Dos hechos increíbles pero por lo visto ciertos

Por Javier Pardo de Santayana

( Isabel Barreto, navegante y descubridora) (*)

En dos días dos sorpresas. Se trata, sin embargo, de noticias no de actualidad sino ya registradas por la Historia y sin embargo no contadas en la escuela: una de ellas el hecho sorprendente de que muchos siglos antes de que los ejércitos incluyeran en sus filas a oficiales del sexo femenino ya hubo una mujer almirante en nuestra armada. La otra, el insólito hecho de que un modesto hombre de Lepe llegara a ser rey de Inglaterra aunque fuera tan sólo por un día. ¿No les extraña a ustedes que los españoles desconozcan estos hechos singulares siquiera como curiosidades de la Historia?

La mujer almirante se llamó Isabel Barreto, joven esposa de Álvaro de Mendaña, intrépido descubridor, entre otros territorios, de las islas Salomón y Marquesas. Y fue precisamente para viajar a las primeras cuando incluyó a un grupo de mujeres entre las cuales se encontró su propia esposa: Isabel Barreto era su nombre.

El caso es que don Álvaro falleció de malaria en el curso del viaje, y que haciendo uso de la facultad que le otorgó Felipe II en el sentido de poner en sus manos cualquier decisión respecto al nombramiento de los cargos, designaría a su esposa como gobernadora en tierra mientras que el mando de la escuadra recaería sobre Lorenzo, uno de los tres hermanos de ella que la acompañaban. Pero Lorenzo murió también pasados unos días, así que doña Isabel pasó a ser tanto “almirante de la flota” como “adelantada del mar Oceano”.

Dicen que doña Isabel, que se casó de nuevo y realizaría expediciones a Filipinas, Argentina y Méjico, fue mujer enérgica y resolutiva a la que nunca temblaría el pulso. Sus enemigos llegaron a tacharla de despótica: tanto que acabarían por forzar la anulación – esta vez ya a cargo del tercer Felipe – de la real cédula que hizo posible su acceso a tan exigentes responsabilidades.

Y yo me pregunto cómo es que ahora presumimos de modernos con esto de la igualdad entre los sexos como si fuera una novedad para nuestros cerriles compatriotas. Puesto que, como ustedes saben, éstos son aquéllos cuyo rey más admirado nunca fue un rey sino una soberana: Isabel I de Castilla, que según conviene recordar no sería la única de nuestra larga Historia.

La otra sorpresa se refiere al citado Juan de Lepe, hombre de humilde cuna y estatura aún más humilde, pero tan ocurrente y tan simpático que acabaría siendo bufón del rey de los ingleses. O sea, que los de su pueblo ya apuntaban maneras. Ocupaba entonces el trono Enrique VII, con el que don Juan jugaba a las cartas con frecuencia, pues también fue su amigo y confidente. Y lo normal era que el monarca, bastante “agarrado” según dicen, pusiera sobre la mesa tan solo unas monedas. Pero se ve que cierto día, cuando jugaba una partida a doble mano, se le calentó tanto la boca que se jugó el nombramiento simbólico de “rey” durante un día, como también las rentas producidas en ese tiempo por su reino.

Ni qué decir tiene que el inglés perdió el envite e hizo cuestión de honor el respetar punto por punto el resultado. Así tendría que aceptar el papelón de ser simbólicamente sustituido en su glorioso trono por un modesto enano onubense al que sus súbditos aplicaron el apodo de “pequeño Rey” supongo que con sorna. Y digo yo que quizás en eso se inspiraría “La Codorniz” en uno de su monos y el mote que se dio al Jefe de Estudios en mis lejanos tiempos de cadete.

Se dice que al fallecimiento del soberano inglés el año 1509 nuestro buen hombre regresó a su pueblo y allí vivió como un auténtico monarca. Supongo que además se jactaría de haber sido la única persona no perteneciente a la dinastía británica que llegó a ser Rey de los Ingleses, pues aun conociendo el éxito alcanzado por los chistes de leperos, ¿puede usted encontrar otro mejor que éste?

También se sabe que don Juan favoreció con sus recursos al convento de franciscanos de su pueblo, es decir, el de Nuestra Señora de La Bella, donde sería enterrado según rezaba el epitafio de una lápida ya desaparecida; datos que si hoy nos resultan conocidos, lo son gracias a los escritos redactados por un tal padre Francisco de Gonzaga en 1583.

Mas, con ser realmente sorprendente que un lepero llegara a convertirse en rey de los Ingleses o que ya a finales del siglo XVI una española alcanzara a ser adelantada del mar océano y almirante de una flota, lo más extraño y asombroso es que precisamente aquí en España nadie tenga la menor idea de que sucedieron estos hechos.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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