Intolerable violencia de sexos

Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Thomas W. Schaller en twschaller. blogspot.com) (*)

Desde que parece haberse puesto de moda (mala moda) eso que dicen -y que no se denomina así- “violencia de género”, me ronda por los adentros la cuasi obsesión de réplica. Como descanso de la serie Antaño y hogaño, al fin decido iniciar acuerdos y desacuerdos con tal materia, delicada, difícil, que precisa valentía, claridad de ideas, buena información y dosis importantes de audacia, para acometer lo de la violencia de género, machista, o de diversas denominaciones que a mi modesto entender, no definen correctamente lo que estoy de acuerdo en anteponer “intolerable”.

Porque pueden ser origen de controversias las opiniones del autor, vaya por delante todo el respeto para quien discrepe, aunque la razón no estuviera de su parte.
Creo totalmente definidas en este mismo blog las diferencias entre sexo y género. Valgan, pues, las expresiones intolerable y violencia.

Salvo en el caso de guerra justa, que las ha habido, las hay, y si Dios no lo remedia las habrá, la violencia, digo, puede vencer, pero a veces (la mayoría), no convencer. Surge, pues, así, ésta y no pequeña duda: ¿puede ser en alguna ocasión necesaria la violencia? He dicho y reafirmo, que en casos de justicia, “sí”. Y nuevo interrogante: ¿puede ser en alguna ocasión necesaria la violencia de género? Por errónea expresión con claras intenciones segundas: ¡nunca! ¿Y violencia se sexos? : Según y cómo. No se me alarmen que especifico:

¿Pero qué me dice usted “hombre de Dios”, qué disparate es ése de “según y cómo”? ¿Acaso es justificable que hombre o mujer (diferentes en sexo, no en género) “zurre la badana” a quien es, sí, diferente en sexo? En estos términos el NO es tan absoluto y más que los anteriores. Pero…

¿Cómo se atreve usted, el mismo “hombre de Dios” a poner peros a lo que es claro como el agua clara? ¿No me dirá usted que está de acuerdo con el nefasto dicho en no pocos azulejos de antaño “que a la mujer y a la mula no hay palo mal dado”…? ¡Quítesustihombre! “que ni hablar del peluquín”; que eso es, por supuesto, intolerable. Me refiero a otro tipo diferente por completo como es el de “hacerse violencia”. Pues como no salga usted de este galimatías de palabras, es que ni idea por dónde van los tiros…. ¡Aguarden!

Si usted es diabético -por un suponer, oiga-, ¿acaso no le atrae el dulce o siente muchas veces un apetito voraz por alimentos prohibidos para su mal? No me responda, porque sin serlo, le puedo asegurar que sí. Y que para no caer en esa tentación que agravaría su mal, es preciso hacerse “violencia”. Violencia, pues, buena; o mejor: ¡Necesaria!

“Demos la vuelta a la tortilla”: supongamos que no siendo usted una “rara avis”, sino un ser absolutamente normal por naturaleza, sintiera suma atracción –la que todos normalmente nacemos con ella- , porque así está dispuesto por Quien nos hizo -e hizo, claro, bien- por el sexo diferente al suyo…¿No tendría que hacerse violencia para contener los impulsos hacia los que, por lo general o en exclusiva siente por las del sexo femenino, con el que todos (salvo muy rara excepción) hemos nacido? Supongamos que así dice y hace usted lo que, por normal, le pide el cuerpo. ¿No sería eso la ley de la selva donde entre animales impera la ley del más fuerte, puesto que actúan por el sólo instinto? Contra mi voluntad y en caso afirmativo, me vería obligado a definir esta incontinencia con el calificativo de “animales”.

Ahora no supongo; sencilla y lamentablemente constato: Si a ese instinto de atracción mutua y antropológica entre seres humanos de diferentes sexos, le añadimos la “sal y pimienta” de la provocación, ¿no es antropológico también que la mutua atracción se exacerbe? ¿No es violencia ése hacerse violencia por contener los impulsos sanos, e incluso buenos y ¡santos! cuando se sigue el camino reglamentario que para los cristianos es el matrimonio canónico, y para los que no lo sean el contrato matrimonial que establece en ambos la fidelidad “hasta que la muerte nos separe?”.

Vaya pues la primera consideración que, libre y “democráticamente”, me pete exponer: Si intolerable, sin atenuantes, es la brutal violencia de sexos, intolerable, pero con al menos atenuantes debiera de ser la violencia que, provocado según la constitución de cada ser humano tenga desde que nace; o le dicte la formación moral o ética recibida. Sin ningún miedo, pues, afirmo de intolerable la provocación “intersexos”. Intolerables por provocativas las vestimentas indecorosas e impropias para quienes aún no han arrinconado el pudor. Intolerables por provocativas las faltas de pudor en pasarelas con desfiles de modelos donde las más de las veces, ellas –sin excluir ellos, aunque de otro modo- “lucen” (es un decir) transparencias donde provocan e incitan a hacerse violencia, para contener tendencias por lo menos de “ver” o “mirar” (que no es lo mismo) lo que, antropológicamente hacia los en particular, o las en general de diferente sexo. Violencia más por lo que se entrevé, intuye, que por lo que se muestra… a medias.

Por antropológicamente normal, insisto, tales pasarelas hacen recordar tristemente los feriales de ganado, con perdón, donde se exhiben los mejores ejemplares como si de “modelos” se tratara. Permítanme pues que les diga que nunca el ser humano, varón o varona, cayó tan bajo en la provocación de mostrarse como objetos, o peor, animales de compra-venta, tanto mejor “cotizados” cuanta más violencia de esa especie provocan a los posibles compradores que por convicciones u otros motivos, “no quieren caer en ella”.

¡Que no, mis amigos y únicos probables lectores, que no disculpo la violencia de sexos, que debe ser castigada con el máximo rigor de las leyes vigentes! Digo solamente, que bien pudiera ser si no atenuante, sí pena compartida ésta forma de violencia por una real provocación que incita a la otra. Que digo, pues, que debiera ser si no intolerable, limitar al menos por incitar a lo máximo intolerable: la constante exhibición provocativa en el arte “séptimo”, en anuncios de detergentes, colonias, perfumes, deportes, vehículos, modelos, espectáculos, e incluso dibujos animados. No en vano y por ser evidente nos dijo el “santo de lo ordinario” referido a nuestros días: “¿Pureza? —preguntan. Y se sonríen. —Son los mismos que van al matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada. O también: “Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. Y esa cruzada es obra vuestra”. También pudiera venir al caso esta otra sentencia del mismo autor: “Aunque la carne se vista de seda… —Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia…, ¡de caridad! Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda”.

Para finalizar este artículo, dice también el mismo autor santo: “Una ola sucia y podrida —roja y verde— se empeña en sumergir la tierra, escupiendo su puerca saliva sobre la Cruz del Redentor… Y Él quiere que de nuestras almas salga otra oleada —blanca y poderosa, como la diestra del Señor—, que anegue, con su pureza, la podredumbre de todo materialismo y neutralice la corrupción, que ha inundado el Orbe: a eso vienen —y a más— los hijos de Dios”.

Pues eso. Que “a buen entendedor (por mal que me haya expresado) …


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4689/38526026475_f721fa34d8_o.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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