bienestar” en libertad y razonablemente articulada. Una sociedad a la altura de lo que es España. Y lo harían empezando por la Constitución, para instaurar acto seguido un régimen de corte comunista “a la venezolana” como si esto pudiera ser admitido, no sólo por una mayoría de los españoles, sino por el conjunto de la Europa a la que pertenecemos.

Pues bien, ahora vean lo que quisiera hacerles ver a ustedes: la tentación “de los del tres por ciento” en el sentido de apoyar el independentismo poniéndose de acuerdo con la horda de los incendiarios de cajeros y contenedores no podía salir gratis a quienes tomaron la decisión de seguir adelante a tope quemando etapas para la ruptura. La decisión de aprovechar un momento bajo y difícil para España estableciendo un pacto entre ellos convertiría en tremenda chapuza los pasos que dieran en adelante en comandita más o menos avenida. Quienes tenían como objetivo prioritario cargarse la unidad de un gran país como es España convergerían a trancas y barrancas con quienes lo que pretendían era cargarse lisa y llanamente todo nuestro sistema democrático. Y como en casos como éste siempre acaban imponiendo su voluntad los más fanáticos, quienes presumían del “seny” y de la astucia serían manejados por los bestiales extremistas radicales, que incluso alardean de su voluntad de saltarse a la torera la legislación vigente. Y, naturalmente, el resultado sería una chapuza de categoría cósmica.

Figúrense ustedes: pensar que alguien pueda venir ahora – cuando aún estamos lidiando con el Brexit y tratamos de acentuar la firmeza de la Unión con iniciativas generadoras de intereses comunes – con la monserga de una revolución dentro de Europa en este siglo XXI cuyo signo nos habla de globalización universal, resulta tan descabellado y anacrónico que sólo imaginar que existe algún venado que intenta retrotraernos al pasado siglo de esta forma no puede hacer sino causar la carcajada aún más que una sarcástica e incrédula sorpresa.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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