Una visión original de la tecnología y el futuro

Por Javier Pardo de Santayana

( Portada del libro “Una semana anticipando el futuro”) (*)

Voy con mi mujer de compras como siempre, y, no recuerdo por qué, entramos en la FNAC. Ella pregunta por un libro recién puesto a la venta porque piensa que me interesará, y la publicación tiene bastante buena pinta: el autor es un político español que en su día fue jefe de gobierno, y, además, al ojearlo veo que con el primer párrafo ya acierta al señalar como principal característica del tiempo que vivimos la complejidad creciente, es decir, lo que yo he pontificado repetidamente en mis en artículos y en mis conferencias. Así que la primera en la frente. También nos dice que hemos pasado de una época de cambios a un cambio de época, y que el motivo ha sido la cuarta revolución industrial que están transformando nuestras vidas: la de los cambios producidos por losa nuevos avances tecnológicos.

Pero no hablaré más del contenido de este libro, ya que aún lo tengo que leer a fondo y no quiero enredarme más de lo que estoy haciendo. Sólo me ocuparé de otro librito que curiosamente me regalan con la compra de éste. Su título – “Una semana anticipando el futuro” – me resulta engañoso por cuanto no responde a lo que parece referirse, esto es, a un trabajo puramente prospectivo, y ya se sabe cuántas mentes lo intentaron antes y cuántas veces sus autores fueron desmentidos por los hechos. Ahí tengo en mi abundante biblioteca “Los próximos cien años” de Freeman, y casi ni me atrevo a abrirlo para no llevarme como siempre un chasco.

En efecto, el libro que nos han regalado es otra cosa por cierto bien curiosa; que éste es el adjetivo que mejor le cuadra. Se trata de una publicación bastante breve que nos habla de este mundo posmoderno o como quiera que se llame, y lo hace en clave de humor como fingiendo una realidad que uno tenderá a creerse al abordarlo. Mas enseguida descubro que se refiere a una realidad fingida ya desde su presentación, cuando el autor se presenta como un viajero impenitente que conoce a media vanguardia tecnológica y se encuentra permanentemente estimulado por derivados del cannabis. Circunstancia que supongo corresponde al contenido mismo de un librito orientado a describir en clave de humor sofisticado un horizonte de progreso propicio a ser tratado en sus excesos.

Así que en beneficio de la concisión obligada por el medio en que me desenvuelvo tan sólo me referiré a un par de capítulos que me parecen significativos. En uno de ellos, titulado “El acelerador de partículas, el futuro del gin tonic y el lío del universo”, nuestro hombre se dirige a Ginebra, donde conversa con el supuesto Jefe de Proyectos de Tecnología Aplicada del conocido como el CERN. Este científico sería responsable de encontrar utilidad a los descubrimientos del prodigioso acelerador de partículas mediante el cual, según nos dicen, se confirmaría la existencia del bosón de Higgs, o sea de la llamada “partícula de Dios”. Motivo con el cual se nos informa, si por ventura llegamos a creérnoslo, que tanto como en el descubrimiento o la confirmación de hipótesis sobre las partículas que componen la materia, el interés de los estudios realizados se enmarca en la noción de serendipia, “palabro” referido a aquellas cosas que se encuentran al buscar otras cosas diferentes. Un terreno en el que el citado Jefe de Proyectos destaca en este caso el aprovechamiento del acelerador, en primer término para los usos militares y, secundariamente, para la utilidad civil que de éstos pudiera derivarse.

Mas lo mejor del caso es que el autor de este capítulo relata cómo lo que hasta ahora de verdad, de verdad, se ha conseguido, como fruto naturalmente de un descuido, ha sido la posibilidad de crear el “gin tonic” perfecto: es decir, aquél en el que al añadir el agua tónica no llegan a romperse las burbujas; un objetivo, dice, desde siempre codiciado por nuestra humanidad doliente, que no otra cosa es el futuro.

En cuanto al segundo tema que quiero señalarles es el titulado “La cuestión de los teléfonos móviles”, asunto abordado en un capítulo en el que se reconoce plenamente el papel cada vez más importante de ese artefacto tecnológico que ha llegado a servir para cualquier cosa imaginable de tal forma que ya le conocemos como “el móvil” más bien que como “teléfono”. Y no es preciso explicar que este fenómeno, ya poco menos que imparable, está causando tan fuerte dependencia de los hombres que bien podemos afirmar solemnemente que ”yo soy yo y mi móvil” o que “el móvil es parte de yo mismo”.

Pues bien, también aquí el autor del libro, trasladado en este caso a Silicon Valley con su “decimosegunda nieta”, toca una cuestión interesante relativa a la tecnología y el futuro al recoger la idea ya expresada en un supuesto precedente – una obra supuestamente titulada “El gran egoísta” – en el sentido de que el verdadero sujeto de la evolución no es propiamente el individuo, sino el ADN, que nos utiliza como si fuéramos su traje y no al contrario. Y se relata cómo en una excavación arqueológica se había extraído como “una pieza arcaica de singular belleza“ un Motorola Dyna Tac del año 83. Con lo cual el autor nos plantea descarnadamente la cuestión de si no ocurrirá que estos aparatos, que tanto y tan continuamente evolucionan, no acabarán por servirse de nosotros. Pues al fin y al cabo, ¿quiénes alimentan hoy las baterías que les permiten funcionar, sino nosotros mismos?

Así que el autor del librito se pregunta si en caso de una tragedia nuclear no serían los móviles quienes mejor se adaptarían a la nueva situación para sobrevivirnos. Téngase en cuenta que ya nos parasitan, y que, según dicen quienes más saben de este asunto, los seres que mejor sobrevivieron a las bombas atómicas fueron las cucarachas. Con lo cual nuestro amigo se plantea si, incluso, desaparecido el hombre en un posible conflicto nuclear, no intentaran sobrevivir a la tragedia nuestros móviles parasitando a otros seres diferentes; por ejemplo, a las ratas.

PS: La consideración final de mi presente artículo es que, aunque en sus elucubraciones aparentemente absurdas pudiera haberse ido de caña nuestro amigo, quizás aquéllas no fueran tan descabelladas como a primera vista nos parece cuando ya estamos hablando sin tapujos de la inteligencia artificial y de la posibilidad de que robots ocupen determinados puestos directivos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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